Este viernes 17 de abril, las cinco hijas de Bernarda Alba bailarán sobre el escenario del teatro Martín i Soler, en Les Arts, Valencia. Angustias, Magdalena, Amelia, Martirio y Adela, interpretadas por Tai Danza, darán cuerpo y movimiento al encierro. Inspiradas en la versión … de Mats Ek (1978) de la obra de Federico García Lorca, Meritxell Barberá e Inma García trabajaron con la guionista y directora de cine Paula Ortiz para dotar de texto y palabra la recreación coreográfica del mundo lorquiano.
Paula Ortiz conoce muy de cerca el pálpito de la tragedia y la poética del granaíno, así lo demostró no sólo con su largometraje ‘La novia’, una versión de ‘Bodas de sangre’ protagonizada por Inma Cuesta, Álex García, Leticia Dolera y Asier Etxeandia, sino también con una investigación profunda y poderosa de la iconografía estética y literaria del mundo constituido en su obra. Sobre este montaje, que se representará en los Teatros Canal, en Madrid los días 28 y 29 de abril, conversa la directora en esta entrevista.
—¿Le propusieron el proyecto o se interesó usted?
—Me lo pidieron. Querían hacer un montaje sobre las hijas de Bernarda, no sobre la obra en sí, sino sobre los personajes: mujeres sometidas al encierro y cómo eso podía evolucionar hacia un proceso de investigación en danza. El tema era el encierro, el cuerpo y todo lo que eso implica. Me preguntaron si podía aportar textos, al principio más cercanos a Federico García Lorca y a su época. Luego acabé escribiendo textos propios, inspirados en ese espíritu.
—¿Cómo abordó el trabajo textual? ¿Preparó la dramaturgia?
—No exactamente. Solo escribí los textos. Fue un trabajo muy colaborativo. Meritxell y Inma, ya tenían un planteamiento coreográfico. Me mostraron trabajos anteriores, como un montaje sobre Judith en espacios arquitectónicos muy particulares. A partir de ahí, me plantearon sus ideas: mujeres en encierro, duelo, luto, la tiranía de Bernarda, incluso esa dimensión simbólica y casi profética fratricida que hay en Lorca. Con todo eso, me pidieron textos. Al principio llevé textos de Lorca, de autores contemporáneos y de mujeres de la época. También materiales vinculados al contexto histórico. Tomé notas para mí misma, como una especie de prosa poética para ubicarme. No pensaba enviarlas, pero se me olvidó quitarlas. Y ellas me dijeron: «Queremos esos textos, desarróllalos». Así surgieron los textos finales. Ellas los integraron en el tejido coreográfico.
—¿Llegó a trabajar directamente con el cuerpo de baile?
—No. Pero sí recuperé mi relación con la danza. Hacía años que la había dejado, y me apunté a clases para reconectar con el cuerpo y entender mejor el lenguaje que estaba trabajando. Fue un redescubrimiento muy potente.
—¿Puede haber algo más violento que Lorca y el cuerpo?
—El resultado es muy hermoso. La autoría final es de Meritxell y del equipo de Taia Danza. Han creado un espectáculo muy especial, además pensado para un momento concreto, casi irrepetible.
La cineasta y guionista Paula Ortíz.
(Matías Nieto)
—¿Hubo algún personaje que se impusiera sobre las demás?
—Sí, inevitablemente Adela. Por lo que representa: la libertad, la rebeldía, su destino trágico. Ese impulso se traducía también en el movimiento. Ellas mezclan danza contemporánea, flamenco y elementos de danza clásica. Es un sincretismo muy interesante. Con el tiempo, también aparecieron los espíritus de otros personajes: Martirio, Amelia… aunque de forma más difusa. Y, sobre todo, las sensaciones comunes: rutina, encierro, violencia, lo religioso.
—¿Se puede hacer un Lorca sin caer en lo «lorquiano»?
—Sí, pero sin renunciar a sus raíces. El elemento andaluz está ahí, también el flamenco. Pero al mismo tiempo, Lorca permite una abstracción que lo atraviesa todo. Su musicalidad es fundamental: el verso lorquiano está lleno de ritmo, y eso dialoga muy bien con la danza.
—¿Cuándo surge este proyecto?
—A finales de 2024, mientras estaba con ‘La Virgen Roja’. Luego los textos vinieron más tarde, ya con el proyecto en marcha.
—¿Le gustaría dirigir teatro?
—Mucho. Y también una ópera.
—¿Qué tiene el escenario que no tenga el cine?
—La presencia. Es irreemplazable. La vida ocurriendo delante de ti. El cine te da cercanía, pero el teatro tiene algo mágico, inmediato. Y también me interesa mucho su capacidad de abstracción. Desde pequeña me fascinaban los títeres, esa posibilidad poética con elementos mínimos.
—Su trabajo suele centrarse en personajes complejos, desde Hemingway o Santa Teresa hasta Hildegarth Rodríguez. ¿Cómo se acerca a ellos?
—Desde la palabra. Ahí aparece la grieta, la herida. En Lorca, esa herida ya está antes de la tragedia.
—Lorca es una constante en su obra.
—Sí. Hay autores que forman parte de ti. Para mí, Lorca es casi como una necesidad vital, como una vitamina. Igual que Santa Teresa.
—¿La idea del encierro conecta con nuestro tiempo?
—Sí. Tiene que ver con la libertad, tanto individual como colectiva. Es una de las grandes preguntas de nuestro tiempo.
—¿Ser mujer es una jaula?
—Ser humano es una jaula.
—¿Se plantea publicar estos textos?
—No lo sé. Pertenecen a la compañía. Son textos breves, muy poéticos. Pero fue un proceso muy hermoso.
Fuente:
www.abc.es



