Durante décadas, la imagen de los chimpancés ha estado asociada a la competencia, las jerarquías y, en ocasiones, a una agresividad que contrasta con la fama de los bonobos, considerados los grandes pacificadores entre los primates. Sin embargo, una investigación reciente invita a abandonar esa visión simplista. Tanto unos como otros recurren a un recurso sorprendentemente familiar para cualquiera de nosotros: un abrazo, una caricia o un contacto afectuoso justo antes de afrontar una situación potencialmente conflictiva.
El hallazgo aporta una nueva perspectiva sobre cómo gestionan las tensiones sociales nuestros parientes evolutivos más próximos. En lugar de esperar a que aparezca un enfrentamiento para reparar las relaciones, bonobos y chimpancés parecen actuar con antelación, utilizando el contacto físico como una herramienta para reducir el estrés colectivo antes de que la competencia estalle.
La investigación, publicada en Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences y realizada con grupos de grandes simios que viven en santuarios africanos en condiciones seminaturales, demuestra que quienes intercambian más gestos de afiliación antes de acceder a un recurso limitado muestran después una convivencia mucho más pacífica alrededor de la comida. No se trata simplemente de un comportamiento afectuoso, sino de una estrategia social con consecuencias directas sobre la cooperación dentro del grupo.
Lo más interesante es que este comportamiento aparece en las dos especies vivas más cercanas al ser humano. Dado que bonobos, chimpancés y humanos compartieron un ancestro común hace entre seis y ocho millones de años, los investigadores plantean que esta forma de aliviar la tensión mediante el contacto físico podría formar parte de un antiguo repertorio de conductas heredado durante la evolución.
Un experimento para recrear la tensión de la naturaleza
Para comprobar si el contacto físico realmente influía en la convivencia, los investigadores diseñaron un experimento capaz de generar una situación competitiva controlada.
El estudio reunió a 116 bonobos y chimpancés distribuidos en cinco grupos de dos santuarios africanos situados en la República Democrática del Congo y Zambia. Durante varias semanas repitieron una misma prueba: los animales sabían que iba a llegar comida muy apreciada, pero todavía no podían acceder a ella. Ese intervalo previo se convirtió en el momento perfecto para observar cómo reaccionaban.
Los científicos avisaban a los animales antes de repartir cacahuetes mediante un recipiente de bambú que distribuía el alimento en una zona reducida. La cantidad era suficiente para despertar el interés de todos, pero limitada, reproduciendo una situación muy similar a la competencia que afrontan en libertad cuando un recurso valioso aparece de forma repentina.
Durante los cinco minutos anteriores a la llegada de la comida, los investigadores registraron cientos de interacciones sociales. Los grandes simios se abrazaban, se tocaban, se daban suaves palmadas, se cogían de las manos, se besaban o mantenían distintos tipos de contacto corporal antes de que comenzara la competición.
Después analizaron cuánto tiempo permanecía cada individuo alimentándose junto a otros sin que aparecieran conflictos importantes. Los resultados fueron consistentes: cuantos más contactos afectivos mantenía un individuo antes de comenzar la alimentación, mayor era la probabilidad de compartir el espacio con otros animales de forma tranquila durante el reparto de comida.

El contacto físico no solo consuela después de un conflicto: también puede evitar que llegue a producirse.
La confianza también se construye con gestos sencillos
Uno de los aspectos más llamativos del estudio es que estas demostraciones de cercanía no aparecen únicamente después de una pelea para reconciliar a los implicados. Ocurren antes de que exista cualquier conflicto.
Es decir, los animales parecen anticiparse al problema.

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En lugar de esperar a resolver una disputa, reducen la tensión emocional antes de que aparezca. Es una diferencia importante porque sugiere que estos comportamientos funcionan como una inversión social preventiva destinada a mantener la cohesión del grupo.
En muchos casos podían observarse auténticas cadenas de contacto entre varios individuos consecutivos, formando secuencias de abrazos que iban recorriendo el grupo poco antes de la llegada del alimento. Este tipo de comportamiento recuerda a la forma en que numerosos equipos deportivos se reúnen antes de comenzar un partido para reforzar el sentimiento colectivo.
Los investigadores consideran que estas conductas ayudan a transformar una situación potencialmente competitiva en una experiencia más cooperativa, disminuyendo el riesgo de que la lucha por un recurso escaso desemboque en agresiones.
Bonobos y chimpancés no expresan la confianza de la misma manera
Aunque ambas especies compartían el mismo patrón general, también aparecieron diferencias muy interesantes relacionadas con su organización social.
Entre los bonobos, las muestras de contacto previo fueron especialmente frecuentes entre hembras. Este resultado encaja con lo que se conoce desde hace años sobre su estructura social, donde las alianzas femeninas desempeñan un papel fundamental en el mantenimiento del grupo.
Los chimpancés, por el contrario, mostraron una tendencia distinta. En ellos, el mayor número de contactos afectivos apareció entre machos, reflejando la importancia de las relaciones masculinas dentro de sus comunidades.
Estos patrones no implican que unas relaciones sean más importantes que otras, sino que cada especie utiliza sus vínculos sociales más sólidos para reforzar la cooperación cuando aumenta la tensión competitiva.
Además, el trabajo encontró que las parejas de individuos emparentados también tendían a intercambiar más gestos de afiliación que aquellos sin parentesco cercano, lo que sugiere que la historia compartida fortalece todavía más estos mecanismos de confianza.
La cooperación entre grandes simios comienza mucho antes de compartir la comida: empieza con un simple contacto.
El gesto más inesperado apareció entre los chimpancés
Entre todas las conductas registradas hubo una que llamó especialmente la atención de los investigadores. En varios chimpancés apareció un comportamiento extremadamente llamativo: algunos introducían sus dedos o incluso parte de la mano dentro de la boca de otro individuo.
A simple vista podría parecer una conducta peligrosa. La poderosa mandíbula de un chimpancé puede provocar heridas muy graves, por lo que colocar voluntariamente una mano en ese lugar supone asumir un riesgo evidente.
Precisamente por eso este gesto resulta tan revelador. Los científicos interpretan que este tipo de contacto funciona como una demostración extrema de confianza. El animal que inicia la interacción adopta deliberadamente una posición vulnerable, enviando una señal muy clara de que no espera una respuesta agresiva.
Curiosamente, este comportamiento apareció con mucha mayor frecuencia en el grupo de chimpancés que presentaba un ambiente social más tolerante durante las pruebas de alimentación.

La cooperación pudo ser tan importante como la competencia en nuestra evolución
Durante mucho tiempo, la evolución humana se ha explicado poniendo el foco casi exclusivamente sobre la competencia, la dominancia y los conflictos entre individuos.
Sin embargo, investigaciones como esta empiezan a equilibrar esa visión. La capacidad para reducir tensiones, mantener relaciones estables y favorecer la convivencia también pudo desempeñar un papel decisivo en el éxito evolutivo de nuestra propia especie.
El contacto físico constituye uno de los sistemas de comunicación más antiguos entre mamíferos. Mucho antes de que existiera el lenguaje, una simple caricia podía transmitir calma, confianza o ausencia de amenaza. El estudio muestra que esa función continúa plenamente vigente entre nuestros familiares evolutivos más cercanos.
Los resultados también ayudan a comprender por qué en los seres humanos siguen siendo tan habituales determinados gestos antes de afrontar situaciones emocionalmente intensas. Un abrazo antes de una operación, una palmada en el hombro antes de una competición deportiva o un apretón de manos antes de una negociación importante podrían formar parte de un repertorio conductual extraordinariamente antiguo.
Más que simples muestras de afecto, estos pequeños gestos parecen formar parte de una sofisticada herramienta biológica para mantener unidas a las comunidades cuando aumenta la incertidumbre.

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Lejos de ser un comportamiento exclusivamente humano, la capacidad de construir confianza mediante el contacto físico podría llevar acompañando a nuestra familia evolutiva desde hace millones de años. Y, a juzgar por lo observado en bonobos y chimpancés, sigue siendo uno de los mecanismos más eficaces para transformar la competencia en convivencia.
Referencias
Jake S. Brooker et al. 2026. Reassuring body contact promotes social tolerance in bonobos and chimpanzees. Proc. R. Soc. B 293 (2075): 20253190; doi: 10.1098/rspb.2025.3190
Fuente:
muyinteresante.okdiario.com




