Un arqueólogo no siempre necesita de los objetos ni de las estructuras para reconstruir el pasado: a veces le basta su fantasma. Imagina a un forense que no pudiera trabajar directamente sobre el cadáver y que solo dispusiera de los guantes con los que alguien lo manipuló. Las sustancias adheridas a la superficie de esos guantes pueden revelar aspectos significativos de la autopsia, a pesar de que el cuerpo haya desaparecido. Algo similar les ha ocurrido alos arqueólogos que excavaron el antiguo Palacio Real del reino de Nanyue, en Guangzhou, China. No encontraron piezas de latón terminadas, sino algo más revelador: los recipientes de cerámica en los que se fabricó ese latón.
Durante décadas, los historiadores daban por hecho que China no produjo su propio latón hasta el siglo X d. C. Antes de esa fecha, todo objeto fabricado con esta aleación se consideraba una importación proveniente de Roma, Persia o la India. La hipótesis dominante situaba el origen de la técnica en el Oriente Próximo, que habría llegado a China por la Ruta de la Seda terrestre. Un equipo de la Universidad de Pekín y el Museo del Rey Nanyue publica ahora en Antiquity un hallazgo que obliga a repensar esa historia.
Una investigación reciente dinamita lo que sabíamos sobre la producción china de latón en la Edad Media.

El yacimiento de Guangzhou está constituido por el antiguo palacio del reino de Nanyue, un centro administrativo de importancia durante casi dos milenios. Entre 1975 y 2007, las excavaciones descubrieron un taller metalúrgico que permaneció activo entre los siglos III y XVIII. Se identificaron hornos, casi ochenta crisoles y decenas de objetos de cobre, plata y hierro.
Los tres crisoles clave que ahora revolucionan la historia tecnológica del latón en China apenas superan los ocho centímetros de diámetro y tienen forma de copa. Con una capacidad de entre 0,2 y 0,3 litros, los pequeños recipientes están pensados para ser usados en ciclos frecuentes más que para grandes coladas únicas.
Los investigadores dividieron los crisoles en cuatro grupos cronológicos. En los más antiguos, que llegan al siglo VI, solo aparecen residuos de cobre, estaño y plomo (la receta del bronce puro). A partir del siglo VII, el zinc empieza a hacer acto de aparición, con niveles inferiores al 3,5%. Hacia el siglo IX, en el llamado grupo IIb, ese porcentaje se dispara hasta el 32%. Tres crisoles de esa fase (NYG14, NYG15 y NYG16) conservan gotas de metal atrapadas en su interior. Son, literalmente, latón fosilizado, con proporciones de entre 11% y 17% de zinc.
Tres crisoles (NYG14, NYG15 y NYG16) del siglo IX d. C. conservan gotas de metal atrapadas en su interior: son, literalmente, latón fosilizado.

La receta exacta: dos maneras de fabricar la misma aleación
¿Qué diferencia hay entre el bronce y el latón? El bronce combina cobre y estaño; el latón combina cobre y zinc. Antes de que existiera el zinc metálico puro, para obtener latón era necesario usar una técnica indirecta: la cementación. Consistía en calentar cobre con mineral de zinc y carbón dentro de un crisol. El zinc se convertía en vapor y se fundía con el cobre. Ese proceso, invisible en un objeto acabado, deja huellas químicas imborrables en el recipiente donde ocurrió.

Una investigación pionera logra reconstruir el proceso completo de producción metalúrgica en un yacimiento peninsular de El Argar
El estudio identifica dos estrategias entre los antiguos metalúrgicos de Guangzhou. En los crisoles NYG14 y NYG15, los artesanos partieron de cobre puro, sin estaño ni plomo. Lo combinaron con mineral de zinc para obtener un latón binario clásico. En el crisol NYG16, en cambio, emplearon bronce reciclado, con un 4% de estaño como base. De este modo, obtuvieron una aleación ternaria de cobre, cinc y estaño conocida como gunmetal o bronce de cañón.
El horno asociado a la producción podía albergar unos 19 crisoles por ciclo de cocción. Cada tanda podía producir entre 33 y 50 kilogramos de latón.

Plomo local y tecnología islámica
Los análisis de isótopos de plomo, realizados mediante espectrometría de masas, revelaron una firma coherente con los yacimientos del sur de China. Ese dato respalda un origen local de las materias primas. El horno asociado a la producción, semisubterráneo y de forma abombada, podía albergar unos 19 crisoles por ciclo de cocción. Cada tanda, por tanto, podía producir entre 33 y 50 kilogramos de latón.
Un detalle técnico resultó decisivo: ninguno de los crisoles conserva tapa. En Europa, los crisoles con tapa, típicos de la tradición romana, producían latón con más del 20% de cinc. Los crisoles sin tapa, en cambio, se asocian al mundo islámico medieval. Generan un latón algo más pobre en cinc, justo el patrón que muestra Guangzhou.
El auge de las rutas marítimas hacia Guangzhou coincidió con el nacimiento de la producción local de latón.

El mar, no solo la Ruta de la Seda, como camino del conocimiento
Desde el siglo VIII, el control militar de la dinastía Tang sobre Asia Central se derrumbó. El acceso directo a la Ruta de la Seda terrestre quedó interrumpido y, en su lugar, cobraron protagonismo las llamadas Rutas marítimas de Guangzhou hacia los Mares del Sur. Estas rutas conectaban la ciudad china con el Sudeste Asiático, el océano Índico, el Golfo Pérsico y el mar Rojo.
Guangzhou se convirtió en el gran puerto internacional de su época. Hasta 4.000 barcos mercantes llegaban cada año, muchos de ellos árabes, en pleno auge del califato abasí. La ciudad albergó un barrio extranjero, el Fanfang, donde llegaron a convivir hasta 20.000 residentes foráneos durante los siglos IX y X. Cerámica persa de tonos turquesa, hallada en el mismo yacimiento, confirma esa huella islámica tangible.
Las notables similitudes técnicas entre los crisoles chinos y la tradición metalúrgica islámica (la ausencia de tapa, la elaboración con altas temperaturas, el reciclaje de bronce, etc.) apuntan a un conocimiento que viajó por mar. Los mercaderes y artesanos árabes asentados en Guangzhou, más que las caravanas de Asia Central, pudieron ser los verdaderos transmisores de esta técnica.
Referencias
Xiao, H., Yue, X., Li, Z., Liu, Y. y Cui, J. 2026. «Brass technology transmission via maritime routes: crucible evidence from southern China». Antiquity. DOI: https://doi.org/10.15184/aqy.2026.10373
Fuente:
muyinteresante.okdiario.com



