Reino Unido transita un período de reconstitución política profundo. La práctica totalidad de las encuestadoras coinciden en que, de llevarse a cabo unas elecciones generales, la extrema derecha de Reform UK, liderada por Nigel Farage, sería la fuerza más votada y la que más representación obtendría en el parlamento.
En paralelo, el auge del Partido Verde británico, a costa parcialmente de los laboristas, le coloca como segunda fuerza en varios trabajos demoscópicos. Sin ir más lejos, una encuesta de Find Out Now publicada a inicios de abril situaba a los tories como la tercera fuerza política con un 17% y al Labour Party del primer ministro Keir Starmer en cuarta posición con un 16% de los sufragios.
Por delante, el Partido Verde, liderado por Zack Polanski, con un 20%, y Reform UK, por encima ya del 25%. Este crecimiento de los Verdes no parece responder a un fenómeno coyuntural, sino más bien a una transformación de fondo en el comportamiento del electorado no conservador.
Tradicionalmente canalizado por el laborismo, dicho electorado –compuesto por votantes progresistas, ecologistas y de izquierdas– ha comenzado a desplazarse hacia opciones percibidas como más coherentes ideológicamente.
En este sentido, el Partido Verde ha logrado capitalizar el desencanto generado por la deriva del gobierno de Starmer, configurándose como un receptor privilegiado de ese malestar político. Los escándalos que han rodeado al primer ministro y a varias figuras de su gobierno contribuyen sin duda a esta dinámica.
El Partido Verde británico gira a la izquierda
La salida forzosa del sector de Jeremy Corbyn del laborismo consolidó la unidad interna en torno al giro derechista en el partido, pero a costa de complicar enormemente a los labs la disputa por el voto progresista y de izquierdas. La emergencia de Your Party, impulsado por el propio Corbyn, introdujo un elemento adicional en la ecuación.
Sin embargo, esta formación aún se encuentra en proceso de consolidación organizativa, y las estimaciones apuntan a que podría haber llegado tarde al desgaste laborista y que serían los Verdes quienes van a capitalizarlo.
Una eventual suma de apoyos entre los Verdes y el espacio de Corbyn podría situar a la izquierda no laborista en torno al 25% de intención de voto, disputando la primera posición a la extrema derecha.
La victoria de Zack Polanski en su empeño por liderar al Partido Verde, obtenida con más del 80% de los sufragios internos, no solo supuso un cambio de liderazgo en la formación, sino un viraje político e ideológico. Históricamente, los Verdes británicos habían hecho equilibrios entre su ala institucionalista y su ala social y de izquierdas. La elección de Polanski pareció confirmar que esta segunda “alma” se ha hecho con el control del Green Party.
La evolución de las organizaciones sociales –en torno a la crisis climática, la defensa del derecho a la vivienda, el movimiento pro-Palestina, etcétera–, la decepción acumulada frente a experiencias de corte socioliberal representadas por el Partido Laborista y la expulsión de la izquierda de esta formación han alimentado la búsqueda de alternativas dentro del espectro progresista.


Desde que Polanski está al frente del Green Party, el partido ha manifestado una agenda cercana a la de la izquierda de Jeremy Corbyn en asuntos como la gratuidad del transporte, el derecho al acceso a la vivienda o los derechos laborales.
A su vez, se ha mostrado abiertamente favorable a la causa palestina y ha planteado la viabilidad de expulsar a las tropas estadounidenses de las bases militares británicas y de crear una «alternativa a la OTAN». Evidentemente, el partido ha conservado su tradicional agenda ecologista, si bien la ha dotado de un mayor componente de clase.
El auge de la extrema derecha de Nigel Farage también está impulsando a los Verdes. De igual forma a lo observado en otros países europeos, el crecimiento de la derecha radical británica ha ido acompañado de un desgaste del centro-izquierda en favor de opciones críticas que plantean una oposición frontal a esa misma extrema derecha.
En este contexto, la figura de Polanski emerge como catalizador. Su liderazgo no solo ha reforzado el perfil ideológico del partido, sino que también ha ampliado sus ambiciones electorales.
La victoria en la circunscripción de Gordon and Denton –donde la candidata verde, Hannah Spencer, logró casi un 41% de los votos, triplicando sus resultados previos y superando ampliamente al laborismo– supuso el primer gran hito electoral del Partido Verde de Reino Unido en esta nueva etapa.
Las elecciones del 7 de mayo
El 7 de mayo se celebrarán unas elecciones locales en Reino Unido. Serán los comicios más grandes desde las generales de 2024, e irán acompañados de las elecciones a los parlamentos de Escocia y Gales. Habrá miles de escaños en 136 consejos locales en disputa a lo largo y ancho de Inglaterra y se elegirán alcaldes en diversos municipios.
Núcleos urbanos como Watford, Newham, Croydon o Lewisham eligen a sus nuevos mayors. Aunque son unas elecciones de carácter “parcial”, ofrecerán una cierta lectura nacional, especialmente en lo que respecta a la disputa entre el Labour Party y el Partido Verde británico.
Los sondeos anticipan un posible colapso electoral del laborismo, que podría descender por debajo del 20% en múltiples territorios y perder una proporción significativa de sus cargos institucionales.
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Evidentemente, esto favorecería las expectativas electorales de los Verdes. A su vez, un desenlace de estas características no solo tendría implicaciones electorales inmediatas, sino que podría profundizar la crisis interna del laborismo y del gobierno de Starmer.
En el caso de Zack Polanski, el objetivo el 7 de mayo es demostrar que su ascenso no responde únicamente a tendencias demoscópicas, y que no se circunscribe a “sustos” como el de Gordon and Denton, sino que puede traducirse en resultados concretos en las urnas de forma sostenida y, quizá más relevante, que es su Green Party quien puede poner en jaque la victoria de Reform UK en las lejanas elecciones generales.
Si las tendencias demoscópicas se confirman, Reino Unido podría estar asistiendo a la emergencia de una nueva arquitectura política en torno a Reform UK, que ocuparía el espacio de los tories, y en torno al Green Party, que desplazaría al laborismo. En Escocia y Gales esta dinámica se complementaría con la fuerza que tendrían partidos como el Scottish National Party o el galés Plaid Cymru.
Fuente:
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