Desde este miércoles, China será una república más china, pero menos popular, con la aprobación de la “Ley de unidad étnica”. Mediante esta, la Asamblea Popular Nacional le da un empujón legal al chino mandarín, idioma oficial en todo el territorio, en detrimento de las lenguas cooficiales en sus respectivas regiones autónomas, como el tibetano, el uigur o el mongol. Pekín presenta esta y otras medidas como una apuesta por la mezcla y el destino compartido. Pero las 55 minorías nacionales corren el riesgo de diluirse ante el abrazo de 1.280 millones de camaradas han.
Para mayor efectismo, el cambio legal se aprobará en el marco de las Dos Sesiones -la gran cita política del año en Pekín- con el visto bueno de 2.765 representantes llegados de todos los rincones de China.
La “Ley de Promoción de la Unidad y el Progreso Étnicos” (nombre completo) combina paternalismo, folklore y porra. Por primera vez, habrá sanciones “contra quien obstruya la enseñanza del chino”. También contra aquellos que fomenten “la inquina entre etnias, el separatismo o el extremismo religioso”. Y de forma más sistemática que antes, contra los que ofendan a los símbolos nacionales, como el himno y la bandera (de China, naturalmente, ya que la de Tíbet está prohibida).
Precisamente en Tíbet es donde el retroceso es más evidente. Justo antes de la subida al poder de Xi Jinping, en 2012, se aprobaron cambios que elevaron el rango de la lengua tibetana en el sistema educativo y en la administración de la región. Un bilingüismo de facto. En cambio, este año el tibetano dejará de exigirse en los exámenes de selectividad de Tíbet. Se convertirá en una “maría”.
Pekín dice que “protegerá” a todas las lenguas, pero solo “promoverá” una, en particular en los nuevos usos digitales. Sun Xianzong, de la Academia China de Ciencias Sociales, aclara que el propósito de la ley es “forjar un fuerte sentido de comunidad entre la nación china, con respeto por las diferencias, pero sin exacerbarlas”. Mientras se desarma la diversidad lingüística, se incentiva la música o la danza, en un folklore perfectamente digerible.
Grandes novedades
El retroceso será más evidente en Tíbet, que pasará de tener un bilingüismo de facto a una lengua relegada en los exámenes
La ley llama explícitamente a evitar los compartimentos estancos de una u otra etnia, favoreciendo la mezcla de forma activa. Tanto en el centro de trabajo o estudio -fomentando los intercambios- como en la vivienda. Hay quien ha querido ver en ello una promoción de “matrimonios mixtos”.
Deberá contribuir a dicha mezcla, aluvión o diluvio la lluvia de millones para infraestructuras, con un nuevo proyecto de ferrocarril en marcha, de 2.000 kilómetros, entre Tíbet y Xinjiang. La otra cara de la moneda es que el Tibet no solo ha dejado de ser la región más atrasada de China, sino que ya supera a 10 de las 23 provincias en renta per cápita. Otra cosa es que todos los tibetanos tengan interés en venderse el alma por otro centro comercial y una nueva autopista.
Persecución
Por primera vez habrá sanciones “contra quien obstruya la enseñanza del chino” y quienes fomenten “la inquina entre etnias, el separatismo o el extremismo religioso”
Asimismo, la ley persigue explícitamente el apoyo extranjero “al separatismo”, con la vista puesta, también, en la Región Autónoma Uigur de Xinjiang. Mientras prevé el refuerzo de la identidad china en Hong Kong, Macao y, eventualmente, en Taiwán. Así como salvaguardar “la unidad nacional y la solidaridad entre los pueblos de China”, algo que deja de ser facultativo para convertirse en una obligación.
El proyecto de ley fue esbozado en septiembre y revisado en diciembre. Durante un mes, estuvo expuesto, para que organismos e individuos aportaran comentarios (hubo más de 1.400).
En descargo de la República Popular de China, debe decirse que Chang Kai Chek y el Kuomintang fueron mucho más lejos y de forma mucho más temprana en la imposición de una lengua nacional. Cuando desembarcaron en Taiwán con su República de China, en 1945, el 70% de la población hablaba -a la fuerza- japonés y solo un 10% entendía el mandarín. Hoy hasta los jóvenes independentistas hablan la misma lengua que en Pekín, aunque no le llamen “lengua común” (putonghua) sino “idioma nacional” (guoyu).
Si bien los caracteres chinos son milenarios, el chino estándar que se habla hoy en día tiene poco más de un siglo y tomó como referente el habla de los mandarines pequineses. Se impuso a un mar de dialectos, del mismo modo que el toscano se transformó en italiano. Aún después de la muerte de Mao, menos de la mitad de los chinos sabía hablar en mandarín. Hoy, tras un auténtico esfuerzo de ingeniería social, son el 80%.
Pero cientos de dialectos chinos -y hasta auténticas lenguas, como el cantonés- siguen casi igual de vivos e ininteligibles. Por lo que a muchos chinos les cuesta ver que, lo que les piden a tibetanos, uigures o mongoles, sea un esfuerzo que vaya más allá de lo que sus propias familias hicieron no hace tanto tiempo.
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www.lavanguardia.com





