En mayo de 1870, un jornalero llamado Jan Kremer hincó su pala en la turbera de Roswinkel, una aldea perdida en la provincia neerlandesa de Drenthe. La casualidad quiso que diera con algo que nadie esperaba encontrar allí. Se trataba de una bolsa de cuero enrollada que guardaba en su interior 143 monedas de plata y una de oro del Imperio carolingio.
El hallazgo, fechado por los investigadores en torno al año 880 d. C., constituye hoy el único tesoro carolingio conocido cuyo contenedor de cuero se ha conservado en condiciones que permiten su estudio científico. Junto a la cartera, aparecieron una cajita de madera con tapa deslizante y un estuche de agujas de bronce. Estos misteriosos objetos llevaron a los investigadores a plantear una pregunta apasionante: ¿quién escondió este dinero en un paraje tan remoto y por qué nunca volvió a buscarlo?
Un artículo publicado en 2025 en la revista Palaeohistoria por Simon Coupland y sus colaboradores remedia por fin esta laguna. La investigación constituye el primer estudio integral del tesoro: la cartera de cuero, la cajita de madera, el estuche de agujas y las 144 monedas se han analizado en conjunto.
En el siglo XIX, un jornalero encontró en la turbera de Roswinkel una cartera medieval con 144 monedas, una cajita de madera con tapa deslizante y un estuche para agujas.

Un jornalero, una pala y un secreto de 1.000 años
El 31 de mayo de 1870, según recogió el periódico local Provinciale Drentsche en Asser Courant tres días después, Jan Kremer encontró el tesoro mientras cortaba turba en la zona. La noticia llegó rápido al Museo de Antigüedades de Drenthe, cuyo conservador logró adquirir casi todo el conjunto por 32 florines.
El lugar exacto del hallazgo nunca pudo determinarse con precisión. Los investigadores señalan que lo más probable es que se encuentre en los terrenos de turbera del Roswinkeler Esch, al oeste de la aldea y no lejos del camino hacia Weerdinge y Emmen. Lo que resulta indiscutible es el contexto geográfico: en el siglo IX, esa zona era un páramo anegado, sin asentamientos conocidos a kilómetros a la redonda. Llegar hasta allí exigía un esfuerzo considerable, lo que hace de la elección del lugar un dato muy significativo.
En términos rituales, además, la turbera de Roswinkel cuenta con una larga historia. Ya en el Neolítico tardío, los habitantes de la región depositaban objetos valiosos en sus aguas oscuras, desde fragmentos de un hacha de bronce y decenas de cuentas de ámbar hasta correas de cuero, restos de una redecilla de pelo y hasta un cuerpo humano. El tesoro carolingio era, por tanto, el último eslabón de una tradición que abarcaba tres milenios y medio.
En el siglo IX, la turbera de Roswinkel era un páramo anegado, sin asentamientos conocidos a kilómetros a la redonda. Llegar hasta allí exigía un esfuerzo considerable.

La cartera de cuero: un objeto sin parangón en Europa
Fabricada con cinco fragmentos de lo que el análisis de proteínas por espectrometría de masas sugiere que es piel de oveja, la cartera de cuero del tesoro de Roswinkel no tiene equivalente conocido en todo el mundo carolingio. Mide 33,5 cm de largo por 15,5 cm de ancho y no fue curtida con taninos vegetales, sino con grasas animales. La turba la conservó: el cuero, de color marrón rojizo claro, sigue siendo suave y flexible al tacto.

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El anverso lucía un adorno geométrico formado por tiras de cuero cosidas en forma de dos rombos entrelazados con una cruz en la esquina superior. Cuando se encontró, la cartera estaba enrollada y atada con una correa de cuero. Las huellas que dejaron las monedas apiladas aún son visibles en el interior: tres rollos de monedas, que quizás se envolvieron en algún material que no sobrevivió, descansaban ordenadamente en el centro. El paralelo más cercano conocido se encuentra en una cartera ricamente decorada procedente de Birka, en Suecia.Estas similitudes apuntan a una posible conexión con el mundo escandinavo, aunque las diferencias son notables.
Fabricada con cinco fragmentos de piel de oveja, la cartera de cuero del tesoro de Roswinkel mide 33,5 cm de largo por 15,5 cm de ancho y fue curtida con grasas animales.

La cajita de madera: un estuche carolingio de precisión artesanal
La segunda pieza singular del tesoro es una pequeña caja de madera de 9,6 cm de largo, entre 2,6 y 2,9 cm de ancho y 3,8 cm de alto. Se talló a partir de la rama o el tronco joven de olmo. La tapa es una plancha radial de apenas 2 mm de grosor, ligeramente abombada y completamente lisa, que se desliza con precisión sobre el cuerpo gracias a unas ranuras interiores.
En el extremo opuesto al tope externo, la tapa presenta una proyección en forma de rombo de 2,7 cm que sirve de asa. Pequeños orificios y marcas en V en los laterales sugieren que la caja estaba dotada de correas de cuero o de tejido, hoy desaparecidas, para mantenerla cerrada. El exterior luce una capa de barniz que le da un tono rojo-marrón oscuro; el interior conserva el color gris pálido del olmo envejecido sin tratar.
Cajas de madera similares, con tapa deslizante, se conocen desde la Edad del Bronce, y varios ejemplares medievales han aparecido en lugares tan diversos como las Orcadas o la isla sueca de Gotland. Lo que hace único al ejemplar de Roswinkel, además de su excepcional estado de conservación, es que es el único de su clase que puede fecharse con tanta precisión gracias a las monedas que contenía.
También se encontró una pequeña caja de madera de 9,6 cm de largo, entre 2,6 y 2,9 cm de ancho y 3,8 cm de alto, tallada a partir de la rama o el tronco joven de olmo.

143 monedas de plata y un solidus de oro falso: la economía de una época
El grueso del tesoro lo forman 119 deniers de Lotario I acuñados en Dorestad, la gran ciudad portuaria franca del delta del Rin. Estas monedas, que representan el 72 % del total, llevan el nombre del emperador escrito de forma tan corrupta (IOTAMVS en lugar de LOTHARIVS) que, durante mucho tiempo, los investigadores creyeron que se habían fabricado en talleres clandestinos frisones y no en la ceca oficial.

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El tesoro incluye, además, 7 monedas de Visé acuñadas por Luis II entre 877 y 879, las más recientes del conjunto. Este grupo ha permitido fechar el enterramiento en torno al año 880. Una pieza llama especialmente la atención: un solidus de imitación en oro, de 4,316 gramos y 20,8 mm de diámetro, acuñado en Frisia en la segunda mitad del siglo IX. Estas imitaciones de monedas de oro son extremadamente raras. Por su parte, los 143 denarii de plata equivalían, según fuentes de la época, a una espada completa o a una pequeña piara de cerdos, una suma muy por encima de lo que la mayoría de las personas de la región poseía.
La presencia de un estuche metálico para guardar agujas, considerado un bien personal femenino que simbolizaba el papel de la portadora como cabeza del hogar, añade una dimensión nueva al misterio del tesoro.

El estuche de agujas y el enigma de sus dueños
El tercer objeto hallado es un tubo cilíndrico hueco de bronce, de 7,7 cm de largo, fabricado con una lámina de metal enrollada y decorado con bandas incrustadas. Se trata de un estuche de agujas del tipo 2d de la tipología de Kleemann, datado entre los años 730 y 810 d. C. Este tipo de objetos se hallan, sobre todo, en tumbas femeninas del norte de los Países Bajos. En el cementerio de Zweeloo, a solo 20 km de Roswinkel, se encontraron cuatro estuches similares, todos con fragmentos de tejido de lino y lana en su interior, y la mayoría con agujas o alfileres.
La presencia de este objeto, considerado un bien personal femenino que simbolizaba el papel de la portadora como cabeza del hogar, añade una dimensión nueva al misterio del tesoro. Los investigadores proponen que la cartera y la caja pudieron pertenecer a dos personas distintas, quizá una de ellas mujer, dado que el estuche de agujas es un objeto atribuido a la esfera femenina.
Algunos investigadores apuntan a la persistencia de creencias precristianas en una región donde el cristianismo se había implantado recientemente.

Una ofrenda al pantano: ¿por qué nadie volvió a buscar el dinero?
La explicación más plausible que ofrecen los autores del estudio es que el tesoro de Roswinkel se enterró como ofrenda o donación. Según los expertos, el lugar donde se depositó carece de toda lógica como escondite. Era inaccesible, difícil de reconocer en una visita posterior y estaba muy lejos de cualquier ruta de viaje conocida. Interpretar el depósito como una ofrenda votiva, por tanto, encaja con una práctica documentada en la región desde el Neolítico.
Las motivaciones pudieron ser diversas. Algunos investigadores apuntan a la persistencia de creencias precristianas en una región donde el cristianismo se había implantado recientemente. Otros sugieren que podría tratarse de una ofrenda de agradecimiento por haber cruzado sin percance alguno la peligrosa turbera. Una tercera hipótesis lo relaciona con un rito de paso, quizás con el abandono de la condición de guerrero. Hay también quienes proponen que marcó la fundación o el abandono de un asentamiento, pues otros tesoros carolingios de la misma turbera parecen vincularse con el inicio de la extracción local de turba.
Referencias
Coupland, S., Van der Sanden, W. A. B., Van Driel-Murray, C., Lange, S. y Florisson, O. 2025-2026. «The Carolingian coin hoard from Roswinkel (Drenthe, The Netherlands) and its containers». Palaeohistoria, 65/66: 97-132. DOI: https://doi.org/10.21827/07g7h398
Vlasatý, Tomáš. 2024. «The Bag from Roswinkel, Netherlands». Project Forlǫg. Reenactment and science. DOI: https://doi.org/10.59500/QBDX8069
Fuente:
muyinteresante.okdiario.com



