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El gran Alfred Hitchcock nos dejó, junto con varias obras maestras en forma de película, algunos conceptos cinematográficos que han hecho escuela. A uno de ellos le puso, él mismo, nombre propio: MacGuffin.
Si buscan el significado de ese término se encontrarán con que es: un recurso narrativo que sirve como excusa argumental para que se desarrolle la historia. Se trata generalmente de un objeto, documento o secreto, que todos persiguen, pero su naturaleza específica no importa para la trama.
El antecedente más famoso de los MacGuffin quizás sea el Rosebud de “Ciudadano Kane”, pero fue Hitchcock quien, con un supuesto paquete de dinero, un personaje o una simple idea, convierte las tramas de «Psicosis», «Con la muerte en los talones» o «Vértigo» en obras maestras del cine de suspense.
Florentino Pérez hizo una: prometió que, si ganaba, lo cual entraba, como digo, no solo en lo posible, sino en lo seguro, iba a hacer una oferta por un “galáctico”
Hay secuelas de eso muy famosas. Nunca sabremos que contenía el arca de la alianza que con tanto ahínco buscaba Indiana Jones. O qué contenía el maletín que había encargado recuperar Marcellus Wallace, el gánster de “Pulp Fiction”. Es igual, en ambos casos servían para explicar la trama de esas dos películas, la segunda de las cuales le sirvió a Tarantino para ganar un Oscar (Spielberg se quedó sin Oscar porque el mismo año del Arca se encontró con “Ordinary People”).
Pero esas secuelas acaban de pasar de las salas de cine al planeta fútbol. El guionista de esta historia se llama Florentino Pérez, el, muy posiblemente, mejor presidente de la historia del Real Madrid Club de Futbol. Resulta que don Florentino quiso tomar la temperatura social entre los afiliados al club y, para ello, convocó unas elecciones anticipadas, de esas que no se llevan en la vida política. Ha resultado ganador, como era de esperar, por muy poco que uno conozca los entresijos del Real Madrid, aunque no se si el porcentaje obtenido estaba previsto por los más expertos en esos profundos entresijos.
El caso es que, como una campaña electoral es el momento de las promesas al electorado, Florentino Pérez hizo una: prometió que, si ganaba, lo cual entraba, como digo, no solo en lo posible, sino en lo seguro, iba a hacer una oferta por un “galáctico”, uno de esos jugadores de futbol que cuestan la obscena cifra de ciento cincuenta millones de euros.
Obsérvese la doble astucia de esa promesa electoral. Por una parte, no ofrecía el fichaje, sino, simplemente, el intentarlo mediante la oferta al club donde jugara el «galáctico». Pero, sobre todo, y lo que lo convirtió en un MacGuffin, es que no dijo quien, con lo que creó una atmósfera de suspense que sirvió de caldo de cultivo para las especulaciones. Y, en estas hemos estado mientras ha durado el clímax. Los medios, colaboradores necesarios de la trama, han despachado toda clase de nombres a la audiencia, nombres que le sonarán a cualquier aficionado a ese deporte: Olise, Vitinha, Joao Neves, etc. Hay quien, en un alarde de imaginación, pensó en Lamine Yamal o en Pedri. Bueno, finalmente parece que “te winner is” …. Julián Álvarez, el jugador del Atlético de Madrid que parece estar como loco por salir de ese club.
Lo que lo convirtió en un MacGuffin, es que no dijo quien, con lo que creó una atmósfera de suspense que sirvió de caldo de cultivo
Y las características de MacGuffin que impregnan el asunto no parecen haber cesado habida cuenta del eco de la noticia. Da igual si ya se había iniciado, o no, una negociación previa con el jugador. Da igual si Julián Álvarez vale ese dinero que le clasificaría como galáctico y da igual, incluso, si se ha hecho, o no, realmente la oferta. Lo que importa es que la noticia, es decir, la trama, ha avanzado y no tiene pinta de que pueda dejar de hacerlo en los días próximos. En fin, un MacGuffin en toda regla.
Alguien podría asimilar esta historia con la de las promesas de fichajes del otro candidato a la presidencia del Real Madrid, Enrique Riquelme. En ningún caso los anuncios de los posibles fichajes de Haland para la delantera o de Klopp para el banquillo pueden, de ningún modo, ser consideradas como MacGuffin. Primero, porque desde su propio anuncio no había ningún misterio sobre la personalidad de ambos. Pero, sobre todo, porque el suspense sobre si viniesen al Real Madrid duró lo que sendos desmentidos del entorno de los anunciados. Lo cual, por cierto, pudo haber dejado al autor de las promesas como el amante de la Marietta de Javier Krahe. Gajes del oficio de candidato.
De lo que se deduce que no todo el mundo puede servir para emular al gran maestro Alfred Hitchcock.
Fuente:
www.nuevatribuna.es



