Vega (Córdoba, 47 años) escribe al periodista un largo mensaje de texto poco después de colgar: “Por primera vez en mi vida quiero calma y luz. Ya vitalmente”. Una de las artistas más inclasificables y genuinas de la música española, una de las cantantes y compositoras más respetadas, decidió hace muchos años inventarse un carril propio y no el que la industria le ofrecía; precisamente ella, que hizo fama en Operación Triunfo. El resultado es una relación más cómplice con su público, discos y canciones que salen sin la injerencia de directivos y un sello suyo, La Madriguera, con el que trabaja a destajo.
Pregunta. Sigue con su empresa, entiendo.
Respuesta. Es que si no, me tiro por un barranco. Yo ya no sé cómo lidiar con discográficas. Sería insufrible.
P. ¿Hubo un detonante para crearla?
R. Lo que le puede pasar a cualquiera que no esté dentro de los cánones de industria. Si no cumples con sus estándares, si quieres algo más personalizado desde el principio, si quieres tener control sobre tu carrera, si quieres tener control sobre la parte artística, si quieres hacer las cosas de una forma distinta, atender al público no como ganado… Me fui para hacer las cosas de otra forma, lo mejor que podía. Me podía haber ido mejor y me podría haber ido peor también. La cultura amenaza con convertirse en una zona en la que las ovejas pastan sin saber que tienen un alambre de espino rodeándolo todo.
P. Acaba de llenar La Riviera en Madrid hace unos días, el 29 de mayo.
R. Esa es la gran osadía. Hay un público muy trabajado y muy cuidado durante muchos años. No puedo ser la artista que más se queje de cómo van las cosas. Me mantengo con mis derechos de autor de lo que escribo para otros, me mantengo de lo que trabajo yo y de lo que hago, y de una oficina que no cierra, como cualquier autónomo. Y tengo un público que me responde. Si a mí hay veces que se me atraganta y digo “qué poquitas ganas” o “qué difícil es todo”, no quiero pensar en tantos artistas a los que conozco.
P. Usted con la música, desde siempre.
R. Yo soy andaluza. Aquí la música es como el agua corriente que sale del grifo. Se vive como algo cotidiano y natural. Estoy asociada a instrumentos, a música, canciones, a compartir, a cantar en reuniones desde que soy muy chiquita.
P. Y la guitarra.
R. Ahí hubo una evolución [ríe]. Después de la flamenca, yo quería la Les Paul de Slash.
P. ¿La música exige compromiso para hacerla?
R. La cultura ha sido un motor de cambio dentro de la sociedad: y ahora mismo la está cambiando, pero no para bien. Muchos de los movimientos musicales que han surgido culturalmente lo hicieron como una rebelión ante alguna injusticia social o ante algún poder político que estaba delimitando una sociedad. Ahora tenemos una sociedad dispersa. Al final, el “priorízate”, el “cuidarte” y el “yo” lo hemos mezclado con “priorízate tú en todo”. Y lo social se desdibuja.
P. ¿Tiene proyecto nuevo?
R. Si un creador te dice: “No tengo ningún proyecto en mente”, es mentira o no es creador. Tengo algo entre manos y lo sacaré cuando me apetezca, y cuando sienta que tengo que hacerlo. Al final evalúas costes, evalúas el momento, cuándo hacerlo, disponibilidad y, sobre todo, tu estado. En mi caso, el estado personal en el que estoy. Soy artista y compositora, lo que tú quieras, pero también soy madre de una niña. Quiero conciliar, quiero poder estar los días que tiene libres, que son los fines de semana, justo cuando yo no estoy.
P. Está en paz.
R. Necesito paz. Hablar sale carísimo, es asumir un coste tremendo. Entiendo perfectamente a quien no lo hace.
P. …
R. El día que abra mi caja de Pandora… Pero necesito que se muera mucha gente, como la serie de Victoria Martín [ríe]. Lo que me faltaba ahora son demandas.
P. ¿Hay mucha impunidad?
R. Muchísima. Porque hay gente que mira para otro lado. Ahora hay gente que se cuida de no dejar por escrito ni señales de lo que hace, porque ya sabe, porque ya ha vivido antes cosas que lo ponen de manifiesto. O sea, que hay mucha impunidad y mucha gente interesada en que exista. Y señalar tiene costes altísimos.
P. ¿Hablamos de contratos leoninos, de abusos en cláusulas, de abusos laborales, de abusos sexuales?
R. De todo. Yo no conozco una carrera en la que no se haya dado esto.

P. Usted contó hace unos años en este periódico que su primer contrato lo leyeron su padre y su tío y le dijeron: “Sal de aquí”.
R. Fueron simpáticos: “Has firmado que mataste a Manolete”. Es verdad que fue mi primer contrato y yo ya estaba dentro de la televisión, pero ese contrato ya estaba roto antes de salir.
P. Ajá.
R. De hecho, salí precipitadamente gracias a eso [Vega participó en la segunda edición de Operación Triunfo, en 2002, donde quedó en noveno lugar].
P. ¿Salió del programa por eso?
R. Sí, bueno. Me pusieron una canción, me echaron y todas esas cosas que se suelen hacer en los programas. Pero fuera ya estaban los abogados sentados mirando mi contrato porque yo no estaba de acuerdo con él.
P. Ya estaba sentenciada, digamos.
R. Sí, claro. Es televisión, ¿eh? No es distinto de cualquier otro programa. Todo tiene un guion. Y muchas veces el guion no lo saben ni los que lo están interpretando. Igual el error es pensar que la televisión es una academia de verdad. La academia te la da la calle, te la dan los músicos, la gente que está preparada y lo que aprendes durante muchos años.
P. Es curiosa la imagen: usted concursando y los abogados fuera rescindiendo el contrato.
R. Mi primer disco es el único que no sale bajo el paraguas de Gestmusic. Si vendías 200.000 copias de tu canción, tenías un disco automático. Y yo vendí 200.000 copias de mi canción, la única canción que era de autoría propia. Me ofrecieron un disco. Cuando vi lo que me ofrecieron dije que no y me fui a mi casa. Y Carlos Sanmartín vino a ofrecerme un disco con mis canciones fuera de todo aquello.
P. Qué cosas.
R. De lo que recuerdo en mi carrera hay cosas más abruptas, sobre todo al principio. Era más joven, más verde. Pero siempre fui una alumna aventajada: estudié mucho, leí, hice y reconduje. Para mí el éxito es poder ser dueño de tu vida y tomar tus decisiones, y para bien y para mal ser consecuente con tus valores y tu forma de pensar. Eso es el éxito.
Fuente:
elpais.com



