Los malos tienen su público, su tirón, su morbo. No hay más que repasar la lista de criminales abyectos que han recibido en la cárcel cartas de admiradores o incluso proposiciones de matrimonio. Ahí está el ejemplo de Juan José Garfia, que se llevó por delante a tres personas, se fugó unas cuantas veces y al final se terminó casando con una enfermera de la prisión. Andrea Camilleri contaba en su casa de Roma que apenas había escrito de la Mafia por eso mismo: “Tuve la oportunidad de conocer a dos o tres mafiosos y tenían la fascinación de la simpatía. No eran personas siniestras. Había que estar atento para no sentir atracción”. Estos ejemplos sirven de introducción a la pregunta: ¿se habrán enamorado los magistrados del Tribunal Supremo de Aldama?
Seguir leyendo
Fuente:
elpais.com



