Druzhba, el oleoducto de la hostilidad

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A una treintena de kilómetros al sur de Budapest, junto a la localidad de Százhalombatta, una refinería crucial para la economía húngara ha continuado recibiendo petróleo ruso a través del oleoducto Druzhba hasta el pasado 27 de enero. Pese al estallido de la guerra rusa a gran escala contra Ucrania en el 2022, el crudo ruso siguió fluyendo gracias a una doble exención externa alcanzada por el primer ministro ultranacionalista, Viktor Orbán.

La UE aceptó a regañadientes esta excepcionalidad para intentar atajar nuevos vetos de Orbán a asuntos comunitarios de calado, mientras que Donald Trump concedió graciosamente su autorización a quien considera su mejor aliado en Europa.

El primer ministro ultranacionalista va a las urnas el domingo debilitado en sondeos y pugna por remontar

Pero todo cambió el 27 de enero, cuando un ataque ruso con drones contra la estación de bombeo de Brody, en el oeste de Ucrania, inutilizó ese tramo de la infraestructura, con lo que el preciado hidrocarburo dejó de fluir por el ramal sur del oleoducto hacia Hungría. 

Está asimismo afectada por el corte de suministro la vecina Eslovaquia, donde gobierna el también trumpista Robert Fico, quien comparte con Orbán simpatías y vínculos con el Kremlin. Orbán acusa al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, de no reparar adrede la estación dañada para crear un “bloqueo de petróleo” y perjudicarle, cosa que Kyiv niega.

Viktor Orbán, quien tras cuatro mandatos consecutivos afronta en las elecciones del próximo domingo el riesgo palpable de ser desalojado del poder, ha convertido la seguridad energética vinculada a la hostilidad hacia Ucrania en un elemento clave de su campaña electoral.

Fragilizado en los sondeos frente a su contrincante de centroderecha, Péter Magyar, el primer ministro anunció semanas atrás que, mientras no se reanude el suministro, mantendrá el veto en Bruselas al préstamo de 90.000 millones de euros a Ucrania aprobado por UE el pasado diciembre, sin el cual el país va camino de la bancarrota.

Orbán espera que este discurso resuene en el electorado, pues los húngaros llevan años soportando el peso de la inflación. “Para Hungría, los precios de la energía desempeñan un papel fundamental en la dinámica inflacionaria; los costes del combustible afectan no solo al transporte, sino también a la logística, la agricultura y la producción industrial”, señala Katarína Sárvári, especialista en energía del Mathias Corvinus Collegium (MCC) de Budapest, quien se circunscribe al análisis económico del impacto del corte del Druzhba.

“Cuando los precios del petróleo suben bruscamente, los efectos se extienden rápidamente a toda la economía –prosigue Sárvári–. El consumo de los hogares también está muy expuesto a las fluctuaciones de los precios del combustible, por lo que el aumento de los precios de la gasolina y el diésel puede traducirse rápidamente en un mayor coste de la vida, lo que genera presión política y social para la intervención del gobierno”. 

Cartel del Gobierno de Orbán desplegado en febrero del 2026 en Budapest, que presenta a Zelenksi como un pedigüeño avalado por Bruselas ATTILA KISBENEDEK / AFP

En efecto, el Gobierno de Orbán echó mano de reservas estratégicas y topó ya en marzo los precios del combustible para intentar controlar la situación. Pero la súbita aparición de una guerra en Irán lanzada por Trump, con la consecuente subida global de costes del crudo, ha impactado aún más en Hungría y en la campaña electoral.

Se estima que entre el 87% y el 92% de las importaciones de petróleo de Hungría provienen de fuente rusa, y que la inmensa mayoría han llegado a través del Druzhba. El oleoducto Druzhba –amistad, en ruso- se construyó entre 1960 y 1964 para enviar crudo a los países amigos, y se fue ampliando hasta tener dos ramales: el del norte vía Bielorrusia hacia Polonia y Alemania, y el del sur vía Ucrania con bifurcaciones hacia Hungría y hacia Eslovaquia y República Checa. Tras el ataque a Ucrania del 2022, Alemania y Polonia abandonaron esa conexión, y la República Checa cortó toda dependencia a finales del 2025.

El sector de refinerías húngaro está dominado por el grupo MOL, que opera la gran refinería de Százhalombatta, además de otra en Eslovaquia, cerca de Bratislava. Estas refinerías fueron diseñadas y optimizadas durante décadas para procesar la composición química específica del petróleo de los Urales.

“La tecnología moderna de refinación permite cierta flexibilidad en el procesamiento de diferentes tipos de crudo, pero cambiar de materia prima no sale gratis, hay que hacer ajustes operativos –explica la especialista Katarína Sárvári–. En la práctica, esto significa que, aunque las refinerías de MOL son técnicamente capaces de operar sin crudo ruso, hacerlo podría implicar menos eficiencia y menor rentabilidad”.

Cuando el suministro de crudo ruso vía Druzhba cesó, Hungría recurrió a incrementar el uso del oleoducto Adria, que transporta petróleo llegado por vía marítima al puerto croata Omišalj hasta refinerías húngaras y eslovacas. Está por ver si, en caso de cambio de gobierno en este país tras las elecciones, el oleoducto Adria adquirirá mayor protagonismo.

María-Paz López Rodríguez

Corresponsal en Alemania, Centroeuropa y países nórdicos desde 2014. Antes en Italia y Vaticano (2003-2009). Especialista en religión. Licenciada en Comunicación (UAB) y máster en Periodismo (beca Fulbright) en Columbia


Fuente:

www.lavanguardia.com

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