“No quiero que un Papa critique al presidente de Estados Unidos, porque estoy haciendo exactamente aquello para lo que fui elegido por una aplastante mayoría”, palabras de Trump, a las que siguió la difusión de la foto después retirada de escena, del presidente mutado en Jesucristo. Trump en estado puro. Ajeno a la elemental exigencia que expresó el papa León XIV: “Si alguien quiere criticarme por anunciar el Evangelio que lo haga con la verdad”. El problema es que no hay coincidencia entre lo que uno y otro considera la verdad. Para el Papa es la revelación, para Trump es su último capricho. Lo cual sitúa el debate en un espacio flotante.
Seguir leyendo
Fuente:
elpais.com



