Hubo un tiempo en el que metíamos las manos donde no debíamos. Hacíamos preguntas absurdas para los adultos o abríamos cajones para descubrir secretos escondidos. No porque esperáramos encontrar algo útil, sino porque la exploración era, en sí misma, una forma natural de estar en el mundo. Lo extraño no nos asustaba: nos atraía. Sin embargo, parece que crecer consiste en alejarnos de esa actitud despreocupada.
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Seis preguntas para despertar la curiosidad
— Exploración alegre: ¿cuándo fue la última vez que aprendiste algo sin buscar ningún resultado?
— Sensibilidad a la carencia: ¿qué pregunta pendiente te gustaría comprender mejor en lugar de evitarla?
— Tolerancia al estrés: ¿puedes permanecer ante la incertidumbre sin correr hacia una respuesta rápida?
— Curiosidad social: ¿qué podrías descubrir de alguien cercano si escucharas sin anticiparte?
— Búsqueda de emociones: ¿qué frontera necesitas atreverte a cruzar?
— Curiosidad y presencia: ¿qué cambiaría hoy si miraras lo cotidiano como si fuera la primera vez?
Fuente:
elpais.com



