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El año perdido de Friedrich Merz

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Redacción — La actualidad pone nuevamente atención en este caso.

Quizá lo ocurrido en el Bundestag (cámara baja del Parlamento) hace un año, el 6 de mayo del 2025, cuando el democristiano Friedrich Merz se convirtió en canciller de Alemania, tuvo algo de premonitorio. El vencedor de los comicios fue elegido canciller en segunda votación tras no reunir suficiente número de votos de los diputados en la primera votación, un hecho inédito en la historia de la República Federal. Nacía así, visiblemente debilitado, su liderazgo como jefe de un Gobierno de coalición de conservadores y socialdemócratas que desde entonces anda a menudo a la greña.

Solo un año después, este Gobierno es ya menos popular que el tripartito del anterior canciller socialdemócrata Olaf Scholz en su fase final. Detestada, dividida y sin que su prometido plan de reformas acabe de concretarse, la coalición se desploma en los sondeos, algo que los analistas atribuyen en gran parte al propio Merz.

Para mayor humillación, hace meses que el partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD) lidera en intención de voto, al capitalizar un descontento que nutre sus filas de simpatizantes.

Las broncas internas en el Gobierno de coalición de conservadores y socialdemócratas ya recuerdan a las del tripartito del canciller Scholz

Según una encuesta del instituto Forsa para las televisiones privadas RTL y ntv desvelada el pasado martes, el 27% de los alemanes respalda a la AfD, frente al 22% que apoya al bloque conservador CDU/CSU de Merz, y al 12% que respalda al socialdemócrata SPD. 

La misma encuesta revela que, a la pregunta “¿Está usted satisfecho con la gestión del canciller Friedrich Merz hasta el momento?”, el 83% replicó que no, frente a un magro 15% que respondió sí. Otra encuesta del instituto INSA, también del martes, le sitúa en el vigésimo y último puesto en popularidad entre las figuras políticas, un ránking encabezado por el ministro de Defensa, el socialdemócrata Boris Pistorius, en el que la colíder de la AfD, Alice Weidel, ocupa el octavo lugar.

Este desplome de popularidad de Merz –que por otra parte nunca fue elevada– es una grave señal de alarma para su Gobierno de coalición, formado a regañadientes tras las elecciones de febrero del 2025. Desde entonces, conservadores y socialdemócratas han protagonizado enfrentamientos públicos por distintos temas, desde una posible obligatoriedad del servicio militar a las reformas sobre pensiones, prestaciones sociales o reajuste sanitario.

Al calor del descontento con el Gobierno de coalición del canciller Merz prospera el partido ultraderechista AfD, líder en los sondeos de intención de voto 

“Este gobierno asumió el cargo hace un año, y se suponía que iba a ser completamente diferente y mucho mejor que la coalición anterior, pero lo que los ciudadanos experimentan desde entonces es que esta promesa, en esencia, no se está cumpliendo”, diagnostica Volker Kronenberg, politólogo de la Universidad de Bonn.

Cuando la coalición llegó al poder prometió además una menor conflictividad interna que el tripartito de SPD, verdes y liberales de Scholz, pero no ha sido así. Esta semana, la revista Der Spiegel ha informado sobre coléricas discusiones entre Merz y el vicecanciller y ministro de Finanzas, el socialdemócrata Lars Klingbeil. El canciller se irrita con facilidad, lo cual dificulta las negociaciones complejas. 

También esta semana, en un vídeo en el diario Bild se escucha al influyente diputado democristiano Christian von Stetten afirmar que la coalición “sin duda no durará cuatro años”, el período completo de una legislatura.

“Friedrich Merz llegó al poder con muchas promesas, y lo que estamos presenciando es bastante dramático –prosigue el politólogo Kronenberg–. Se suponía que sería el otoño de las reformas, el invierno de las reformas, luego la primavera…, pero eso aún no ha llegado. Ahora se está haciendo evidente, y les urge poner las cosas en marcha antes del verano”. La convicción es que Merz ha dilapidado un año cuando Alemania más necesita un impulso.

El ministro de Finanzas, el socialdemócrata Lars Klingbeil, y el canciller conservador, Friedrich Merz, en Berlín el 29 de abril CLEMENS BILAN / EFE

En efecto, trifulcas aparte, persigue a Merz la realidad de no haber aplicado aún medidas capaces de reactivar una economía estancada desde hace más de tres años y cuyo pronóstico de crecimiento acaba de ser revisado a la baja debido a la crisis energética provocada por la guerra en Irán. El Ejecutivo prevé un parco crecimiento del 0,5% este año frente al 1% que pronosticó a finales de enero.

El empresariado está que trina. Una encuesta del instituto de investigación económica IFO a más de 6.300 empresas otorga al Gobierno una calificación promedio de 4,2. “Actualmente, las empresas apenas perciben avances en cuestiones clave de política económica; la evaluación es, por consiguiente, negativa”, afirma Klaus Wohlrabe, director de encuestas del IFO. En la ciudadanía, cuyo pálpito se ve en los sondeos, cunde el descontento ante la lenta respuesta del Gobierno al aumento de precios por la guerra en Irán.

Nuevos frentes para Merz

Hacia el verano con la presión del presupuesto

Mientras se abren para el Gobierno germano nuevos frentes que atender, como el anuncio de Trump de que retirará 5.000 soldados estadounidenses de sus bases en Alemania, Merz afronta bajo enorme presión una etapa crucial de la política nacional de aquí al verano, centrada en el presupuesto del 2027. El proyecto de ley, presentado esta semana por el ministro de Finanzas Klingbeil, prevé un nuevo endeudamiento de 110.800 millones de euros, aparte de más deuda para financiar tanto 58.200 millones en fondos de inversión especiales como 27.500 millones en defensa. La coalición solo acordó cifras generales, por lo que se avecinan debates internos, potencialmente explosivos, sobre los detalles del presupuesto. Klingbeil también está fijando los objetivos de ahorro: unos 4.000 millones de euros anuales en todos los Ministerios. “Por supuesto, la política también se ve influenciada por el estado de ánimo general de la población, y este estado de ánimo ahora es complejo y multifacético”, señala el politólogo Kronenberg. “La impopularidad del Gobierno y del canciller, así como la falta de confianza, son factores clave; desde esta perspectiva, la situación es dramática”.

María-Paz López Rodríguez

Corresponsal en Alemania, Centroeuropa y países nórdicos desde 2014. Antes en Italia y Vaticano (2003-2009). Especialista en religión. Licenciada en Comunicación (UAB) y máster en Periodismo (beca Fulbright) en Columbia


Fuente:

www.lavanguardia.com

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