Los animales se siguen abandonando en cunetas, carreteras o descampados, al igual que hace más de 20 años en España. La única diferencia es que ahora se acude antes a los albergues para dejarlos, pero si no es posible, se toma la opción más fácil y cruel: dejarlo en la calle. “Cuando una persona particular ya no puede hacerse cargo de su animal y acude a un refugio, ya sea municipal o gestionado por una entidad privada o asociación, ese centro no tiene la obligación de acogerlo directamente, porque se trata de un animal que tiene tutor o propietario”, explica Elena García, veterinaria especialista en comportamiento de Ethogroup y VetBonds, dos grupos dedicados al fomento del bienestar animal.
Seguir leyendo
Fuente:
elpais.com



