Imaginen esto: los acordes de Coqueta, el megahit de Grupo Frontera y Fuerza Regida que colonizó todas las bodas, barbacoas y fiestas quinceañeras del año pasado, cantados con la voz dulce y ligeramente nasal de Ikuyo Kita, la vocalista de Kessoku Band, banda ficticia del anime japonés Bocchi the Rock! El sombrero norteño y las orejas de gato kawaii en el mismo plano. Alguien lo hizo en TikTok, el algoritmo lo multiplicó y el canal oficial de Grupo Frontera acabó comentando el vídeo sorprendido. Bienvenidos a los corridos oniichan, el fenómeno musical más improbable y, si uno lo piensa bien, más lógico de los últimos años.
Oniichan significa “hermano mayor” en japonés. Es uno de esos términos que cualquier espectador casual de anime ha escuchado mil veces. Los internautas la adoptaron para bautizar esta tendencia que mezcla dos universos pop que no deberían tener nada en común: el regional mexicano con sus corridos de trap y polvo de camino, y la estética kawaii con sus protagonistas de pelo rosa y ojos como platos. El choque, en lugar de producir un cortocircuito, genera una corriente eléctrica nueva.
Técnicamente son covers generados con inteligencia artificial que clonan la voz de Ikuyo Kita para que cante éxitos del regional mexicano sobre el instrumental original. La misma tecnología que ha permitido recrear artistas fallecidos o construir dúos imposibles, aplicada aquí sin ninguna pretensión artística elevada.
El nombre detrás del fenómeno es Sarani Randamu, creador mexicano que opera en TikTok como samm_.br. Su canal acumula más de 40 canciones reinterpretadas, 4,5 millones de likes en TikTok, y su versión de Coqueta supera el millón y medio de reproducciones en YouTube. En Spotify, una playlist llamada Corridos onicha, con más de dos horas de música en clave anime, la tienen guardada 44.000 personas.
El salto definitivo de meme a industria lo ilustra Gottimusic, artista urbano emergente que ha convertido la estética oniichan en música propia. Su canción Bocchi Coqueta no es un cover de IA, sino un tema original que habita ese cruce cultural, y a principios de 2026 acumulaba más de 200.000 oyentes mensuales en Spotify. Es el momento en que una broma de internet deja de serlo y empieza a generar carreras reales.
Debajo de todo esto hay algo más interesante que una tendencia de TikTok. Habla de cómo las generaciones que han crecido con internet consumen la cultura: sin fronteras geográficas, sin la ansiedad de identidad que atormentaba a sus padres, con una capacidad para el collage cultural que les resulta tan natural como respirar. La distancia entre Sinaloa y Tokio, que para alguien nacido antes de 1990 parece insalvable, para ellos es literalmente cero.
La fusión es tan extraña que resulta adictiva. El cerebro humano se engancha a las combinaciones inesperadas, a las conexiones que no deberían existir y sin embargo funcionan. Los corridos oniichan son una metáfora perfecta del momento cultural que vivimos: un mundo donde los algoritmos han convertido el choque de civilizaciones en materia prima para el entretenimiento, y donde la pregunta ya no es qué culturas son compatibles, sino quién tiene imaginación suficiente para mezclarlas bien.
Mientras escribo esto, en algún lugar de internet alguien está procesando Hollywood, de Peso Pluma, con la voz sintética de un personaje del anime Demon Slayer. Y probablemente suene increíble
Fuente:
elpais.com



