InicioCulturaCine y ArtesÁlex Grijelmo, “un vigilante creativo de la lengua”

Álex Grijelmo, “un vigilante creativo de la lengua”

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Mucho más que un periodista y, a la vez, qué gran periodista. Álex Grijelmo es, desde hace decenios —por lo menos desde que Gabriel García Márquez lo distinguió como uno de los grandes de esta lengua—, el escritor que ha hecho una literatura de la obligación de cuidar el periodismo. No hay tachadura en su historia, y si la hubiera él sería el primero en remediarla, en convertirla en una fe de errores. La errata persigue al periódico; explicar el error lo dignifica.

No hay palabra que, bajo el dominio de Álex, haya sido rota por razones espurias, porque sí, y haya aparecido así, como una tachadura, en el diario para el que trabaja desde hace tantos años. Es el que te avisa, y también el que se avisa a sí mismo para que nada que sea inadecuado sea parte de aquello que el periódico está obligado a tachar. Álex Grijelmo es el cuidador exigente de su oficio, y lo es de tal manera que ha hecho un arte del oficio del periodismo.

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En la historia de lo que sabe, y de su exigencia para hacerlo saber, está Julio Alonso, cofundador de EL PAÍS, maestro de los que, como Grijelmo, han sentido que para que el periódico sea el que es —y lo haya sido hasta la errata mínima—, ha de ser tratado como una obra de arte, o al menos como una obligación que no avergüence. Maestros como él, y como Julio Alonso, han tenido a lo largo de los años en EL PAÍS la garantía del Libro de Estilo y, también, la vigilancia de los sucesivos guardianes de este, al frente del cual ahora está Soledad Alcaide, hija de Julio Alonso y defensora del Lector.

Este último martes almorzaba Álex Grijelmo en un restaurante de Madrid con su amigo, y compañero, Juan José Millás. Cerca estaba el director de Clarín de Buenos Aires, Ricardo Kirschbaum. Éste le preguntó a Grijelmo por una palabra nueva que había visto en EL PAÍS, el periódico de Álex. Hasta que Grijelmo no se explicó a sí mismo en qué consistía la posible errata (que no lo era), no dio por acabado el saludo final de aquel almuerzo.

Sus compañeros de EL PAÍS hemos vivido la sabiduría de Álex Grijelmo como un salvavidas que ha hecho del periódico, desde el Libro de Estilo, pero también desde la advertencia cotidiana, la imposible obligación de lo perfecto. Ahora va a estar también vigilando la lengua desde la propia lengua que está obligada al esplendor del castellano…

Álex ya formaba parte como académico corresponsal, junto a Sergio Ramírez, de la Academia de la Lengua en Colombia. Ramírez, que acaba de ser nombrado para ocupar el lugar que tuvo en la Española su amigo Mario Vargas Llosa, saludó así a su inmediato colega: “Supe de Álex Grijelmo cuando García Márquez pronunció su célebre discurso en la apertura del Congreso Internacional de la Lengua en Zacatecas, año 1997, donde proponía unos cambios extravagantes en las reglas de la gramática castellana que Álex respondió en EL PAÍS con unos párrafos de Cien años de soledad bajo esas nuevas y extrañas normas, con lo que el clásico texto original dejaba de entenderse; demostración de que aquella provocadora propuesta no era sino, como se dice en buen colombiano, una mamadera de gallo”.

Terminó así Sergio Ramírez su modo de ver lo que su colega significa: “Álex no es ningún fiscal de la lengua, sino un vigilante creativo que inspira la confianza de que lo que él certifica como bueno, lo es urbi et orbi. Tengo la dicha de saber que ocuparemos nuestras sillas casi al mismo tiempo en la Real Academia Española, pero espero que sean suficientemente vecinas. Ya somos miembros del Patronato de la Fundación del Español Urgente, donde nos divertiremos la mar de contentos con las vueltas y revueltas de las palabras. Mejor compañía, imposible”.

Daniel Samper, periodista colombiano, miembro también de la Academia de aquel país, recibe así la noticia de que su compañero es ahora también académico en España: “Las academias de la lengua procuran tener en su nómina a creadores y cultores de las letras, profesores de las letras, protectores y divulgadores de las letras. Álex Grijelmo, mi compañero en la Academia Colombiana, es, simultáneamente, un gran estudioso del idioma y su más persistente y popular divulgador en la prensa. Ocupará en la Real Academia una sola silla, pero cumplirá múltiples misiones”.

Juan José Millás, que el último martes trataba de saber con Álex acerca de una errata que no existió, ha estado años cerca del nuevo académico, “hablando siempre de gramática, desde que él dirigía en EL PAÍS el cuadernillo de entonces. Tiene mil virtudes: la música, el fútbol, el trato con quienes fueron sus compañeros de colegio en Burgos. Sabe de la gramática descomplicada, de la inteligencia artificial… Es una persona muy especial, con un gran olfato para la lengua, al mismo tiempo que sabe que la gramática puede ser un corsé pero también puede ser una tabla de salvación”.


Fuente:

elpais.com

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