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Gestoras, no criadas: un estudio rompedor desmonta 30 años de mitos sobre las mujeres trabajadoras del Imperio romano

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Imagina una empresa agroalimentaria actual con dos gerencias separadas: una persona se encarga de supervisar los cultivos en el campo mientras la otra dirige la planta de embotellado y el control de calidad. Ahora, traslademos esta imagen al pasado. Durante treinta años, los historiadores han dado por hecho que, en la antigua Roma, esa segunda gerencia ni siquiera existía como tal. Se consideró que la vilica (la mujer que acompañaba al capataz responsable de la gestión de las villas rurales) se limitaba a realizar las tareas exclusivamente domésticas, como barrer suelos y preparar la cena para los esclavos. Un nuevo estudio publicado en el Journal of Roman Archaeology desmonta ese mito con un enfoque casi detectivesco, combinando textos antiguos, mosaicos y las plantas de decenas de villas excavadas en todo el Imperio romano.

La investigadora Tamara Lewit, de la Universidad de Melbourne, ha revisado la figura de la vilica en toda su complejidad. Sus conclusiones, de una contundencia sorprendente, rompen con décadas de prejuicios historiográficos en torno al trabajo de las mujeres en la Antigüedad y obligan a reescribir los manuales de historia de la economía romana.

Durante 30 años, los historiadores dieron por hecho que la vilica romana era, sencillamente, una ama de llaves confinada a las tareas domésticas de las villas rurales.

Producción de vino
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

Un mito de 30 años

Desde los años noventa, la vilica ha hecho acto de presencia en la bibliografía académica como una figura profesional similar a un ama de llaves. Desde esta perspectiva, pues, se habría encargado de las tareas domésticas y de vigilar a los esclavos de la casa. Esta idea, formulada por primera vez por el historiador Jasper Carlsen, se ha repetido en manuales y artículos hasta convertirse en un dogma difícil de cuestionar. Incluso estudiosas como Ulrike Roth, en un estudio pionero posterior, llegaron a afirmar que la vilica no tenía relación ni responsabilidad alguna con las actividades vinculadas al cultivo del campo.

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El malentendido que empezó con un préstamo literario

La raíz del error está en un pasaje muy concreto. El agrónomo Columela, que escribió su tratado De re rustica en el siglo I d.C., abre el libro dedicado a la vilica citando un diálogo de Jenofonte, un filósofo griego que había escrito 400 años antes sobre el matrimonio ideal en la Atenas clásica. Ese fragmento describe a una esposa griega adinerada que se queda en casa hilando lana.

Los estudiosos contemporáneos tomaron esa introducción filosófica, ajena por completo a la realidad romana, como una descripción literal del trabajo de la vilica. Sin embargo, el propio Columela ya advierte que las palabras de Jenofonte solo sirven de referencia culta para los lectores educados y no como ejemplo real del trabajo de la vilica en la finca.

Un pasaje de Jenofonte citado por Columela, ajeno a la realidad romana, sostuvo durante décadas una imagen equivocada del trabajo femenino en el campo.

Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

Lo que Columela cuenta de verdad: bodegas, no cocinas

A partir del capítulo cuatro, y hasta el final del libro, Columela abandona a Jenofonte y describe con detalle las tareas reales de la vilica. Conservaba fruta y verdura, elaboraba miel y queso, salaba la carne de cerdo y, sobre todo, supervisaba la vendimia y la elaboración del vino y del aceite. Veintiséis de los cincuenta y nueve capítulos del libro están dedicados exclusivamente a estas dos producciones, que constituían el auténtico motor económico de la villa.

Columela llega a decir que «la cosecha de aceitunas, igual que la vendimia, vuelve a exigir la gestión de la vilica». Era ella quien controlaba el pesaje de la pez que se usaba para sellar las tinajas, supervisaba a los pastores durante el esquileo y contaba los vellones. Todas estas tareas exigían la realización de cálculos y, muy probablemente, también la capacidad de leer y escribir.

Veintiséis de los cincuenta y nueve capítulos que Columela dedica a la vilica hablan exclusivamente de la elaboración de vino y aceite en la finca.

Mosaico que representa a un hombre y a una mujer haciendo una ofrenda de guirnaldas
Mosaico que representa a un hombre y a una mujer haciendo una ofrenda de guirnaldas. Saint-Romain-en-Gal, Musée d’Archéologie Nationale. Fuente: Carole Raddato/Wikimedia

La arqueología confirma la intuición

Además de trabajar con los textos, Lewit ha analizado las plantas de las villas excavadas en Liguria, Lusitania y la Galia. En todas ellas, el patrón se repite: los edificios de trabajo, con sus prensas, sus tinajas de hasta 1.000 litros y sus grandes salas de fermentación, estaban físicamente separados de la residencia señorial a través de muros, patios e incluso corredores de más de 80 metros. Ese, y no el salón de la casa, es el terreno de la vilica.

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En la villa francesa de Vareilles, por ejemplo, las bodegas podían almacenar hasta 650.000 litros de vino. Semejante escala industrial exigía una gestora profesional y no una simple encargada de limpieza.

Las bodegas de algunas villas romanas podían almacenar más de 650.000 litros de vino, un volumen que exigía una gestión profesional y no una simple encargada doméstica.

Villa rural
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

Autoridad ritual: cuando la vilica ofrecía sacrificios

La vilica también dirigía los rituales religiosos ligados a la producción, algo que en la mentalidad romana era tan necesario para el éxito de la cosecha como la propia agricultura. Dos siglos antes de Columela, Catón ya le encargaba ofrecer guirnaldas a los Lares para asegurar la abundancia de la finca. Una pintura asociada al calendario hallada bajo la basílica de Santa Maria Maggiore, en Roma, muestra a una mujer supervisando el sellado de las tinajas de vino con el mismo gesto de autoridad que usaban los generales en el arte romano.

Un hallazgo que reescribe el papel económico de las mujeres romanas

El trabajo de Lewit transforma nuestra visión del papel económico de la mujer en la sociedad romana. Durante siglos se ha asumido que las mujeres se dedicaban a las tareas domésticas, invisibles para la historia. Ahora sabemos que, al menos en el caso de la vilica, dirigían negocios agroalimentarios a escala industrial, manejaban cifras, supervisaban a decenas de trabajadores y participaban en la vida ritual de la comunidad. Estaba al mando de la producción de vino y aceite, los dos tipos de producción más rentables de cualquier finca romana. Eran, pues, gestoras, no criadas.

Referencias

Lewit, Tamara. 2026. «Not just a housekeeper: a new look at the work of the Roman vilica». Journal of Roman Archaeology. DOI: 10.1017/S1047759426100804


Fuente:

muyinteresante.okdiario.com

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