Ucrania asegura que ha tomado por primera vez una posición rusa empleando solo robots

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Redacción — La actualidad pone nuevamente atención en este caso.

La guerra del futuro hace tiempo que se libra en Ucrania

Desde el uso intensivo de los drones a la adopción de la IA: la contienda europea es escenario de avances tecnológicos que están redefiniendo el mundo bélico. La iniciativa innovadora la lleva Kyiv, fruto de su necesidad de compensar su inferioridad militar frente a Moscú, y ayer Volodímir Zelenski quiso presumir de ello: en un mensaje difundido en redes sociales, el presidente ucraniano anunció que, por primera vez, su ejército ha tomado una posición rusa empleando exclusivamente unidades robotizadas.

Según el mandatario, en la operación intervinieron “vehículos terrestres no tripulados y drones”, y los enemigos se rindieron sin necesidad de que ningún soldado ucraniano se desplegara en el lugar. Todo un hito que evoca escenas de la saga Terminator, si bien los robots empleados por Ucrania tienen poco de humanoide: son vehículos de cuatro ruedas o rodaje tipo oruga que más bien recuerdan a un tractor o a un pequeño tanque, lo que no quita que no sean igual de temibles que los androides de las películas de Arnold Schwarzenegger.

Zelenski también detalló que los sistemas robóticos terrestres han completado más de 22.000 misiones en los primeros tres meses del año. El objetivo principal, recalcó el mandatario, es minimizar el número de bajas. “Se trata de alta tecnología protegiendo el mayor valor: la vida humana”, afirmó. Un punto básico en una guerra que se ha convertido en una prueba de resistencia para Kyiv, que atraviesa serias dificultades para conseguir nuevos efectivos. Tras cuatro años de contienda, el ejército y la ciudadanía están exhaustos. Las deserciones son habituales y los ucranianos en edad de combatir se resisten a acudir el frente. En el último año, se han disparado las agresiones de civiles contra las patrullas de reclutamiento.

En este contexto de fatiga general, no es extraño que los robots –que nunca se cansan y acatan sin rechistar las órdenes de sus superiores– cada vez cobren más importancia. 

Según revelaba recientemente el comandante en jefe del ejército ucraniano, Oleksandr Syrski, los sistemas terrestres no tripulados completaron un 50% más de misiones en marzo respecto al mes anterior. Estos vehículos se utilizaron sobre todo para tareas logísticas, como el reparto de municiones y la evacuación de heridos, aunque también sirven para recabar inteligencia, colocar o retirar minas y abrir fuego –los modelos de asalto disponen de ametralladoras y lanzagranadas–. Dado su creciente uso, su número va en aumento: de las 67 unidades con las que contaba Kyiv a finales del 2025 se ha pasado a las 167 actuales, según datos del Ministerio de Defensa de Ucrania.

Así, operaciones como la descrita por Zelenski cada vez serán más habituales. De hecho, en enero trascendió que un robot terrestre equipado con IA para la detección de objetivos capturó a tres soldados rusos en el frente. El vehículo –un Droid TW-7.62 operado de forma remota– obligó a los enemigos a dejar sus armas sin necesidad de poner en riesgo a los combatientes ucranianos. Ese mismo modelo de robot también ayudó con éxito el pasado marzo a repeler una ofensiva rusa: la máquina neutralizó varios drones y abrió fuego contra unidades de infantería que avanzaban hacia posiciones ucranianas.

Todas estas noticias ayudan a Kyiv a reforzar su perfil de puertas afuera. El Gobierno de Zelenski sigue necesitando ayuda exterior para sufragar la guerra, y más teniendo en cuenta que, tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, EE.UU. ha dejado de ser un aliado fiable. Presentándose al mundo como una potencia militar de primer orden, Ucrania puede establecer nuevas relaciones que le permitan sanear las cuentas: por ejemplo, las petromonarquías del Golfo, ahora en aprietos por los ataques de Irán, ya han mostrado su disposición a invertir en el país a cambio de acceder a su tecnología bélica. Un buen negocio para todos.

Periodista. Redactor de Internacional de La Vanguardia.


Fuente:

www.lavanguardia.com

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