Hubo un tiempo en el que guardar los cuartos en casa no era extraño en España, aunque quizá no hasta 300.000 euros, como atesoraba Julio Martínez en efectivo en su vivienda, ni en sobres con caracteres en chino o bolsas repartidas desde el … baño hasta las ranuras de los radiadores, como ocultaba el amigo de Zapatero investigado en la trama Plus Ultra. Tampoco en las cantidades que un humilde matrimonio gallego acumuló a lo largo de su vida en su casa en A Pousada, una parroquia de Sober (Lugo). Toño Piñeiro, un albañil que compró años después la vivienda, fue tropezándose con billetes y billetes de 5.000 pesetas conforme fue reformando la casa. Hasta 9 millones de pesetas había llegado a encontrar este trabajador gallego en 2022, cuando su historia saltó a los periódicos. Y quién sabe si no se habrá topado con más desde entonces porque, según confesó a ‘El Progreso’, cada vez que iba acababa encontrando dinero.
La pequeña fortuna, que al cambio de hoy no llega a alcanzar los 55.000 euros, se hallaba oculta en botes viejos de cacao soluble en alacenas, artesas y «demás huecos donde camuflarse», según relató José Luis Jiménez en ABC. Las latas metálicas preservaron la mayoría de los billetes en perfecto estado de conservación. Solo una de las últimas remesas estaba corroída por la humedad, pero poco importó. Para entonces el Banco de España había dejado de cambiar pesetas y los ahorros del anciano matrimonio eran «como aquellas estampitas con las que jugueteaba Lina Morgan en una de Ozores», ironizaba el delegado de este diario en Galicia. El dinero que Manuel do Xentes y su mujer habrían reunido con la compraventa de ganado se había convertido en unas décadas en papel mojado. Aunque no todo. Antes de julio de 2021, Piñeiro pudo cambiar casi la mitad de esa inesperada ‘herencia’, unos 30.000 euros, con los que pagó parte de la reforma.
Natural de Millán, otra parroquia de Sober, Toño había partido de joven a Villarreal para trabajar en la construcción, pero no olvidó su tierra natal. A los años compró esta casa a una sobrina de sus anteriores propietarios, que fallecieron sin hijos, y desde entonces volvía en sus vacaciones a Galicia para ir rehabilitándola poco a poco. Sus esfuerzos por mantener en pie la vivienda se vieron recompensados por un tesoro real.
Un caso muy distinto fue el de E.D.R., que se obsesionó con la búsqueda de uno legendario y acabó convirtiendo una antigua casa de Córdoba en una ruina. Según contó en 2022 Manuel Ramos Gil, director entonces de la Casa de las Cabezas, ya por el año 1500 el inquisidor Lucero mandó buscar las supuestas riquezas que un importante y rico converso, el jurado Juan de Córdoba Membreque, habría escondido en el caserón antes de ser quemado vivo, acusado de tener una sinagoga en el sótano de su casa. Quinientos años después, E.D.R. reemprendió la búsqueda, excavando en la casa «día tras día, a veces incluso noches enteras». Con los años, la casa fue convirtiéndose en un queso Emmental, con agujeros y túneles que recorrían el subsuelo en todas las direcciones, hasta que un día, tras varias jornadas de lluvia y los cimientos debilitados, en parte se derrumbó. El propietario ya no volvió a excavar más. Antes de morir, vendió la casa y con lágrimas en los ojos le dijo al comprador: «A ver si tú tienes más suerte que yo y lo encuentras». No sabía que «quizá sí había encontrado el tesoro, pero no el que él esperaba de oro y plata», relataba Ramos. A tres metros de profundidad había llegado a los antiguos sótanos medievales y había hallado una misteriosa bañera. «¿Encontró el ‘Miqvé’ de la sinagoga? De ser así, aquel propietario había encontrado un verdadero tesoro arqueológico», remarcó Manuel Ramos en su tribuna.
Fuente:
www.abc.es



