Han pasado pocos días desde que el Papa León XIV regresó al Vaticano tras una intensa semana de actividad en España. Poco a poco, las ciudades recuperan su ritmo habitual. El debate público se desplaza hacia otros temas. Y entonces surge una pregunta: después de … alzar la mirada, guardar un momento de silencio y dejarnos inspirar, ¿qué haremos ahora los ciudadanos?
No cabe duda de que el balance ha sido positivo para todos los ciudadanos, no solo creyentes católicos, sino también para cualquier persona sensible a la espiritualidad o al humanismo. El Papa ha situado en el debate público valores que emanan de la religión para que orienten e inspiren las acciones cotidianas de todas aquellas personas comprometidas con el bien común y el servicio a la sociedad.
A pesar de que la teoría de la secularización ha tomado espacio en muchas sociedades, la realidad es que la religión no ha desaparecido del espacio público, ni de la vida de millones de personas. Algunos titulares afirman que el complejo de decir públicamente «soy creyente y voy a misa» se ha superado. Con esta visita se ha comprobado que el rol de la religión sigue estando vigente y teniendo un papel muy importante en la sociedad moderna: sigue siendo un actor público que inspira, llama a consensos y genera esperanza.
La agenda oficial del Pontífice, congregó a una asistencia masiva de ciudadanos que salieron a su encuentro, llegando a paralizar la actividad habitual de grandes ciudades como Madrid y Barcelona. Estos hechos corroboraron los últimos datos del barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), donde el 56,1% de los españoles se declara católico aunque solo un 19% sea practicante.
En una sociedad y un sistema democrático que se definen como aconfesionales, pero que reconocen positivamente la diversidad religiosa, el Papa León XIV ha sido escuchado y respetado más allá de las creencias personales de cada ciudadano. Ya sea en su condición de jefe de Estado o como máximo representante de la Iglesia católica, su visita ha influido de manera significativa en la conversación pública. Como líder religioso, se ha echado en falta un encuentro con otras comunidades religiosas, si bien se valoran con gratitud los espacios de diálogo y debate público que esta visita ha contribuido a abrir.
«Se ha echado en falta un encuentro con otras comunidades religiosas, si bien se valoran con gratitud los espacios de diálogo y debate público que esta visita ha contribuido a abrir»
Antes de que perdamos el buen sabor que nos ha dejado su visita, queremos compartir desde la perspectiva de la Comunidad Bahá’í —una comunidad religiosa de nuestro país, con principios universales y de alcance mundial— algunas reflexiones sobre los requisitos esenciales que debería asumir toda tradición religiosa que aspire a implicarse en la vida pública. Entendemos que dicha participación no solo conlleva derechos, sino también responsabilidades.
Desde la concepción teológica, la fe bahá’í, reconoce la unicidad de las religiones como caminos diferentes que conducen al conocimiento de un solo Dios creador. La naturaleza evolutiva de la verdad religiosa, demuestra la futilidad de las tendencias sectarias que en última instancia, son responsables de muchas de las guerras y conflictos en la historia humana. Atribuirse la pretensión de «finalidad», negar la verdad que pueden contener otras tradiciones religiosas o creer ser la poseedora exclusiva de la revelación divina, no ayuda al encuentro y la convivencia en barrios cada vez más diversos.
Las escrituras bahá’ís hacen un llamado en este sentido: «La religión debería unir a todos los corazones y hacer que las guerras y las disputas se desvanecieran de la faz de la tierra, dando nacimiento a la espiritualidad, confiriendo vida y luz a cada corazón. Si la religión se convierte en causa de aversión, de odio y de división, sería mejor no tener ninguna». Esto se relaciona con otra condición: promover la investigación independiente de la verdad entre los seguidores de las religiones, garantizando que tengan la oportunidad de explorar la realidad por sí mismos, en lugar de verse obligados a aceptar creencias impuestas.
En esta era del conocimiento, la religión debe estar en consonancia con la ciencia, se debe investigar el fundamento, la pertinencia de su vigencia y las interpretaciones religiosas no pueden contradecir los consensos científicos más consolidados. El ser humano ha sido dotado con el poder de la razón, con una mente o facultad de razonamiento y con ella ha de investigar, descubrir la verdad.
En concordancia con lo anterior, las religiones deben promover un pensamiento racional, abandonar la superstición e imitación ciega. Algunas prácticas, repeticiones e interpretaciones literales de textos religiosos, han generado un impacto negativo en el desarrollo de la sociedad, pudiendo llegar a extremismos y fanatismos.
Esto nos lleva a afirmar que toda religión que promueva la paz y la concordia debe condenar cualquier forma de violencia, respetar el sistema democrático y comprometerse a cumplir las leyes civiles y sociales del país en el que desarrolla su acción. Estas normas proporcionan el marco común de convivencia necesario para el avance social.
Y por último, pero no menos importante, las religiones en su naturaleza social están comprometidas con la inclusión. Es por ello, que su mirada debe estar en trabajar con cualquier persona de la sociedad, evitando los prejuicios, favoreciendo el encuentro, en especial con aquellos que se encuentran en desventaja social.
La histórica visita del Papa León XIV —quien ha dejado una tarea clara a los líderes y a la comunidad católica al recordarles que «ahora os toca trabajar a vosotros»— nos convoca a todos de forma inevitable. Como bahá’ís y creyentes en Dios, asumimos este llamado no solo como un derecho de participación, sino como una profunda responsabilidad en el espacio público. Lejos de exclusivismos o dogmas que dividen, nuestro enfoque seguirá centrado en la construcción de sociedades unidas en la diversidad, guiadas por la fe, la razón y la paz social. Ante este horizonte común, permanecemos prestos a colaborar con toda alma encendida por el servicio a la humanidad para transformar la fe en un verdadero motor de progreso y concordia.
Clarisa Nieva Echeverría
Directora de Asuntos Públicos de la Comunidad Bahá’í de España
Fuente:
www.abc.es



