Necesitamos tu ayuda para seguir informandoColabora con Nuevatribuna
Se conoce como Pacto del Majestic al que firmaron, una vez celebradas las elecciones generales de 1996, el Partido Popular y Convergència i Unió. Por el mismo, la coalición nacionalista catalana, en el poder en la Generalitat, y con 16 escaños en el Congreso de los Diputados, apoyó la investidura de José María Aznar para que pudiera ser elegido presidente del Gobierno.
Aznar consiguió los votos necesarios para su investidura el 4 de mayo de 1996, a cambio de dar más competencias a la Generalitat de Cataluña
Las elecciones generales del 3 de marzo de 1996 fueron convocadas por el presidente Felipe González cuando su Gobierno no pudo sacar adelante los presupuestos generales del Estado para 1996, ya que Convergència i Unió contribuyó con su voto a que se enmendase a la totalidad el proyecto de Ley de los presupuestos. Así pues, hubo un adelanto electoral porque faltaba más de un año para que se celebrasen elecciones, que deberían haber sido para el verano de 1997.
El PSOE perdió las elecciones, aunque por la mínima, ya que sacó el 37’63% de los votos, y 141 escaños. El vencedor fue el Partido Popular con 38’79% de los votos, y 156 escaños.
Estos resultados obligaban a Aznar a buscar acuerdos para la investidura, y consiguió los votos necesarios gracias al pacto que firmó con Jordi Pujol.
El nombre de este pacto se debe a que en la noche del 28 de abril de 1996 se celebró una cena oficial del mismo en el barcelonés Hotel Majestic, situado en el Paseo de Gracia.
Por dicho Pacto, Aznar, como decíamos, consiguió los votos necesarios para su investidura el 4 de mayo de 1996, a cambio de dar más competencias a la Generalitat de Cataluña. Además, el PP apoyó a CiU cuando en las elecciones autonómicas de 1999 la coalición nacionalista no consiguió mayoría absoluta. Por otro lado, Pujol consiguió que se apartara del poder del PP catalán a Alejo Vidal-Quadras, un deseo no escrito en el Pacto. Otra de las consecuencias fue que la legislatura sería estable y duraría hasta el año 2000, aunque con el paso del tiempo hubo un creciente distanciamiento entre los socios del pacto. En el año 2000 Aznar consiguió su anhelada mayoría absoluta, aunque luego el PP la perdiera y las elecciones también en 2004.
Llegar al Pacto requirió un proceso de casi dos meses. Unos días después de las elecciones Aznar se reunió con Duran i Lleida en Madrid, mientras Pujol lo hacía con el presidente González, al poco tiempo, en la Moncloa, una visita de cálculo político porque quería saber la reacción socialista ante el pacto que se iba a negociar entre las dos derechas, la española y la catalana. Aznar y Pujol hicieron lo propio el 17 marzo, por vez primera. El primer acuerdo entre el PP y CiU llegaría para formar las mesas del Congreso y del Senado el día 20 de marzo. Terminando el mes se volverían a reunir Aznar y Pujol. La primera concesión del PP a Cataluña sería ceder el 30% del IRPF a las autonomías. Eso ocurría el 10 de abril. Pues bien, cinco días después, los populares aceptaron traspasar las competencias de tráfico a la Generalitat. Para avanzar en las negociaciones los dos grandes líderes se reunieron de nuevo en Madrid el 20 de abril. Sería ya la tercera cita al más alto nivel. Unos días después, las comisiones negociadoras de ambas partes anunciaron un acuerdo final después de una exhaustiva reunión en Barcelona. El acuerdo final llegaría el 28 de abril cuando CDC y Unió ratificaron el acuerdo por parte catalana, así como la comisión permanente del PP. Esa noche, en el emblemático hotel del centro de la capital catalana, Aznar y Pujol oficializan el acuerdo. Allí estuvieron, Duran i Lleida, Sánchez Llibre y Alavedra, así como Rajoy y Rato, testigos y protagonistas del hecho.
La Generalitat se hacía con las competencias en materia de Tráfico, que pasaron de la Guardia Civil a los Mossos d’Esquadra, así como con la gestión del INEM y las políticas relativas al empleo
Terminamos la pieza con el repaso de los acuerdos firmados. En primer lugar, se hacía una declaración sobre la modernización del Estado y de sus instituciones. Debía desarrollarse y consolidarse el Estado de las Autonomías con un nuevo sistema de financiación autonómica, con finalización de los traspasos. Se pretendía apoyar a la economía productiva y mejorar las prestaciones del Estado del Bienestar, pero con una política presupuestaria que fuera reduciendo el déficit público, y aplicando también medidas de austeridad, eficacia y trasparencia de los recursos públicos. El Estado, como hemos señalado, debía ceder el 30% del IRPF a las autonomías, ya que hasta el momento era solamente del 15%. Se aprobaba la corresponsabilidad fiscal, y se reconocía la capacidad normativa sobre los impuestos cedidos a las autonomías. Era necesario trabajar por la solidaridad entre “regiones y nacionalidades”. En materia fiscal, por fin, se aprobó la aplicación del tipo reducido de IVA del 7% en los peajes de las autopistas.
El pacto traería la toma de una decisión de hondo calado histórico porque se suprimieron los gobernadores civiles, la pieza clave de la administración territorial del Estado desde el siglo XIX, apareciendo, en su sustitución los subdelegados provinciales del Gobierno. En esta materia de administración fue importante el desarrollo del modelo policial catalán. La Generalitat se hacía con las competencias en materia de Tráfico, que pasaron de la Guardia Civil a los Mossos d’Esquadra, así como con la gestión del INEM y las políticas relativas al empleo. La Generalitat, además, tendría derecho a participar en el diseño de las políticas sobre formación profesional. El Estado traspasaría los centros y servicios correspondientes a las prestaciones sanitarias y servicios sociales del Instituto Social de la Marina.
Habría que reformar la ley de puertos para transferir los de interés general a las autonomías, que pasarían a ser competentes en la designación de las autoridades de los mismos. En este ámbito se aprobó la libertad tarifaria para cada puerto. La ley de costas también debía ser reformada para permitir una mayor participación de las autonomías en el ejercicio de sus competencias de protección del medio ambiente y de la ordenación del territorio y el litoral. Otra reforma pactada fue la de la ley del suelo con flexibilidad para las particularidades de cada autonomía.
Las autonomías debían tener presencia en la toma de decisiones de la Unión Europea y en las delegaciones españolas en las distintas instituciones y organismos comunitarios.
Por fin, se suprimiría el servicio militar obligatorio.
Seguramente, una de las frases más mediáticas relacionadas con este pacto fue la que pronunció Aznar cuando elogió el idioma catalán al considerar que era una de las “expresiones más bellas que existe, yo lo hablo en la intimidad”.
Fuente:
www.nuevatribuna.es



