InicioMundoSir Keir Starmer, una muerte laborista a cámara lenta

Sir Keir Starmer, una muerte laborista a cámara lenta

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El seppuku de los samuráis japoneses (un doloroso corte en el abdomen con una daga, vestidos con ropas rituales blancas y escribiendo un poema de despedida) no era una forma cualquiera de quitarse la vida, sino una muerte honorable para evitar ser hecho prisionero, pagar por el fracaso, demostrar lealtad, valentía y autocontrol. Fue prohibido a finales del siglo XIX pero aunque no fuera así, y a pesar de su romanticismo, no hay nada más lejos de la voluntad del primer ministro británico Keir Starmer que hacerse el harakiri.

Más que como un guerrero medieval japonés, Starmer responde a los errores, los percances, las crisis y los contratiempos como Felipito Takatún, un personaje torpón pero simpático creado por el humorista argentino Joe Rigoli en la España de la transición, que decía “yo sigo” como un latiguillo cada vez que metía la pata, y la frase se convirtió en un fenómeno cultural para expresar la determinación de seguir contra viento y marea sin dejarse amedrentar.

Starmer no hace ni dos años que fue elegido primer ministro del Reino Unido por mayoría absoluta, pero se ha pasado casi todo el tiempo diciendo “yo sigo” en medio de un desplome sin precedentes de popularidad, ante el enfado de los votantes, las críticas feroces de la prensa (tanto conservadora como progresista) y el acecho de sus rivales al trono. Su plan es volver a decirlo el viernes, cuando no tenga más remedio que entonar el mea culpa por lo que se espera que sean unos resultados catastróficos para el Labour en las elecciones autonómicas y municipales.

La del jueves es una novela de tres capítulos, con prólogo y epílogo. El prólogo es el hundimiento del laborismo desde que se impuso en los comicios de julio del 2024 (los de la llamada “mayoría sin amor”), porque era el vehículo que los británicos tenían a mano para deshacerse de los conservadores después de catorce años marcados por la austeridad, la guerra civil que fue el Brexit, la exacerbación del nacionalismo, la corrupción, los escándalos sexuales y financieros, las fiestas ilegales de la pandemia, el desmadre del gasto público y el estancamiento económico. Después de personajes tan insulsos como David Cameron y Theresa May, tan caóticos como Liz Truss, tan estrambóticos como Boris Johnson y tan de transición como Rishi Sunak, los votantes se entregaron en brazos de Starmer pensando que las cosas no podían ser peor.

Los sondeos indican que el Labour perderá tres de cada cuatro concejales municipales en toda Inglaterra

Pero en dos años han sido igual o peor, empezando con la absurda decisión de suprimir las ayudas de los jubilados para pagar la calefacción (un gesto dirigido a los mercados que apenas aportó nada al erario público) hasta el nombramiento del conflictivo ex ministro Peter Mandelson para pelotear a Trump, una cruz que lleva Starmer y que todavía puede dar mucho juego. Todo ello envuelto en pequeñas corruptelas como aceptar entradas y regalos, tumbos, innumerables marchas atrás, divisiones internas y una falta absoluta de visión y de mansaje.

Así llega el Gobierno Starmer a las elecciones del próximo jueves, con sus tres capítulos. El primero son las municipales en Inglaterra, en las que las encuestas sugieren que perderá tres cuartas partes de los concejales que tiene ante la ultraderecha (Reforma UK), la izquierda (Verdes) y el centro (liberales demócratas), pero no ante los conservadores, tan hundidos como el Labour y que bajo el liderazgo de Kemi Badenoch no levantan cabeza. Sus pecados han sido demasiado graves como para que les sean perdonados con un padrenuestro y dos avemarías.

Starmer ha tenido que lidiar con dimisiones, escándalos y un puño de hierro oxidado desde el inicio de su mandato (Leon Neal/Pool Photo via AP)
Starmer ha tenido que lidiar con dimisiones, escándalos y un puño de hierro oxidado desde el inicio de su mandato (Leon Neal/Pool Photo via AP)Leon Neal / Ap-LaPresse

El segundo capítulo de la saga es Gales, donde el Labour es el partido mayoritario desde hace un siglo y ha ganado todas las elecciones desde la autonomía en 1999. Sería una hecatombe -y fácilmente puede ocurrir- que los nacionalistas de Plaid Cymru sean el grupo más votado y gobiernen en coalición, con el objetivo de celebrar un referéndum de independencia antes de cinco años. Gales se siente ninguneado por Londres, que le da el dinero que quiere, tiene la peor educación, índices de pobreza y sanidad pública del Reino Unido, y el laborismo ha perdido la lealtad tribal de los trabajadores de las minas de carbón y las fábricas de acero. Un tecnócrata frío como Starmer no suscita ninguna pasión. Cuando lo que se promete es sólo una buena gestión, si no lo es hay un problema.

El tercer capítulo es Escocia, donde el SNP, a pesar de todos sus problemas (escándalos financieros, la dimisión de Nicola Sturgeon, la vía muerta del independentismo…) y el desgaste inevitable de tres décadas en el poder, es el gran favorito para ganar unas quintas elecciones consecutivas aprovechando el hundimiento del Labour y la división del voto unionista con la aparición en el escenario de la ultraderecha (Reforma), que de la nada podría pasar al segundo lugar y llevarse hasta un 20% de votos con un mensaje anti inmigración que cala en los guetos urbanos de Glasgow.

El SNP es favorito en Escocia y el Labour puede perder unas elecciones en Gales por primera vez en un siglo

El epílogo será lo que pase con Starmer y si será suficiente con decir “yo sigo”, y que el actual contexto de guerra y crisis económica global no es el mejor momento para cambiar de líder. El Labour llegó al poder prometiendo un conductor profesional y maduro después de las locuras conservadoras al volante, pero su vehículo se ha quedado parado en la cuneta, echando humo por el motor, con las gomas pinchadas y los cristales rotos. Necesita que su batería sea activada con un gran golpe de efecto (una campaña para regresar a la UE, la introducción de la representación proporcional, la reforma del Estado de bienestar…) pero Starmer es demasiado tímido para ello. Circulan todo tipo de rumores sobre un intento de golpe para que acepte una fecha de caducidad y una transición ordenada si los resultados son tan malos como se espera.

Los dinosaurios se extinguieron hace 66 millones de años al caer un asteroide en el Yucatán y provocar un invierno nuclear que bloqueó la luz solar y colapsó la cadena alimenticia. El Labour (y también los tories) se enfrentan esta semana no sólo a una derrota electoral, sino al fin del bipartidismo y el peligro de extinción.

Rafael Ramos

Abogado y periodista. Corresponsal de ‘La Vanguardia’ en Washington entre 1977 y 1994, y en Londres desde 1994.


Fuente:

www.lavanguardia.com

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