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Un antiguo asteroide creó en Corea del Sur un refugio para la vida microbiana que podría explicar cómo la vida resistió el caos de la Tierra primitiva

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Durante miles de millones de años, la historia de la Tierra estuvo marcada por un bombardeo constante de asteroides. Aquellos impactos transformaron continentes, evaporaron océanos y alteraron la atmósfera de un planeta todavía joven e inestable. Sin embargo, lo que durante décadas fue considerado únicamente un proceso destructivo podría esconder una paradoja fascinante: algunos de esos impactos quizá ayudaron a crear refugios donde la vida encontró las condiciones necesarias para prosperar.

Eso es precisamente lo que sugiere un nuevo estudio liderado por investigadores del Korea Institute of Geoscience and Mineral Resources (KIGAM), en Corea del Sur. Tal y como ha revelado la investigación publicada en la revista Communications Earth & Environment, un antiguo cráter de impacto situado en la cuenca de Jeokjung-Chogye, en Hapcheon, conserva evidencias de estromatolitos formados en un lago hidrotermal generado tras la caída de un asteroide.

El hallazgo es especialmente importante porque los estromatolitos representan algunas de las pruebas más antiguas de vida conocidas en la Tierra. Estas estructuras laminadas son creadas por comunidades microbianas, especialmente microorganismos fotosintéticos capaces de atrapar sedimentos y precipitar minerales. Los registros fósiles indican que existen desde hace al menos 3.500 millones de años, mucho antes de que el oxígeno dominara la atmósfera terrestre.

Ahora, este descubrimiento surcoreano plantea una posibilidad inquietante: que los cráteres de impacto no fueran únicamente cicatrices de destrucción, sino auténticos refugios biológicos capaces de generar pequeñas “islas” habitables en un mundo extremadamente hostil.

Un cráter oculto durante miles de años

La cuenca de Hapcheon, en el sur de Corea, llevaba décadas llamando la atención de los geólogos por su forma circular y su relieve en forma de cuenco rodeado de montañas. Sin embargo, no fue hasta hace pocos años cuando se confirmó oficialmente que se trataba de un cráter de impacto.

Los investigadores identificaron señales inequívocas del choque de un meteorito, incluyendo rocas fracturadas y minerales alterados por ondas de choque extremas. Estudios posteriores permitieron reconstruir la historia del impacto y fecharlo en torno a hace 42.300 años.

El impacto dejó tras de sí una enorme depresión que terminó llenándose de agua. Con el tiempo, el calor residual atrapado bajo la corteza generó un sistema hidrotermal parecido al de las actuales fuentes termales. El agua circulaba por fracturas profundas calentándose progresivamente, creando un entorno rico en minerales.

Mapa del cráter de impacto de Hapcheon, en la cuenca de Jeokjung–Chogye (Corea del Sur), con representación de las anomalías gravitatorias y una reconstrucción simplificada de las capas geológicas del subsuelo
Mapa del cráter de impacto de Hapcheon, en la cuenca de Jeokjung–Chogye (Corea del Sur), con representación de las anomalías gravitatorias y una reconstrucción simplificada de las capas geológicas del subsuelo. Fuente: Commun Earth Environ (2026)

Fue precisamente en la parte noroeste de este antiguo lago donde los científicos encontraron varios estromatolitos de entre 10 y 20 centímetros de diámetro. Algunos tenían formas redondeadas y otros presentaban estructuras laminadas onduladas que, vistas al microscopio, recuerdan a patrones típicos de crecimiento microbiano.

Tal y como indica el estudio, las capas internas de estas estructuras conservan señales químicas compatibles con procesos hidrotermales, algo especialmente visible en la presencia de europio, un elemento raro que se vuelve más soluble en aguas extremadamente calientes.

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Durante décadas pensamos que los impactos de asteroides solo destruían ecosistemas. Este hallazgo sugiere que algunos también pudieron crear refugios donde la vida encontró una oportunidad para prosperar.

Un “spa” natural para microorganismos

La idea de que un impacto de asteroide pueda generar un entorno favorable para la vida parece contradictoria. Sin embargo, los científicos llevan años estudiando cómo los grandes impactos fracturan la corteza terrestre y producen calor suficiente para mantener sistemas hidrotermales activos durante miles o incluso cientos de miles de años.

En Hapcheon, los investigadores encontraron indicios claros de que el lago posterior al impacto estuvo dominado por aguas ricas en calcio, azufre y carbonatos. Además, los sedimentos contenían señales de microorganismos adaptados a ambientes cálidos y ricos en minerales.

Según las dataciones realizadas mediante carbono 14, algunos de los estromatolitos crecieron entre hace aproximadamente 23.400 y 14.600 años. Esto significa que el sistema hidrotermal se mantuvo activo durante decenas de milenios después del impacto inicial.

La importancia de este detalle es enorme. En la Tierra primitiva, cuando los impactos de asteroides eran mucho más frecuentes, pudieron existir miles de lagos hidrotermales similares repartidos por todo el planeta. Cada uno de ellos habría funcionado como un pequeño refugio biológico, protegido y estable, donde los microorganismos disponían de calor, minerales y agua líquida.

En otras palabras, los impactos no solo habrían destruido ecosistemas: también podrían haber creado nuevos nichos donde la vida se abría camino.

Esquema que muestra cómo el impacto del asteroide habría generado las condiciones hidrotermales necesarias para el crecimiento de estromatolitos en el interior del cráter
Esquema que muestra cómo el impacto del asteroide habría generado las condiciones hidrotermales necesarias para el crecimiento de estromatolitos en el interior del cráter. Fuente: Fuente: Commun Earth Environ (2026)

El calor residual del impacto habría transformado el cráter en un lago hidrotermal rico en minerales, un entorno comparable a las actuales fuentes termales.

El misterio del oxígeno en la Tierra primitiva

Uno de los aspectos más interesantes del descubrimiento tiene relación con uno de los grandes enigmas de la historia terrestre: el origen del oxígeno atmosférico.

Durante gran parte de la existencia temprana del planeta, la atmósfera apenas contenía oxígeno libre. Todo cambió hace unos 2.400 millones de años durante el llamado Gran Oxidación, cuando el oxígeno comenzó a acumularse de manera masiva.

Los científicos creen que este cambio estuvo relacionado con microorganismos fotosintéticos similares a los que formaban estromatolitos. Estos seres microscópicos liberaban oxígeno como subproducto de su metabolismo, alterando lentamente la química global del planeta.

Vista general del cráter de impacto de Hapcheon, la enorme depresión geológica formada tras la caída de un asteroide hace unos 42.000 años
Vista general del cráter de impacto de Hapcheon, la enorme depresión geológica formada tras la caída de un asteroide hace unos 42.000 años. Foto: KIGAM

El nuevo estudio plantea que los lagos hidrotermales creados por impactos pudieron actuar como “oasis de oxígeno” locales mucho antes de que el oxígeno dominara toda la atmósfera terrestre.

Los investigadores observaron que las señales hidrotermales eran más intensas en las capas más antiguas de los estromatolitos y disminuían hacia las externas. Esto sugiere que los microorganismos prosperaron especialmente durante las fases más cálidas del lago.

Aunque el trabajo no demuestra directamente que estos ambientes provocaran la oxigenación global del planeta, sí aporta una pieza importante al rompecabezas de cómo pudo expandirse la vida fotosintética en la Tierra temprana.

Los científicos creen que la Tierra primitiva pudo estar cubierta de pequeños lagos calientes creados por impactos cósmicos.

Lo que este hallazgo puede revelar sobre Marte

El estudio no solo tiene implicaciones para comprender nuestro propio pasado. También podría cambiar la manera en la que los científicos buscan señales de vida fuera de la Tierra.

Marte conserva numerosos cráteres de impacto que, hace miles de millones de años, probablemente albergaron lagos y sistemas hidrotermales similares a los identificados en Hapcheon. Algunas misiones espaciales ya han encontrado evidencias de antiguos depósitos minerales relacionados con agua caliente en el planeta rojo.

Estromatolitos hallados en el yacimiento STR del cráter de impacto de Hapcheon, en la cuenca coreana de Jeokjung–Chogye, junto a las dataciones representativas obtenidas mediante radiocarbono
Estromatolitos hallados en el yacimiento STR del cráter de impacto de Hapcheon, en la cuenca coreana de Jeokjung–Chogye, junto a las dataciones representativas obtenidas mediante radiocarbono. Fuente: Commun Earth Environ (2026)

Por eso, tal y como sugieren los autores del trabajo, los cráteres marcianos podrían convertirse en objetivos prioritarios para la búsqueda de vida microbiana fosilizada.

La lógica es sencilla: si los impactos crearon refugios biológicos en la Tierra primitiva, quizá hicieron exactamente lo mismo en Marte cuando el planeta todavía tenía agua líquida y actividad geológica.

En ese contexto, los estromatolitos se convierten en algo más que simples rocas laminadas. Son auténticos archivos de la historia de la vida, estructuras capaces de conservar durante millones o incluso miles de millones de años las huellas químicas y biológicas de antiguos microorganismos.

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El hallazgo realizado en Corea del Sur no demuestra por sí solo cómo nació la vida en la Tierra. Pero sí refuerza una idea cada vez más fascinante: que algunos de los episodios más violentos de la historia del planeta pudieron convertirse, de forma inesperada, en el escenario perfecto para que la vida encontrara refugio.

Referencias

Lim, J., Kim, Y., Park, S. et al. Discovery of stromatolite formation in post-impact hydrothermal lacustrine environments and its implications for early Earth. Commun Earth Environ 7, 334 (2026). DOI: 10.1038/s43247-026-03206-7


Fuente:

muyinteresante.okdiario.com

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