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Muere a los 91 años Gemma Cuervo, una dama de la escena española

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Celín Cebrián | @celincebrianvaliente

Gemma Cuervo Ygartúa. Fue una de las grandes, siendo uno de sus papeles más destacados el de la icónica Vicenta Benito en la serie Aquí no hay quien viva. Nacida en 1934, en la ciudad de Barcelona, cuando contaba con dos años, falleció su padre, que era militar. Este hecho marcó su vida para siempre. Eran los comienzos de la Guerra Civil Española. Pero, con el tiempo, ayudada por su madre y por sus tías, no perdió sus inquietudes artísticas: -“Yo nací con el veneno del teatro puesto”. Interrumpió sus estudios de gestión de empresas para dedicarse a la actuación. Se formó en el Teatro Español Universitario de su ciudad natal. Debutó como profesional en Madrid, en 1956, con la obra Harvey, de Mary Chace, dirigida por Adolfo Marsillach, en la que su actuación cosechó unas críticas excelentes. Más tarde, se incorporó a la Compañía Lope de Vega, con José Tamayo Rivas. Desde entonces, no ha dejado de entrar y salir en el escenario, en ese mundo lleno de personajes, todos diferentes.

Ha pasado mucho tiempo, muchísimo, desde que se subiera por primera vez a un escenario con Los amores de don Perlimplín con Belisa en su jardín. Siempre brilló aunque fuera con registros muy distintos

Pertenecía a esa generación de intérpretes que querían cambiar el mundo. Con su voz inconfundible, la elegancia de sus gestos…, a lo que sumar su manera de interiorizar cada papel, consiguió ser única, por muchas cosas, pero sobre todo porque ejerció su oficio con un gran compromiso, un oficio que no siempre fue dignificado por la sociedad. Así lo confesó en una entrevista, en 1967, al diario Informaciones: -“Me gustaría que nuestra profesión tomara un cariz más serio, que pudiera ser considerada como algo sólido, que fuera una auténtica carrera…, que se pida, por no decir que se exija, que los que lleguen a ella tengan una fuerte preparación intelectual”. 

En 1969 formó una compañía propia junto a su marido, Fernando Guillén. Se conocieron en 1960, cuando coincidieron en el espectáculo de José Tamayo y formaron una de las parejas más admiradas de la cultura española, presidida por la libertad y el respeto, que le dio al teatro algunos de los montajes más arriesgados de la época, como El malentendido, de Albert Camus (1969), o de dramaturgos de la talla de Shakespeare…, Sartre, con su obra Los secuestrados de Altona, Edward Albee, con Todo en el jardín… También algo de Ana Diosdado… Obras que llevaron por todo el territorio nacional y que representaron en el extranjero. Eran tiempos convulsos, especialmente para la mujer. Había que enfrentarse a la censura de la época. Gemma logró situarse en aquella realidad como madre y empresaria. La idea de crear una compañía fue, sobre todo, para poder traer a España esos textos que no llegaban, debido a la dictadura. Textos modernos, incluso textos muy políticos, que, por fin, cambiaran en algo la escena teatral de nuestro país. A partir de ahí, no dejaron de trabajar en la producción de obras. Esto trajo consigo que, al clan Guillén-Cuervo, le apodaran cariñosamente “los Burton españoles”: -“He trabajado muchísimo durante toda mi vida. Por suerte, con papeles de gran calidad. Si hacía falta, trabajaba de noche y de día. Mi trabajo era muy importante para mí. Eso sí, sin olvidarme de mis tres hijos y de mi marido”, declaró la actriz en una entrevista para la Academia de Cine. Sobre todo en una época en la que la palabra “conciliación” no se había puesto de moda, porque criar a tres niños teniendo que hacer dos funciones diarias eran palabras mayores. Entre sus obras destacan: Los siete infantes de Lara y El castigo sin venganza, de Lope de Vega; Águila de Blasón, de Valle Inclán; o como la Marilyn, en Los hijos de Kennedy, de Robert Patrick, y dirigida por Ángel García Montero (1977); Bodas de Sangre, de Federico García Lorca, bajo la dirección de José Luis Gómez (1985); la solitaria mujer de Las damas de los jueves, a las órdenes de Manuel Collado (1988); Orinoco (1987) y La Celestina, de Fernando de Rojas, conducida en este caso por Paco Serrano. Un día llegó a decir que” el teatro era un maestro del día a día y una cura del alma”, y, aunque hizo uno de los mejores papeles femeninos de la historia del cine español y en una de las mejores películas de aquellos años, sin embargo, en el cine no le fue bien ni lo tuvo tan fácil. Hablamos de la película El mundo sigue, de 1963, dirigida por Fernando Fernán Gómez, un filme fantástico y con una crítica al patriarcado franquista en la que Gemma Cuervo interpretaba a una mujer que quería ser libre, que no quería casarse y depender de su padre o de un hombre. Cuenta la historia de una familia en aquel Madrid, compuesta por un guardia municipal, su abnegada esposa, un hijo que siempre nos lo encontramos rezando pero que no logra terminar su educación en el seminario, y dos hijas que profesan un oído cainita, casi como el que había entre las dos Españas. Se estrenó dos años después, pero en muy pocos cines. La censura hizo mella en aquella cinta. Fue años después cuando la película fue restaurada y puesta en el lugar que le correspondía en el cine español. 

Gemma Cuervo era querida por la crítica y el público. Triunfó en todos los ámbitos de la interpretación. A su reconocida carrera teatral, se le sumó una interesante trayectoria en televisión, donde debutó en 1963 , con la obra de los Hermanos Quintero Don Juan de Mañana y en riguroso directo. Al fin y al cabo, se trataba de dar lo mejor de sí misma, arropada por esos personajes que ella se preparaba con rigor y que después interpretaba a la perfección, de manera magistral. De ahí que no tardaran en llegar otros programas, como Estudio 1, con Las brujas de Salem o Historias para no dormir. 

Se formó en canto y en técnica vocal con Luigi Canalda, recibiendo los elogios de la crítica por su capacidad a la hora de interpretar textos filosóficos complejos. En la década de los años 70 intervino en dos radionovelas con el cuadro de actores de Radio Madrid en Los Miserables, de Víctor Hugo y Resurrección, de Tolstói. En la década de los setenta y ochenta realizó varias giras por Venezuela y México. Pero la gran popularidad la alcanzó en 2003 por su papel de la ingenua, soltera y excéntrica anciana Vicenta en la serie de Antena 3 Aquí no hay quien viva, en la que se forma un trío de abuelas jubiladas, junto a las actrices Mariví Bilbao y Emma Penella. Una serie a la que, años después, se sumó María Teresa Valverde, que estuvo hasta su cuarta temporada. En la serie se reflejaba el poderío cómico de Gemma Cuervo. Otras intervenciones televisivas fueron en Médico de familia y Cuéntame. Su último papel teatral fue en La celestina, en 2011. En total, apareció en más de 100 obras de teatro, 30 series de televisión y más de 60 películas. En 2024, prestó su voz al personaje de Nostalgia en Inside Out 2. Una de sus últimas apariciones públicas fue en el programa de entrevistas La Revuelta, el 19 de noviembre de 2025. 

En cuanto al cine…, hizo muchas cosas, entre ellas ese cine popular como Vente a Alemania, Pepe, La vida es maravillosa, ambas de Pedro Lazaga; Historia de una chica sola (Cántico), de Jorge Grau; o Best-seller: el premio, de Carlos Pérez Ferre. Pero siempre compaginó el cine y la televisión con el teatro. Incluso en los últimos años trabajó con Fernando Trueba en La reina de España, aunque su última película fue una comedia, La reina del convento, en la que pudo trabajar ya colgada del oxígeno, del que en los últimos años dependía. 

Pero, como ella aseguraba, el mayor premio de su trabajo era haber crecido con él, haber dado su cuerpo, su voz y su alma a tantas y tantas mujeres diferentes, que, a menudo, habían sido silenciadas. Así lo atestiguó en un artículo publicado en 2012 en La Opinión de Murcia: – “Lo que pasa es que yo tengo mucho carácter y jamás me he dejado ningunear. Me he tenido que defender porque la sociedad machista en la que vivimos te utiliza. Yo me di cuenta desde que abrí los ojos, siendo muy jovencita, y empecé a luchar”. Un feminismo que seguía latente en ella como lo demostró en su discurso el día que recogió la Medalla de Plata de la Comunidad de Madrid en mayo del 2018. Otros premios fueron: el Premio Max de Honor y el Nacional de Teatro (1965). También fue la primera en ganar un premio Ondas, así como el de la Unión de Actores y Actrices, un homenaje de todos sus compañeros, para los que la actriz tuvo palabras de agradecimiento hasta el final.

Ha pasado mucho tiempo, muchísimo, desde que se subiera por primera vez a un escenario con Los amores de don Perlimplín con Belisa en su jardín. Siempre brilló aunque fuera con registros muy distintos, ya fuera con el teatro clásico o la comedia televisiva. Su nombre está ligado a los grandes títulos, a las obras más emblemáticas del panorama artístico, pero también a una manera de estar en escena, de interpretar…, por su entrega, por su disciplina y por su humanidad. 


Source:

www.nuevatribuna.es

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