Las costumbres funerarias que han acompañado a las poblaciones humanas desde los inicios del pensamiento simbólico, aunque de gran riqueza, se han concentrado, sobre todo, en dos grandes modelos: la inhumación y la cremación. Uno de los grandes interrogantes a los que se han enfrentado los investigadores concierne a los huesos calcinados en las piras funerarias. ¿Es posible reconstruir arqueológicamente la postura exacta en la que se depositó el difunto antes de prender las llamas? Arqueólogos y forenses han intentado, con herramientas dispares, arrancarle ese dato al hueso quemado.
Un equipo de la Universidad de Granada, junto a investigadores de la Complutense de Madrid y la Universidad de Jaén, ha decidido encender, literalmente, dos hogueras para poner a prueba un método que combina color y química, con el objetivo de averiguar si el lado del cráneo más expuesto al fuego puede proporcionar datos concluyentes sobre la posición de la cabeza del difunto en la pira.
Un proyecto de arqueología experimental busca reconstruir la posición de los cuerpos cremados en las piras funerarias del pasado.

Dos hogueras, tres cráneos y un enigma
Para llevar a cabo el experimento, los investigadores construyeron dos piras al aire libre, en los terrenos de la Universidad de Granada, en dos momentos cronológicos diferentes. Para alimentarlas, usaron madera de olivo, elegida por la estabilidad de combustión que ofrece y por su presencia habitual en los yacimientos prehistóricos del sur de la península ibérica.
En la primera pira, colocaron una cabeza de cerdo fresca sobre la estructura, junto a medio cráneo seco recogido en Almería. En la segunda, emplazaron otra cabeza animal fresca en la base. Esta diferencia de posición vertical, sumada a las distintas condiciones ambientales de cada jornada, generó dos escenarios de combustión bien diferenciados.
Las cabezas permanecieron tumbadas sobre el lado izquierdo durante todo el proceso. Más de diez observadores registraron, mediante formularios estandarizados, cada cambio visible en la pira, mientras un pirómetro infrarrojo medía la temperatura cada quince minutos. El primer fuego ardió ocho horas; el segundo, más intenso, se consumió en unas cinco.
Para llevar a cabo el experimento, los investigadores construyeron dos piras al aire libre en dos momentos cronológicos diferentes. Para alimentarlas, usaron madera de olivo. En ellas, quemaron cabezas de cerdo.

El lenguaje del color bajo el fuego
Una vez recuperados los restos, el equipo distinguió entre las zonas de contacto directo con las llamas (DCA) y las zonas de contacto indirecto (ICA), según la orientación original en la que se había dispuesto cada cabeza. La hipótesis de partida era sencilla: el lado más expuesto debería calcinarse antes y mostrar tonos más claros.
Para comprobarlo, emplearon un colorímetro que mide tres coordenadas cromáticas: la luminosidad, el eje que va del verde al rojo y el que cubre del azul al amarillo. Tomaron doce muestras por cada fragmento óseo. Las muestras se repartían entre las superficies más claras y más oscuras de cada cara del cráneo.

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Los resultados confirmaron, en parte, la intuición inicial del equipo. La primera cabeza mostró diferencias estadísticamente significativas entre ambos lados, con superficies blancas y calcinadas en la zona de contacto directo, frente a tonos oscuros persistentes en la indirecta. La segunda cabeza, en cambio, solo reveló esa asimetría al considerar también las superficies internas del cráneo, mucho más protegidas por los tejidos blandos.
La hipótesis de partida era sencilla: el lado más expuesto debería calcinarse antes y mostrar tonos más claros.

La huella química que deja la llama
Más allá del color, el equipo recurrió a la espectroscopía de infrarrojos por transformada de Fourier, una técnica capaz de detectar cambios en la estructura química del hueso durante la combustión. Analizaron fragmentos del hueso parietal y temporal de ambos lados en las dos cabezas, además de una muestra del cráneo seco.
Entre los índices estudiados, destacó el llamado factor de desdoblamiento infrarrojo, que informa sobre la cristalinidad del mineral óseo y aumenta cuanto más intensa y prolongada es la exposición térmica. En la primera cabeza, este valor resultó más alto en el lado de contacto directo, tal como predecía la hipótesis de partida. La segunda cabeza, sin embargo, no mostró ningún patrón lateral claro en este ni en otros índices químicos. Esto podría explicarse por un calentamiento más homogéneo derivado de su posición en la base de la pira.
Esta discrepancia llevó a los autores a una conclusión parcial. La técnica química parece ser más sensible a las diferencias térmicas pronunciadas que a las variaciones laterales sutiles. Su utilidad, por tanto, dependerá en buena medida de cómo se haya construido la pira y de qué tan violento haya sido su colapso.
La comparación entre cerdos y humanos, habitual en este tipo de experimentos, no permite extrapolar conclusiones de manera automática a contextos arqueológicos o forenses reales.

Un primer paso para el estudio de los contextos de cremación
Los propios autores insisten en que se trata de un estudio piloto que se ha llevado a cabo con solo tres especímenes y dos hogueras cuyas condiciones de combustión no pueden reproducirse con exactitud. La comparación entre cerdos y humanos, habitual en este tipo de experimentos por la similitud de sus tejidos, tampoco permite extrapolar conclusiones de manera automática a contextos arqueológicos o forenses reales.
Aun con esas reservas, el trabajo demuestra que combinar la observación visual, la colorimetría y la química infrarroja puede aportar indicios valiosos sobre la posición en que yacía un cuerpo antes de arder. Los investigadores ahora tienen como objetivo diseñar experimentos más amplios y controlados, con posiciones corporales variadas y condiciones de combustión homogéneas, para convertir estas primeras pistas en una herramienta verdaderamente fiable para quienes investigan tanto las tumbas milenarias como escenarios de incendios recientes.
Referencias
Becerra Fuello, P., Lescure, J., Lackinger, A., Sedeño Ráez, M., Gámiz Caro, J., y Aranda Jiménez, G. 2026. «Assessing body position through experimental cremation: A pilot study using colorimetry and FTIR-ATR analyses». PLoS One, 21(6), e0351767. DOI: https://doi.org/10.1371/journal.pone.0351767
Fuente:
muyinteresante.okdiario.com



