Mientras los equipos de rescate continúan buscando supervivientes entre los restos de viviendas e infraestructuras colapsadas por los terremotos de Venezuela, los expertos alertan de que el paso de los días puede dar paso a una segunda crisis, menos visible pero igualmente letal: la sanitaria. … La destrucción de hospitales, la interrupción del suministro de agua potable y las deficiencias estructurales del sistema de salud venezolano tras los dos terremotos que han golpeado mortalmente al país crean el escenario propicio para la propagación de enfermedades infecciosas, según advierten expertos en salud pública consultados por ABC. La acumulación de cadáveres bajo los escombros, la falta de saneamiento y la sobrecarga de los servicios médicos incrementan el riesgo de brotes que podrían agravar todavía más la tragedia,
Epidemiólogos e infectólogos alertan de que en las próximas semanas o meses pueden surgir en el área devastada enfermedades como el cólera, infección intestinal aguda que ocurre por la ingestión de agua o alimentos contaminados por la bacteria ‘Vibrio cholerae’, u otras endémicas en el país como la fiebre amarilla o la malaria, que hasta ahora eran «controladas por las autoridades sanitarias y ahora escapan del control porque los servicios sanitarios están focalizados en la emergencia».
En Venezuela, las enfermedades endémicas y tropicales, especialmente aquellas transmitidas por vectores (mosquitos y moscas), presentan una alta incidencia en varias regiones. El espectro clínico incluye paludismo (malaria), dengue, enfermedad de Chagas, leishmaniasis y brotes intermitentes de fiebre amarilla.
Expertos en salud pública desvinculan el riesgo de contraer cólera por la presencia de cadáveres. «Es prácticamente nulo’, advierten y recuerdan que la bacteria que produce la enfermedad no sobrevive mucho tiempo en cuerpos sin vida y requiere de un huésped vivo para multiplicarse. «La transmisión real ocurre al consumir agua o alimentos contaminados con heces de personas infectadas», señala en declaraciones a ABC Luis Franco, profesor de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Cataluña (UOC) y experto en inmunología.
La preocupación principal tras desastres o emergencias masivas -recuerda el experto- no radica en los cuerpos, sino en la contaminación del agua por colapso de cloacas, falta de saneamiento y hacinamiento. «El problema viene cuando se mezclan las aguas de consumo con las de rechazo», precisa Franco. «Esa contaminación favorece la proliferación de bacterias de origen fecal capaces de desencadenar enfermedades como el cólera, una infección que provoca diarreas agudas y una rápida deshidratación si no se trata de forma inmediata».
«En un sistema sanitario íntegro el cólera no supone un problema pero la situación cambia radicalmente cuando aparece en un entorno sin infraestructura sanitaria y cuando resulta difícil garantizar el acceso al agua potable»
Luis Franco
Profesor de Ciencias de la Salud de la UOC y experto en inmunología
Franco recuerda que, en condiciones normales, el cólera es una enfermedad perfectamente controlable. «En un sistema sanitario íntegro no supone un problema porque se puede combatir», señala. Sin embargo, advierte de que la situación cambia radicalmente cuando la enfermedad aparece en un entorno donde los hospitales han quedado dañados, escasean los profesionales sanitarios y resulta difícil garantizar el acceso al agua potable o a tratamientos básicos de rehidratación.
En ese contexto, una enfermedad que en otros países rara vez resulta mortal puede convertirse en una amenaza de primer orden. La rapidez con la que se propaga en zonas con malas condiciones higiénicas y la dificultad para atender a todos los afectados elevan el riesgo de que el número de víctimas aumente incluso después de haber concluido las labores de rescate.
No obstante, el experto de la UOC subraya que centrar toda la atención en el cólera sería un error. A su juicio, la debilidad previa del sistema sanitario venezolano y la presión extraordinaria que soportan ahora los servicios de emergencia pueden favorecer el «resurgir de otras patologías» que hasta ahora permanecían bajo control gracias a los programas de vigilancia epidemiológica y prevención.
«El déficit de infraestructuras sanitarias y la falta de personal especializado pueden hacer que afloren otras enfermedades que hasta ahora estaban contenidas», explica Franco. Entre ellas cita la fiebre amarilla y otras patologías endémicas cuya vigilancia puede quedar relegada mientras médicos y enfermeros concentran todos sus esfuerzos en atender a los heridos por el terremoto.
Volcados en tratar heridas y traumatismos
«La prioridad inmediata de los hospitales es tratar fracturas, hemorragias, traumatismos y otras lesiones graves derivadas del seísmo. Esa presión asistencial obliga a desviar recursos humanos y materiales hacia la atención de urgencia, dejando en un segundo plano campañas de vacunación, programas de control epidemiológico o actuaciones preventivas frente a enfermedades infecciosas», advierte el experto.
Según el inmunólogo, este desplazamiento de recursos constituye uno de los mayores riesgos a medio plazo. La interrupción de las labores de prevención, unida al deterioro de las condiciones de vida de miles de desplazados que se concentran en refugios temporales, puede facilitar la aparición de brotes de enfermedades que hasta ahora permanecían relativamente controladas.
A ello se suma la dificultad para garantizar condiciones mínimas de higiene en campamentos improvisados, donde el acceso al agua potable, el saneamiento o la recogida de residuos resulta limitado. Estas circunstancias multiplican las posibilidades de transmisión de agentes infecciosos y complican la respuesta de unas autoridades sanitarias ya desbordadas.
Por ello, Franco insiste en que la reconstrucción no debe limitarse a carreteras, viviendas o edificios públicos. «Es fundamental reconstruir cuanto antes la infraestructura básica sanitaria para prevenir este tipo de situaciones en la población», sostiene. «Solo así, añade, podrá evitarse que la devastación provocada por el terremoto desemboque en una segunda emergencia, marcada esta vez por la expansión de enfermedades infecciosas en una población especialmente vulnerable tras la catástrofe», concluye.
Fuente:
www.abc.es



