Hungría y Eslovaquia han anunciado que se ha retomado el flujo de petróleo ruso a través del polémico oleoducto Druzhba. El tránsito por esta infraestructura clave para la seguridad energética de Centroeuropa llevaba interrumpido desde el 27 de enero tras un ataque de autoría rusa, según argumentaba Ucrania.
De acuerdo con la información recogida por la agencia Reuters ese mismo día, la empresa que gestiona el oleoducto en suelo ucraniano, Naftogaz, declaró que un impacto de un ataque ruso en una instalación causó un incendio y obligó a suspender las operaciones. El gigante energético ucraniano no reveló el nombre del lugar bombardeado.
El hecho en sí mismo fue una operación ofensiva inédita, no vista en todo el desarrollo del conflicto, en la que las fuerzas de Moscú dirigieron un ataque contra las infraestructuras que le permiten exportar su propio petróleo a Europa.
Ucrania, por su parte, sí ha apuntado contra el mismo oleoducto en territorio ruso en ataques reivindicados por mandos militares leales a Kiev. El último de ellos se produjo tan solo un día antes de su reapertura.
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El cierre de Druzhba agitó profundamente las relaciones del gobierno de Volodímir Zelenski con el de Viktor Orbán y Robert Fico. Estos dos últimos acusaban a Kiev de haber finalizado las reparaciones del oleoducto y mantenerlo deliberadamente cerrado.
Así las cosas, Hungría impulsó un veto a la aprobación de un préstamo comunitario de 90.000 millones de euros al gobierno ucraniano, mientras que Eslovaquia le interrumpió el suministro eléctrico de emergencia.
Volodímir Zelenski respondió afirmando públicamente que daría la dirección de Viktor Orbán a sus tropas para que pudieran hablar directamente «en su propio idioma». La Comisión Europea tuvo que reprobar las amenazas del presidente ucraniano contra un líder de la Unión Europea.
No obstante, la reciente derrota electoral de Orbán parece haber servido para rebajar la tensión bilateral. Y ello pese a que el presidente entrante, Peter Magyar, manifestó seguir condicionando el veto del préstamo a la reanudación del flujo de hidrocarburo a través de Ucrania.
Una vez retomadas las operaciones del oleoducto, Hungría cumplió su parte y desbloqueó el paquete de ayuda con el que Kiev podrá hacer frente a gastos militares y otras necesidades presupuestarias.
El valor del oleoducto Druzhba
Druzhba es una herencia vital de la arquitectura energética de la Europa socialista de la segunda mitad del siglo XX. Hungría y Eslovaquia son profundamente dependientes al tratarse de dos Estados sin litoral, por lo que sus importaciones a gran escala han tenido que ser siempre a través de oleoductos.
De acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía (IEA por sus siglas en inglés), tres cuartas partes del petróleo que han consumido los ciudadanos húngaros en las dos primeras décadas del siglo XXI procedían de Rusia. En Eslovaquia, la dependencia era similar: hasta comienzos de este año, el 75% del crudo que recibía el país era de origen ruso.
Con el Druzhba cerrado, los países dependientes de su crudo centraron su atención en el Adria. Este oleoducto, construido en la era yugoslava, permitía transportar petróleo en barco hasta Croacia y enviarlo desde su costa hasta el interior de Europa. Sin embargo, Orbán y Fico exigieron a Zagreb que permitieran la llegada de petroleros rusos a sus costas, una petición que el Gobierno croata rechazó.
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Una misiva dirigida a la secretaría general del Consejo de la Unión Europea hizo saber que Hungría y Eslovaquia, tras la negativa croata, tuvieron que buscar petróleo saudí, noruego, kazajo y libio. Todo ello en un contexto de “tensionamiento de los mercados” producido por la crisis de Oriente Medio.
El escrito, a propósito del cierre del oleoducto Druzhba, sentenciaba que “Hungría y Eslovaquia no han recibido ninguna información creíble del lado ucraniano” y que esa actitud “ponía en peligro la seguridad del abastecimiento” de ambos países. Por este motivo, Budapest y Bratislava liberaron, cada una, 250.000 toneladas de crudo de sus reservas estratégicas.
Si bien desde la invasión rusa de Ucrania la mayoría de los países de la Unión Europea han apostado por reducir su dependencia de Moscú como proveedor energético, Hungría y Eslovaquia han mantenido su apuesta por el crudo ruso, en parte por su bajo coste. Sin embargo, el conflicto ucraniano ha demostrado cómo la guerra puede trasladarse a Europa a través de infraestructuras altamente vulnerables.
Fuente:
www.descifrandolaguerra.es



