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Gusen, el “infierno de los infiernos” nazi donde más republicanos españoles murieron, se convertirá en museo

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José Miguel Nogués cuenta la historia de su abuelo, Juan Antonio García, desde la casa familiar en el barrio de Lavapiés, en Madrid. Su madre llegó a vivir ahí siendo una niña, cuando su padre viudo repartió a sus hijos entre familiares para él sumarse a las filas que defendieron la Segunda República. Juan Antonio tenía 42 años cuando estalló la Guerra Civil, donde luchó en los frentes madrileños y catalanes. La última posición que data en su expediente es Lleida, en noviembre de 1938, cuando la ofensiva nacional avanzó y lo obligó, como a tantos más, a cruzar a Francia por Sant Llorenç de Cerdans, en lo que fue un éxodo masivo de españoles. Los que no regresaron a España se incorporaron a la Compañía de Trabajadores Extranjeros que, a inicios de 1940, pasó a ser militar y todos sus trabajadores de entre 20 y 48 años fueron llamados a combatir contra Alemania. García fue apresado por los nazis a finales de junio de 1940 en la zona de la Línea Maginot. Llegó al campo de concentración de Mauthausen, en el norte de Austria, el 13 de diciembre. Casi dos meses después, el 17 de febrero de 1941, fue transferido al campo de concentración de Gusen, a solo cinco kilómetros de distancia, donde fue asesinado el 23 de diciembre del mismo año e incinerado seis días después.

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La historia de García es la misma que la de miles de deportados españoles que cayeron en manos alemanas y que fueron trasladados a los campos de Mauthausen y Gusen. Se estima que a este último llegaron unos 5.000 prisioneros españoles, y fue el lugar donde más presos de esta nacionalidad fueron asesinados. “Tenemos 3.850 presos españoles registrados como fallecidos en Gusen. A estos hay que sumar al menos unos 360 que fueron trasladados de Gusen a Hartheim para ser asesinados directamente después de su llegada en la cámara de gas”, explica Christian Dürr, el comisario principal de la institución pública austriaca Memorial Mauthausen, a cargo de la musealización de ambos excampos. En todo el sistema de Mauthausen y los subcampos, detalla, tienen conocimiento de más de 7.200 españoles apresados. En total fueron 35.800 víctimas de todas las nacionalidades, de entre al menos 72.000 prisioneros.

Ahora se ha decidido convertir Gusen en museo, una tarea que no ha sido fácil. Dürr viajó a Madrid en abril pasado para compartir con los familiares de los deportados el largo camino recorrido y los planes a futuro. En conversación con EL PAÍS explica cada paso: tras la liberación de los campos, el recinto pasó a manos soviéticas y, después, de privados. Con el tiempo, el lugar se transformó en un pintoresco vecindario donde, incluso, algunas de las viviendas eran las mismas construcciones del campo que torturó y asesinó a los españoles. En 2006, uno de los propietarios quiso derrumbar algunas estructuras pero tras unas protestas intervino la entidad de patrimonio cultural austriaca. En 2013, todos los restos arquitectónicos de Gusen fueron protegidos como patrimonio cultural, lo que permitía que siguieran en manos de privados pero con prohibición de derrumbe.

Entonces comenzaron las conversaciones para que la empresa Poschacher, dueña de una parte de los terrenos, los vendiera al Gobierno de Austria. Entre 2021 y 2022, tras las presiones de asociaciones de familiares de memoria y del Gobierno polaco, se concretó la venta. En 2022 y 2023, se convocó un proceso participativo con expertos, familiares, agrupaciones de memoria y otros interesados para resolver cómo debía ser el nuevo memorial. Y el año siguiente se convocó un concurso internacional de arquitectura y paisajismo a través de la Unión Europea para elegir el diseño. El estudio de arquitectos Querkraft Architekten en colaboración con Kieran Fraser Landscape Design fueron los ganadores de entre más de 30 proyectos. Se espera que la construcción comience en 2027 y que se inaugure a finales de 2029 o inicios de 2030.

Mantener las huellas históricas

El Estado de Austria ahora es dueño de lo que un día fueron los cuarteles de las SS, las residencias de oficiales y suboficiales, la plaza donde se pasaba lista, algunos barracones, la cocina de los prisioneros, y la trituradora de grava —en el lugar había una cantera donde los prisioneros realizaban trabajos forzosos—. Hay algunas estructuras en pie y fragmentos arqueológicos de la construcción. En otros casos, se harán marcas para que el público visualice lo que hubo alguna vez. Sin embargo, tras no llegar a un acuerdo económico con los actuales dueños, algunos terrenos no fueron comprados: la entrada principal del campo donde funcionaban oficinas de la Gestapo y de la SS, que también funcionaba como sitio de tortura; algunos barracones de prisioneros y la casona que hizo de burdel para los nazis.

La propuesta ganadora ha apostado por no transformar radicalmente el lugar, sino mantener las huellas históricas. “Lo más importante es conservar todo lo que todavía existe de la estructura arquitectónica del campo y hacer visible lo que ya no está”, explicó Dürr en su presentación en Madrid. Ya que el memorial estará inmerso en un vecindario, se levantará un muro de hormigón como barrera visual, uno de los requisitos de la empresa Poschacher para vender. El comisario se refirió a las conversaciones que han tenido con los vecinos, que, en general, han estado de acuerdo con la recuperación del lugar y comparten la tarea: “Convertir este barrio industrial en un sitio de memoria, un espacio de memoria digno para todos los que murieron ahí”.

El proyecto también contempla un espacio de reflexión, un centro de información, salas de seminarios y espacios para exposiciones en los antiguos barracones. Además, desarrollarán nuevos formatos educativos y más investigación. “Nos faltan nombres de presos, la historia anterior y posterior del campo, ¿quiénes eran los dueños antes de que viniera la SS y cómo pasaron a manos privadas después?”, son algunas preguntas de Dürr y su equipo.

Un acto de reparación

Francisco López García era el abuelo de Enrique Pastor. “Tiene una historia muy triste, porque fue parte de tres guerras sin querer serlo”, cuenta el nieto. Cuando regresó de Marruecos, donde hizo el servicio militar, lo llamaron a las filas del Ejército republicano cuando ya estaba por terminar la Guerra Civil. Se exilió en Francia con la diáspora republicana y cayó en manos de los nazis a inicios del año 40 mientras era parte de la Compañía de Trabajadores Extranjeros. Enriqueta, la abuela de Pastor, no supo de la muerte de su marido hasta que liberaron los campos en mayo de 1945 y un sobreviviente se presentó en su casa para confirmarle lo que ella ya sospechaba.

La primera vez que Pastor visitó Gusen fue junto a 30 de sus familiares, incluyendo los tres hijos de su abuelo Francisco. “El shock fue tan grande que yo no daba crédito”, cuenta. “Lo primero que vimos fue el edificio del campo central convertido en un chalet con piscina y todo”. La de Gusen es una historia que no se ha contado, lamenta, y reivindica la labor de Martha Gammer —vicepresidenta del Comité del Memorial de Gusen (GMC)— y de un grupo de austriacos que trabajaron para recuperar la historia del excampo. “Ellos entrevistaron a muchos del vecindario, que les contaron lo que habían vivido durante la época del campo de concentración”.

Además, Pastor menciona a un grupo de supervivientes italianos que, cuando se urbanizó la zona, compraron la parcela donde estaba el crematorio que hoy es parte del memorial. “Es donde quemaban los cuerpos de los deportados y con toda probabilidad es donde quemaron el cuerpo de mi abuelo”. Para él, este es uno de los sitios clave, además del Molino de Piedra, o como le decían los presos, El Pozo, un lugar con importancia emocional para los republicanos españoles: “La gran mayoría de los republicanos que fueron asesinados en Gusen murieron en la cantera o en la construcción de este molino”. José Miguel Nogués coincide en que este lugar es fundamental para la historia del campo: “Es muy importante que se resalte el papel que jugó ese sitio en relación al trabajo esclavo”. Un edificio “hecho con sangre española”, agrega Pastor, parte de Gusen, el que fue conocido, dice, como “el infierno de los infiernos”.


Fuente:

elpais.com

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