Con una pregunta directa, la viñeta titulada “¿Dónde me llevas, Santiago?” sitúa de nuevo a Peridis en un terreno reconocible de su trabajo gráfico: la condensación de una inquietud pública en una frase breve, apoyada en una referencia cultural compartida. El título no ofrece una respuesta cerrada, sino que desplaza la atención hacia el camino, el destino y la autoridad simbólica de quien guía. En ese gesto reside buena parte de la eficacia del humor gráfico cuando no busca explicar una noticia, sino abrir una lectura sobre el presente.
José María Pérez Peridis es una figura singular en la cultura española por la convivencia de varias facetas profesionales: arquitecto, dibujante y escritor. Su trayectoria en la viñeta política se ha caracterizado por el uso de símbolos históricos, religiosos y sociales para abordar debates contemporáneos sin depender necesariamente de una literalidad inmediata. En esta ocasión, la apelación a Santiago reúne un nombre propio cargado de resonancias y una pregunta que remite a la dirección colectiva, un motivo frecuente en momentos de incertidumbre pública.
La referencia a Santiago activa un campo de significados especialmente amplio en España. Puede remitir al apóstol, a la ciudad gallega y al Camino de Santiago, una ruta de peregrinación que forma parte del patrimonio cultural europeo y que cuenta con información institucional en el portal oficial del Camino de Santiago. Ese trasfondo da a la pregunta una densidad que va más allá de la anécdota: preguntar “dónde” no es solo interrogar un destino físico, sino también una orientación moral, política o social.
El interés de la pieza está precisamente en esa economía expresiva. La viñeta periodística opera con recursos distintos a los de una crónica: no enumera hechos ni desarrolla una argumentación extensa, pero puede fijar una imagen o una frase capaz de circular en el debate público. En un ecosistema informativo saturado, el trabajo de autores como Peridis mantiene vigencia porque obliga al lector a detenerse y completar el sentido con su propio contexto. “¿Dónde me llevas, Santiago?” queda así como una formulación abierta, anclada en una referencia reconocible y disponible para varias capas de interpretación.




