En estos días de calor extremo, nadie diría que las altas temperaturas le importan un bledo, porque más bien es todo lo contrario. Aunque a la que sí que le da igual la calorina es al propio bledo, ya que a esta discreta planta parece no afectarle demasiado que las aceras parezcan capaces de fundir la suela de los zapatos. Por la palabra bledo se definen distintas herbáceas del género Amaranthus, un grupo de algo más de una centena de especies, distribuidas por América, Europa, África, Asia y Australia. Como señal de su poco valor para el ser humano, su apelativo siempre se ha asociado a lo inútil, a lo insignificante; de ahí la frase de “importar un bledo”, sinónimo de no interesar nada de nada.
Los amarantos se caracterizan por tener unas inflorescencias arracimadas formadas por una miríada de florecillas apelotonadas, que los botánicos llaman espicastro. El nombre del género es el que da nombre a la familia, amarantáceas, en la que se encuentran plantas muy utilizadas y de capital importancia, como la quinoa o quinua (Chenopodium quinoa), de origen sudamericano. De aquellas tierras también proviene el bledo al que se refieren estas líneas, un amaranto que crece postrado y que por ello se denomina bledo rastrero (Amaranthus deflexus).
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Sus ancestros germinaban felices en los suelos chilenos, bolivianos, argentinos y uruguayos, pero después de unos cuantos siglos, el bledo rastrero también está extendido por gran parte de Europa, tal es su éxito reproductivo. Según la magna obra Flora Iberica, no existe una sola provincia española que se vea libre de sus espicastros de tonos verdosos y achocolatados. Y es que esta parte de su anatomía es lo más llamativo de una hierba que ya se ha tildado aquí de discreta, aunque habrá personas que la vean incluso anodina. “Bueno”, pensará ella, “a mí me da igual cómo me llamen, la vida me ha tratado bien como especie”, debido a la increíble tenacidad para hacer frente a situaciones comprometidas que matarían a otras plantas.
La más evidente estos días es la de ver la planta en floración con días de calor extremo en las aceras de la ciudad, comprometidas por los pisoteos de los viandantes y por los orines de los canes. Pero este último punto no le disgusta, porque es una planta amante de los suelos nitrogenados, que permiten al bledo rastrero engendrar una buena masa de tallos y hojas.

Esas hojas tienen una forma algo triangular, otras veces más bien romboidal, con un verde intenso en el haz mientras que el envés presenta una fina cobertura vellosa que le confiere un matiz glauco, plateado. Estas estructuras se asientan a su vez sobre tallos que se colorean en tonos rojizos o rosados. Sus inflorescencias brotan desde primavera hasta el otoño en la punta de cada tallo, después de lo cual la planta alumbra nuevas ramillas laterales que también acabarán floreciendo. Las semillas, minúsculas, son negras y con un brillo resplandeciente, y todo lo que tienen de diminutas lo compensan con su resistencia, porque pueden permanecer viables docenas de años en el terreno a la espera del momento propicio para germinar. Otra de las características de esta especie es la variabilidad de su anatomía, que depende de las condiciones en las que crezca y de su genética.

Dentro de la perfecta adaptación del bledo rastrero al entorno, se suma a sus fortalezas la tolerancia a la sequía, factor que está favorecido por su metabolismo, que le permite optimizar la cantidad de agua que absorbe de manera muy eficiente, si se compara con otras hierbas urbanas anuales de su alrededor, agostadas y muertas desde hace tiempo.
Asimismo, su anatomía postrada contribuye a que su propio cuerpo sombree la zona en que se asientan sus raíces, disminuyendo la temperatura que han de soportar bajo tierra. Algunos de sus lugares preferidos para crecer son aquellas grietas de las calles en las que hay algo más de humedad, así como los alcorques, lugares en los que incluso puede ser la hierba dominante en este momento del año. Pero esta amarantácea no solo crece en las aceras, sino también en casi cualquier parque, siempre y cuando le azote el sol de lleno, posición en la que más disfruta de los días. No todo han de ser rosas en el jardín, y aquí está el bledo rastrero para demostrarlo.
Fuente:
elpais.com



