InicioSociedad‘Aventuras en Villa Pegatina’, un mundo Cozy en tu mesa

‘Aventuras en Villa Pegatina’, un mundo Cozy en tu mesa

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Nos han acostumbrado a pensar que todo ocio serio necesita una victoria clara, una derrota humillante, por eso resulta casi subversivo encontrarse con un juego que no te pregunta cómo ganar, sino qué clase de lugar quieres construir. Ahí entra Aventuras en Villa Pegatina, firmado por Corey Konieczka para Unexpected Games —el estudio que fundó dentro del ecosistema de Asmodee— y editado en España por Asmodee España, en un giro muy llamativo para un diseñador asociado durante años a experiencias más aparatosas, más de “mira mamá cuántas reglas”. 

Aquí, en cambio, el movimiento es otro: bajar el volumen, quitar solemnidad al legado y convertir una campaña cooperativa en algo amable, flexible y doméstico. La experiencia está pensada para 1 a 6 jugadores, desde 8 años, con sesiones de unos 30 a 45 minutos; pero la gracia real está en que esas partidas encadenan diez años de vida de la aldea, con decisiones permanentes y sin posibilidad de perder en el sentido clásico del término. Y eso le otorga un carácter muy agradecido: cada turno arranca con un evento por la mañana y se remata con una sola acción por la tarde; los recursos se comparten, las cartas abren caminos, las pegatinas convierten el mapa en una crónica física de lo que habéis decidido, y el juego avanza por sedimentación de pequeñas elecciones. 

Villa Pegatina entiende algo que muchísimos juegos familiares no entienden: que la ligereza no está reñida con el criterio. Aquí construyes casas, granjas, tiendas y caminos; ayudas a vecinos, exploras la mina, vas a pescar, persigues felicidad y logros…

Un juego legacy de baja presión. Konieczka ha contado que la chispa inicial vino de preguntarse cómo funciona un juego en el que no se puede perder, y que esa pregunta lo llevó a pensar en videojuegos como Stardew Valley, Animal Crossing o Los Sims. Se nota en esa fantasía de mejorar un lugar heredado o semivacío, vivir de la tierra donde las pegatinas no son un adorno simpático, son el lenguaje del juego. 

La iconografía y el imaginario por otro lado hace que Villa Pegatina transforme el juego en algo flexible para que la gente pueda entrar y salir de la campaña, haciendo que cada sesión tenga sentido por sí sola.

¿Merece la pena? Sí. Claramente sí. Quien llegue esperando un rompecabezas feroz o un sistema de optimización al milímetro saldrá torciendo el gesto. Pero, sinceramente, quizá el problema no sea el juego. Aventuras en Villa Pegatina no va de batir a nadie; va de decidir qué hacemos con lo que heredamos, con quién queremos vivir y qué clase de comunidad estamos dispuestos a cuidar. Y viendo cómo andamos fuera de la mesa, igual nos convendría practicar más esa pregunta y bastante menos la manía de convertirlo todo en una competición.


Fuente:

www.nuevatribuna.es

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