¿Qué es realmente un tiburón? Un nuevo análisis genético pone en duda lo que creíamos saber hasta ahora

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Hay palabras que parecen sólidas, inamovibles, casi tan antiguas como los animales que describen. “Tiburón” es una de ellas. La usamos para hablar del gran tiburón blanco, del tiburón ballena, del marrajo o del tiburón duende como si todos formasen un bloque biológico evidente, una misma gran familia con una historia compartida. Pero la biología evolutiva tiene una costumbre incómoda: cuando por fin se mira con suficiente detalle, lo que parecía simple suele deshacerse.

Eso es, precisamente, lo que acaba de ocurrir con uno de los grupos más icónicos del océano. Un nuevo trabajo liderado por investigadores de Yale y difundido como prepublicación en bioRxiv ha vuelto a abrir una de las discusiones más antiguas de la zoología marina: si todos los tiburones pertenecen realmente a una única rama evolutiva o si algunos de ellos han sido colocados juntos por pura costumbre.

Y la pregunta no es menor. No afecta solo a cómo ordenamos animales en un esquema académico. También toca el modo en que entendemos la evolución de las mandíbulas, la historia de los grandes depredadores marinos e incluso qué linajes conservan hoy una parte más antigua y vulnerable de la biodiversidad del planeta.

Un rompecabezas con más de 400 millones de años

Los tiburones, las rayas, las mantas, los peces sierra, las quimeras y sus parientes forman parte de los condrictios, un grupo de vertebrados con esqueleto cartilaginoso cuya historia se remonta a al menos 439 millones de años. Son, en términos evolutivos, uno de los grandes pilares de la fauna con mandíbula.

Sin embargo, y esto resulta casi paradójico, seguimos sin tener del todo claro cómo se relacionan entre sí sus grandes linajes actuales. Durante décadas, la imagen más aceptada ha sido relativamente cómoda. Por un lado, los tiburones; por otro, rayas y mantas; y en una rama aparte, las quimeras. Ordenado, intuitivo, casi escolar.

El problema es que la evolución rara vez respeta lo intuitivo.

Tal y como indica el nuevo trabajo, las zonas más profundas del árbol evolutivo de estos animales siguen siendo sorprendentemente difíciles de resolver, incluso ahora que la genómica permite comparar enormes cantidades de ADN entre especies. Y cuando se analizan esos datos con suficiente amplitud, empiezan a aparecer grietas en la versión clásica.

Un análisis filogenómico revela las relaciones evolutivas entre los peces cartilaginosos
Un análisis filogenómico revela las relaciones evolutivas entre los peces cartilaginosos. Fuente: bioRxiv (2026)

Cuando el ADN no cuenta una sola historia

Uno de los aspectos más interesantes del trabajo es que no se limita a leer “más genes”, sino que compara distintos tipos de información genética extraída de 48 genomas de tiburones, rayas, quimeras y otros peces cartilaginosos representativos de los grandes grupos vivos.

Y ahí aparece el verdadero giro. Porque no todas las regiones del genoma cuentan la misma historia evolutiva.

Un abejorro común posado sobre una flor artificial de laboratorio

Un experimento con abejorros acaba de revelar una capacidad que la ciencia creía reservada a animales mucho más complejos

Por un lado, los exones —fragmentos de ADN que codifican proteínas— respaldan la idea tradicional: los tiburones formarían un grupo natural, con un ancestro común exclusivo. Pero, por otro, los llamados elementos ultraconservados del genoma dibujan un escenario mucho más desconcertante. En ese árbol alternativo, uno de los linajes más extraños y primitivos de tiburones se separa antes que el resto y queda como grupo hermano de todos los demás elasmobranquios.

Dicho de otro modo: si esa hipótesis es correcta, no todos los tiburones estarían más emparentados entre sí que con rayas y mantas.

Los tiburones más raros podrían ser la clave

Aquí entran en escena dos animales que rara vez protagonizan titulares, pero que podrían obligar a reescribir parte del relato evolutivo marino: los tiburones de seis y siete branquias y los tiburones anguila o cañabota, integrados en el grupo Hexanchiformes.

A diferencia de la mayoría de tiburones modernos, estos animales conservan rasgos muy antiguos. Tienen seis o siete pares de hendiduras branquiales en lugar de cinco, cuerpos alargados, aspecto casi fósil y una arquitectura mandibular considerada ancestral dentro de los peces cartilaginosos.

Hasta ahora se asumía que eran, simplemente, tiburones muy primitivos dentro del gran linaje de los tiburones. Pero tal y como ha revelado el estudio, también podrían ser algo más incómodo para la clasificación clásica: una rama separada muy cerca de la base del árbol, anterior a la gran diversificación del resto.

Eso no significa que “dejen de ser tiburones” en el sentido cotidiano. Pero sí que la palabra podría estar ocultando una mezcla de linajes más compleja de lo que parecía.

La sorpresa llega tarde, pero cambia mucho

Y aquí está el verdadero hallazgo: el estudio pone en duda que “tiburón” sea una categoría evolutiva limpia.

Ese es el punto que transforma una discusión técnica en una noticia de calado. Porque si Hexanchiformes quedó fuera del grupo de todos los demás tiburones, entonces hay dos opciones igual de provocadoras. O bien los tiburones no forman un grupo natural, o bien rayas y mantas tendrían que considerarse, en un sentido evolutivo estricto, otro tipo de tiburón.

La idea suena extraña, pero no sería la primera vez que la biología obliga a revisar etiquetas profundamente arraigadas. Ya ha ocurrido con reptiles y aves, con peces óseos y tetrápodos, e incluso con categorías que parecían de sentido común.

Reconstrucción temporal del árbol evolutivo de los vertebrados cartilaginosos
Reconstrucción temporal del árbol evolutivo de los vertebrados cartilaginosos. Fuente: bioRxiv (2026)

Lo que sí parece más claro: cuándo explotó su diversidad

Más allá de esa gran incógnita, el estudio sí deja una imagen bastante robusta de su historia profunda. Tal y como adelanta el trabajo, la gran diversificación de los linajes modernos de tiburones, rayas y afines parece concentrarse en el Mesozoico, especialmente en el Jurásico.

Eso encaja con una época de intensa reorganización de los ecosistemas marinos, cuando cambiaron las redes tróficas, se multiplicaron nuevos tipos de depredadores y comenzaron a consolidarse muchos de los protagonistas del océano moderno.

También refuerza otra idea sugerente: algunos de los linajes más raros y discretos que sobreviven hoy en aguas profundas podrían representar ramas extraordinariamente antiguas de la historia vertebrada. Es decir, no solo especies curiosas, sino auténticos archivos vivientes de la evolución.

Y eso tiene una consecuencia inmediata. Y es que conservarlos no es solo proteger fauna marina, sino preservar capítulos enteros de la historia de la vida.

Descubren que los tiburones “hacen amigos” y mantienen relaciones sociales, desafiando todo lo que creíamos sobre ellos

Eugenio M. Fernández Aguilar

Un nombre muy conocido, una historia mucho menos simple

En ciencia, pocas cosas resultan tan fértiles como una palabra aparentemente sencilla que deja de serlo. “Tiburón” podría ser una de ellas.

Todavía no hay una sentencia definitiva. El estudio aún es una prepublicación y el propio trabajo reconoce que este nodo del árbol evolutivo sigue siendo especialmente difícil de resolver. Pero el mensaje de fondo ya es potente: incluso en uno de los grupos animales más famosos del planeta, seguimos descubriendo que la naturaleza es más enrevesada, más antigua y más fascinante de lo que nuestras etiquetas habían permitido ver.

Referencias

Phylogenomics and the origins of sharks Chase Doran Brownstein, Thomas J. Near bioRxiv 2026.02.13.705779; doi: 10.64898/2026.02.13.705779


Fuente:

muyinteresante.okdiario.com

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