«¿Vamos al chiringuito?» Esta es una pregunta muy fácil de contestar, ‘sí’. Nada como tomar algo bien frío en uno de estos bares en la playa que por alguna extraña razón todos llamamos chiringuitos. Nada más baladí que interesarse por la etimología de las … palabras, pero lo cierto es que la historia detrás de ‘chiringuito’ es de las que merecen repetirse una y otra vez. Y todo por el personaje, nunca mejor dicho, que lo inventó, el escritor y periodista César González-Ruano.
¿Quién era César González-Ruano? Un prodigio en todo, ambigüedad, talento, perversidad, vicio, amoralidad, «un sujeto inequívoco y sospechoso al máximo», según los servicios secretos italianos. Su vida disoluta y su carácter le llevaron por todas partes en la época más convulsa de la historia. Desde luego, no se amilanaba nunca y en todas partes buscaba la máxima emoción, experiencia y beneficio personal. A expensas de cualquiera. Literal.
En ‘El marqués y la esvástica’ (Anagrama), Pàcid García-Planas y Rosa Sala Rose descubrían como Ruano aceptó escribir propaganda para los nazis cobrando del mismísimo Goebbels en el París ocupado de los años 40. Paralelamente, vendía visados falsos a desesperadas familias judías que intentaban huir de los campos de concentración. La propia Gestapo le detuvo a finales de 1942 acusado de dejar escapar a judíos, lo que descartaron tras una larga investigación que le llevó 78 días en la cárcel.
Parece el personaje protagonista de ‘Madre noche’, de Kurt Vonnegut, un hombre que manda mensajes cifrados a los aliados a partir de textos propagandísticos nazis que emite por la radio. Al acabar la guerra, los aliados, que no tienen constancia de su contraespionaje, le detienen por colaboración con los alemanes. La gran moraleja sirve para todos, ten cuidado con lo que pareces, porque es lo único que los demás ven. Aunque Ruano nunca tuvo que pagar las consecuencias de sus actos en aquel París de 1942.
El propio escritor y periodista relató sus años de encierro en la prisión de Cherche-Midi en un largo poema, y sus extravagantes y crápulas años parisinos en su autobiografía ‘Mi medio siglo se confiesa a medias’, el título más sincero que escribió nunca. En ‘Manuel de Montparnasse’, retrato del París de la época, tampoco hizo mención de sus hazañas. Admirado por Umbral, Cela y toda la generación de los 50, su reputación se fue diluyendo a partir de lo que se fue descubriendo de su crímenes. ¿hay que separar vida y obra? Ver para creer. Si la respuesta es no, no se puede, ¿debemos de dejar de llamar ‘chiringuito’ a los bares de la playa? Ver para creer.
En 1983, la palabra entraba en la RAE y en 1988 Georgie Dann la convertía en la gran canción del verano
En septiembre de 1943, Ruano llega a Sitges, refugio perfecto para recalibrar su tumultuoso periplo vital ¿y redimirse? No lo parece. Convencido que esta localidad costera barcelonesa es el escondite bohemio perfecto, bajo el amparo de Santiago Rusiñol y los modernistas, se instala en el número 22 de la calle Sant Pau gracias a su amigo Miguel Utrillo. Desde allí va todas las mañanas a un bar en la mismísima arena de la playa de la Ribera llamado ‘El Kiosket’.
Fundado en 1913, César González-Ruano se pasa todas las mañanas por ahí, estableciendo el local como su oficina particular donde escribe incansable sus artículos. Allí es donde escuchará a los indianos, los nuevos ricos catalanes que han vuelto de Cuba, hablar del café filtrado como chiringo. El nombre se quedará en su imaginación hasta el punto de bautizar al local como chiringuito. El escritor insistirá día sí y día no, medio en broma y medio en serio, que cambien el nombre del local por Chiringuito. La respuesta del dueño siempre será la misma, no. Hasta que, tras una nueva crecida de la marea, El Kiosket tendrá que hacer reformas y aceptará por fin dejar su nombre original y llamarse El Chiringuito.
César González-Ruano en los archivos de ABC.
(ABC)
Estamos en el año 1949, el mismo que verá marchar de vuelta a Madrid a Ruano. Parece como si al conseguir cambiar el nombre del local, ya no tenga nada más que hacer allí. Aunque no lo sepa, acaba de hacer historial. La obra más conocida del escritor y periodista no será un artículo, ni una crónica, ni una novela, sino el chiringuito. «Ruano hizo del artículo de café una de las bellas artes, emborronando cuartillas entre el humo y el chiringuito», aseguraría Francisco Umbral, uno de sus admiradores.
En 1983 la Real Academia Española acepta el término ‘chiringuito’ y lo incluye en el diccionario. En 1988 Georgie Dann compone ‘El chiringuito’, la canción del verano por excelencia, y ya no hay marcha atrás. Su popularidad lo impulsa hasta fuera de España y en Italia también es una palabra reconocida para hablar de bares junto a la playa. Pero todo empezó en este pequeño local de Sitges, que hoy conserva la mesa de trabajo de Ruano y donde una placa lo recuerda: «En este chiringuito, el gran maestro que fue de periodistas Don César González Ruano escribió durante cinco años en la mesa de azulejos que hay en el interior escribía sus artículos diarios a ‘La Vanguardia’ y la novela ‘Huéspedes de Mar’, dedicada a Sitges».
El último artículo de Ruano
El 15 de diciembre de 1965 Ruano moría en Madrid. Entre sus hazañas, unos 30.000 artículos, 80 libros entre novelas, poesía y crónicas, y su leyenda negra. Ese mismo día, se publicaba su último artículo en el diario ABC, cabecera habitual del genial articulista. El título, ‘La costumbre’. Cansado, débil, con problemas de corazón, sabe que su fin está cerca. Escribe: «Voy creyendo firmemente que todo reside en la costumbre. Y que, muchas veces, la muerte puede consistir en ir perdiendo la costumbre de vivir». Ésta fue la ‘joya’ que inventaría la palabra chiringuito.
Fuente:
www.abc.es



