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Un estudio a ciegas descubre que las jirafas saben sumar, pero no son tan buenas restando

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Hay animales que parecen diseñados para la inteligencia. Los chimpancés resuelven puzzles. Los cuervos fabrican herramientas. Los pulpos escapan de acuarios con una habilidad que roza lo inverosímil. La jirafa, en cambio, no suele aparecer en esas listas. Es grande, es icónica, y nadie la ha asociado nunca con las matemáticas animales. Hasta ahora.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Barcelona, en colaboración con el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig y el Zoo de Barcelona, ha publicado en Scientific Reports los resultados de un experimento que desafía esa intuición: dos de los cuatro especímenes estudiados fueron capaces de sumar cantidades de forma consistente, eligiendo correctamente cuál de dos contenedores escondía más alimento, incluso sin haber visto el proceso de llenado.

El estudio, firmado por Iker Loidi y Jordi Galbany del Departamento de Psicología Clínica y Psicobiología de la UB, plantea una pregunta incómoda para el ego humano: ¿cuántas capacidades cognitivas consideradas avanzadas llevan millones de años ocurriendo en especies a las que apenas hemos prestado atención?

El experimento de los contenedores

El diseño del estudio es sencillo y preciso. Los investigadores usaron contenedores opacos para esconder zanahorias frente a los animales. La clave del paradigma no estaba en lo que las jirafas veían, sino en lo que no veían: el resultado final.

El procedimiento consistía en mostrar a los animales una cantidad inicial de zanahorias en cada contenedor y después, con el contenedor cerrado o fuera de la vista directa del animal, añadir o retirar piezas. La jirafa tenía que inferir, a partir de la cantidad inicial y la operación realizada, cuál de los dos recipientes acabaría conteniendo más alimento.

No es que las jirafas vieran cuatro zanahorias y eligieran el montón más grande. Tenían que calcular mentalmente el resultado de una operación que no habían podido observar.

Este tipo de paradigma, conocido en cognición comparada como tarea de objeto oculto con operaciones aritméticas, ya se ha usado con chimpancés, loros y algunas aves corvinas. Lo novedoso aquí es el sujeto: un rumiante de cuello largo al que nadie había sometido antes a este tipo de prueba, con resultados mejores de los esperados.

Saben sumar, pero la resta se les resiste

Los resultados mostraron un patrón claro. En las tareas de combinación de cantidades, equivalentes a la adición, dos de los cuatro animales obtuvieron un rendimiento por encima del azar de forma consistente. En las tareas de sustracción y operaciones secuenciales, el porcentaje de aciertos fue prácticamente nulo.

El contraste entre los resultados de suma y los de resta sugiere que no estamos ante un proceso perceptual genérico, sino ante una capacidad específica y diferenciada.

Esta asimetría es uno de los hallazgos más interesantes. No se trata simplemente de que las jirafas «elijan bien»: el hecho de que el rendimiento sea sólido en adición y nulo en sustracción indica que hay algo distinto ocurriendo a nivel cognitivo en cada tipo de operación, y que esa diferencia es real y reproducible en los animales que mostraron el efecto.

Los investigadores proponen que las jirafas podrían tener una representación mental analógica de cantidades, similar a lo que los psicólogos llaman el sistema de número aproximado, una capacidad descrita en primates, aves e incluso en algunas especies de peces. Ese sistema tiene un sesgo natural hacia la acumulación: sumar es cognitivamente más accesible que restar. Los resultados del Zoo de Barcelona encajan con esa hipótesis.

La inteligencia que nadie esperaba

Desde el punto de vista de la biología evolutiva, el hallazgo tiene implicaciones más amplias. La cognición numérica básica, la capacidad de distinguir «más» de «menos» y operar con esa diferencia, parece haberse desarrollado de forma independiente en múltiples linajes animales sin relación estrecha entre sí.

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A este fenómeno se le llama evolución convergente: la misma solución apareciendo en organismos que no comparten un ancestro común reciente. Loidi y Galbany sugieren que las jirafas representan un nuevo caso de esta convergencia, lo que abre la pregunta de si la aritmética rudimentaria podría ser un resultado casi inevitable de la presión evolutiva en entornos donde calcular recursos es una ventaja de supervivencia.

Los animales que viven en sabana abierta, con recursos dispersos y temporales, tienen incentivos ecológicos para estimar cantidades con precisión. Saber qué árbol tiene más hojas, qué zona de pastoreo tiene mayor cobertura, cuántos competidores hay cerca: todas esas evaluaciones podrían haber impulsado el desarrollo de habilidades numéricas básicas sin necesidad de un cerebro grande ni de un linaje de primates.

Experimento de adición con dos contenedores opacos y zanahorias naranjas ante una jirafa
Representación visual del paradigma experimental usado para evaluar si las jirafas podían inferir qué recipiente contenía más alimento sin ver el resultado de la operación. Fuente: Nano Banana / Scruzcampillo.

Lo que este estudio no responde

La limitación más obvia del trabajo es el tamaño muestral. Cuatro animales, de los cuales solo dos mostraron el efecto de forma consistente, es una base pequeña para generalizar a nivel de especie. Los propios autores son explícitos al respecto: los resultados son indicativos, no concluyentes.

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No sabemos si la diferencia entre los dos animales con éxito y los dos sin él responde a variabilidad individual, a experiencia previa, a la edad o a algo completamente distinto. Tampoco está claro si el fallo en las tareas de resta se debe a una limitación cognitiva real o a un artefacto del diseño experimental. Lo que el estudio sí establece con solidez es que la cognición numérica en jirafas merece una investigación sistemática mayor, con muestras más amplias y con individuos tanto en cautividad como en libertad.

Cuatro jirafas en un zoo no son suficientes para redefinir la cognición de una especie. Pero sí son suficientes para hacernos cambiar las preguntas que nos estamos haciendo.

¿Quién más puede sumar?

La siguiente pregunta no es si las jirafas saben matemáticas. Es bastante más interesante que eso. Si dos rumiantes de cuello largo pueden sumar mentalmente en un zoo de Barcelona, ¿cuántas otras especies tienen capacidades numéricas que no hemos probado simplemente porque no se nos ha ocurrido mirar?

La cognición animal acumula sorpresas desde hace décadas, cada vez que alguien diseña un experimento lo suficientemente bueno para detectar algo que nadie esperaba encontrar. El trabajo de Loidi y Galbany no cierra una pregunta: abre una lista de especies pendientes de probar. Y en esa lista, la jirafa acaba de pasar del último puesto al primero.

Referencias

Loidi, I. y Galbany, J. (2026). Assessing quantity combination and dissociation in giraffes. Scientific Reports. DOI: 10.1038/s41598-026-54126-7

URL: https://www.nature.com/articles/s41598-026-54126-7


Fuente:

muyinteresante.okdiario.com

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