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De la Gürtel a Koldo, o como la derecha supera en clase a la izquierda

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Hay que reconocer que la actual derecha española ha demostrado tener unas capacidades organizativas en ciertos aspectos que la izquierda nunca ha podido igualar. Tomemos como ejemplo la legendaria boda de Ana Aznar y Alejandro Agag celebrada hace más de veinte años en El Escorial, un evento que más allá de un enlace matrimonial fue una cumbre internacional de poder con servicio de catering, pues desfilaron por allí jefes de gobierno, empresarios de primer nivel, altos cargos nacionales e internacionales y una notable concentración de individuos que, con el paso de los años, acabarían proporcionando un abundante material de trabajo a jueces, fiscales y periodistas de investigación.

Lo ideal sería que compitieran no en delinquir uno mejor que el otro sino en mejorar la sanidad, las universidades, la investigación científica, la calidad institucional y un largo etcétera

Vista con perspectiva actual, aquella ceremonia se pareció menos a una boda que a una fotografía de grupo tomada antes de que comience una larga serie documental, pues la derecha de aquellos años no improvisaba sino, más bien, contaba con un elenco de primer nivel con personajes como Rodrigo Rato, Eduardo Zaplana, Federico Trillo, Jaume Matas, Francisco Camps, Esperanza Aguirre, Ángel Acebes y muchos otros protagonistas de una época irrepetible. Era una generación que sabía entender y manejar el valor de las estructuras complejas. Nada de chapuzas. Nada de aficionados. Todo en sus actividades transmitía una sensación de profesionalidad casi corporativa. Cuando comenzaron a ser famosos nombres como Francisco Correa o Álvaro Pérez, “El Bigotes”, uno tenía la impresión de estar contemplando una organización que había leído manuales de gestión, estudiado logística y asistido a seminarios sobre coordinación de recursos humanos. Tanto es así que incluso los escándalos parecían elaborados con estándares de calidad certificados.

Sin embargo, la izquierda actual nos está ofreciendo con los problemas de las tramas socialistas bajo investigación judicial una imagen radicalmente distinta, pues así como la Gürtel recordaba en su estructura a una multinacional con organigrama, delegaciones territoriales y cuadros intermedios, las tramas recientes del PSOE invitan a pensar en una pequeña y sórdida empresa familiar, puede que hasta algo cutre, de esas que igual llevan la contabilidad en una libreta escolar como guardan los documentos importantes en cualquier cajón de fácil acceso.

Todo apunta a que esa sea la diferencia fundamental, pues los escándalos de finales del siglo XX y principios del XXI —cuando se celebró la histórica boda— parecían concebidos por arquitectos institucionales, mientras que los actuales de la trama socialista transmiten la sensación de haber sido organizados durante una sobremesa y gestionados a través de notas de voz. Es un hecho que antes había una cierta ambición estética, los sumarios parecían novelas-río, las comisiones parlamentarias tenían repartos corales, los personajes secundarios disponían de biografías completas, mientras que hoy abundan los protagonistas que parecen descubrir la existencia de una gestión de crisis exactamente cinco minutos después de que esta estalle .Y es que la vieja derecha concebía estas actividades como una ópera de Wagner, mientras que la izquierda actual de Koldo y compañía las dirige como una función escolar en la que nadie encuentra el guion cuando tiene que dar el tipo.

En la actualidad los protagonistas del reparto de la obra parecen extraídos del casting de una comedia de bajo presupuesto con actores cutres como Koldo, Ábalos, Cerdán, Leire

Naturalmente, cualquier ciudadano razonable preferiría que ninguno de los dos bloques destacara jamás en semejantes disciplinas, y lo ideal sería que compitieran no en delinquir uno mejor que el otro sino en mejorar la sanidad, las universidades, la investigación científica, la calidad institucional y un largo etcétera que el lector seguro tendrá en su mente. Pero si el criterio de evaluación fuera exclusivamente la capacidad para construir estructuras complejas, coordinar numerosos actores y dotar de grandeza épica a sus propios errores, es más que evidente que la derecha española de finales del siglo XX jugaría en una Champions mientras que el PSOE actual se limitaría a intentar encontrar un buen campo donde entrenar de vez en cuando para matar el gusanillo.

Y es que, para completar una gran obra, hacen falta grandes personajes como sucedía con la vieja escuela de la derecha que podía exhibir ministros, presidentes autonómicos, tesoreros, empresarios y consejeros capaces de llenar varios tomos de una enciclopedia judicial, mientras que por el contrario, en la actualidad, los protagonistas del reparto parecen extraídos del casting de una comedia de bajo presupuesto con actores cutres como Koldo, Ábalos, Cerdán, Leire y compañía, elementos de baja estofa que en lugar de transmitir la imagen de una organización compleja son más bien una peña de amigos sorprendidos por haberse convertido en noticia nacional y no saber cómo salir del embrollo. 

Quizá sea un avance para la democracia que la corrupción haya perdido sofisticación gracias a que los ejecutores no son tan profesionales como en el pasado y quienes ahora delinquen carecen del carisma de antaño. 

Pongo pues punto final a la reflexión.


Fuente:

www.nuevatribuna.es

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