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‘Memorias de un maca’: un chaval de Pamplona en los años 50

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1. El autor, José Ramón Urtasun

La actividad de José Ramón Urtasun (Pamplona, 1945) siempre ha estado relacionada con las causas populares. Como activista e ilustrador, ha estado al servicio de los movimientos populares, entre otros, el colectivo KONTUZ!, contra la corrupción; formó parte de la iniciativa Ciudadana para la Defensa del Patrimonio, una de cuyas denuncias paralizó las obras de la Plaza del Castillo, y, especialmente, su implicación a favor de las víctimas del golpe de 1936, colaborando con las asociaciones memorialistas. 

1. El autor, José Ramón Urtasun

2. Una infancia robada

3. Ámbitos retratados y escritos 

4. Del pincel ala pluma, y viceversa

5. Valores indiscutibles de la obra 

Varios libros recogen su trabajo: No os olvidaremos. Navarra 1936, complementado con una impresionante exposición de pinturas-murales que recorrió numerosas localidades en Navarra y el Estado. Memoria poética, obra colectiva en torno a los cuadros de la exposición o Simbología golpista en Navarra.

El impacto de su obra no pasó desapercibido. En 2016, el “popular” Jaime Ignacio del Burgo se querelló contra el pintor por supuestos agravios familiares en la exposición sobre 1936. En 2018, la exposición, “Esperanza, conspiración y muerte en la retaguardia” sufrió en la localidad andaluza de Salobreña una agresión, en la que algunas de sus pinturas aparecieron rajadas.

El cuadro violentado representaba la imagen en la que el juez navarro Luís Elío era detenido por los golpistas y abraza a sus hijas despidiéndose de estas.

También fue asaltada su exposición en la localidad de Corella (Navarra). 

2. Una infancia robada

Memorias de un maca son unas evocaciones intensas vividas en la la Pamplona del racionamiento. Y, a pesar de que sus circunstancias, su pensamiento, sus referentes históricos y la descripción minuciosa de la época de la autarquía impuesta por el golpismo triunfante, giran alrededor de la capital navarra pueden tomarse como un retrato fidedigno de cualquier ciudad de la postguerra española. Excepto los nombres de los protagonistas y de los edificios y calles propios de Pamplona, el resto se acomoda perfectamente a lo que muchas personas de la edad del protagonista vivieron en sus pueblos y ciudades. Pues si alguna característica funesta tuvo el franquismo fue arrasar precisamente con la diversidad y pluralidad de la población española.

Por tanto, Memorias de un maca: Un chaval de Pamplona en los años 50 (Editorial Pamiela, 2026) es una obra que trasciende la mera autobiografía para convertirse en un ejercicio de memoria democrática y justicia históricas aplicable a cualquier territorio español. Se trata de un relato descarnado sobre la supervivencia y la explotación en la Navarra de la posguerra y, más exactamente, en el período llamado Racionamiento franquista, empezado en 1939 y terminado, oficialmente, en 1952, aunque sus efectos colaterales se extenderían hasta bien entrados los 60. 

Por decirlo de forma analógica, asistimos a una evocación del pasado reciente de Pamplona que recuerda la tesis de la película La Parada de los Monstruos (Freaks), de Tod Browning de 1932. Como en la película, estas memorias reflejan la “monstruosidad de una época”, cuya deformidad no lo encontraremos en el físico o apariencia de las personas, sino en su cerebro, en la conformación interior de su pensamiento y la forma de plasmarlo en la práctica.

Estos monstruos fueron capaces de hacer cualquier cosa para conseguir sus intereses sin importarles el daño causado a su alrededor, aunque, los damnificados fueran niños. Y si algo atestigua la obra es que la época del racionamiento produjo muchos monstruos de esta naturaleza. En la película de Browning, el protagonista era un enano que se vengaba junto con sus compañeros de un circo con alguna anomalía física, matando a quien era un monstruo de verdad a pesar de poseer una belleza física incuestionable. 

El autor, siendo niño, vio pasar delante de sus ojos este tipo de monstruos, terminando por vengarse de forma incruenta de esa época maldita y, en especial, de quienes hicieron que muchos niños como él tuvieran una infancia desolada. Y lo consigue con la escritura y la pintura. Pues, el autor goza de la cualidad sobresaliente de pintar como escribe y de escribir como pinta. 

Sus cuadros, murales impactantes, se pueden leer y su escritura mirar, pues sus páginas son un destilado descriptivo, casi biológico. De la ciudad se describen olores, ruidos, cachivaches y máquinas y olvidadas con una minuciosidad de orfebre. Escribe para explicar un cuadro y, al mismo tiempo, este nos ofrece la presencia literal de un texto previo. No solo escribe cuando escribe, también, pinta. Para él, la palabra, al igual que el óleo, es materia maleable. Ir de la pintura a la página y de esta a la pintura es un movimiento creativo que se da en la creación artística con bastante frecuencia En términos técnicos, dicho recurso se denomina écfrasis e hipotiposis respectivamente. El autor de estas memorias utiliza dichos recursos literarios con una habilidad natural, y ello sin tener noticia de la existencia de tales mecanismos creativos.

Las agudas reflexiones del libro se centran en la experiencia vital de los «macas», niños aprendices que eran, en palabras del autor, «víctimas de un sistema tenebroso» y el «lumpen que se necesitaba para engrasar las máquinas de las empresas». Dos planos en los que su autor introduce su experiencia y la de quienes conformaron su entorno más íntimos y, muy en especial, su propia familia, a la que homenajea con unas páginas soberbias sin caer en el melodrama ni en la cursilería.

3. Ámbitos retratados y escritos 

La mirada escudriñadora de este narrador, a veces, testigo y otras omnisciente, se centra en tres espacios formaron la atmósfera nebulosa en la vida de este “maca” despierto, observador, disciplinado y, sobre todo, muy consciente del tiempo que le había tocado vivir.

El entorno social y político. La obra describe una Pamplona dividida como una fatalidad entre ricos y pobres, fruto sectario de la guerra civil, donde convivían sin ósmosis alguna la opulencia de la «zona nacional» del II Ensanche y la miseria de las infraviviendas, donde habitaban las familias obreras en condiciones nada recomendables. De una manera gráfica y contundente se denuncia el control férreo de las instituciones golpistas y la especulación inmobiliaria de los vencedores.

La religión como instrumento de control. El autor retrata una sociedad dominada por un nacionalcatolicismo absorbente, donde creció «entre sotanas malvadas» y bajo un sistema educativo basado en el temor a Dios y al castigo físico («la letra con sangre entra»). Pamplona, como la mayoría de las ciudades españoles, quedó convertida en una sacristía, donde el poder político funcionaba supeditado a las órdenes de la jerarquía eclesiástica.

Una economía ni de supervivencia. Urtasun detalla con precisión de geómetra y pintor puntillista la precariedad de la clase trabajadora sometida de una manera drástica al juego calculado del estraperlo, el plato único, las cartillas de racionamiento, que obligaba a un esfuerzo extenuante a y sacrificios increíbles a las familias para sacar adelante a sus hijos.

4. Del pincel ala pluma, y viceversa

Las peculiaridades estilísticas del libro están intrínsecamente ligadas a la identidad de José Ramón como pintor, lo que le otorga una cualidad visual y expresiva única. Destacaría en este aspecto varios aspectos.

Describe la vida de esta época con pinceladas que nada tienen que ver con el costumbrismo, ni el naturalismo tradicionales. Su escritura, como sus cuadros al escanear la realidad de la época, se centra en la expresión de las emociones. Y no se anda con rodeos al hacerlo, pues sin ningún rubor utiliza un maniqueísmo pictórico y narrativo, que en modo alguno cuestiona su visión histórica. Su método consiste en deformar y exagerar las figuras que desprecia, utilizando para ellos colores intensos que provocan un natural asco hacia tales sujetos y ese mismo mecanismo creativo es el utilizado en su escritura. Nada como la hipérbole para abrir los ojos de quien no quiere mirar.

Su estilo es expresionista con ecos «valleinclanescos», esperpénticos, sostenido por un lenguaje irónico y sarcástico que deforma los rasgos morales de ciertos personajes para resaltar su monstruosidad, que su autor extrapola al sistema causa directa de la producción de individuos en serie, tan crueles y tan bárbaros con los débiles. 

Una memoria sensorial (hipermnesia) impagable. El autor, no sólo echa mano de su memoria, sino que se completa con la documentación de la época que corrobora fielmente lo que evoca: precios de alimentos, nombres de comercios, maquinaria, bares, casinos, oficinas, calles, espacios, olores y sonidos de una Pamplona que en las páginas del libro aparece, en ocasiones, como una sinestesia, dando lugar a la creación de imágenes de origen sensitivo sugerentes. Urtasun no es Baudelaire, desde luego, pero sí capaz de escribir fragmentos capaces de despertar de su tumba a Proust y su magdalena.

Diálogo con la Imagen. El libro tiene unos reclamos muy agradables, pues incluye abundantes ilustraciones del propio autor y un curioso material gráfico de la época (cupones del racionamiento, publicidad, anuncios, fotografías, personajes, edificios, objetos de todo tipo), creando una simbiosis creativa muy original, donde pintura y escritura alternan sus funciones expresivas de modo complementario.

5. Valores indiscutibles de la obra 

El valor principal de la obra radica en su función de testimonio y resistencia frente al olvido. Destaco estas tres perspectivas:

Dignificación de la Clase Obrera. J. Ramón Urtasun da voz a quienes no tenían derechos y sólo obligaciones, rescatando del anonimato el sufrimiento de miles de familias, protagonistas verdaderos de esta parada de monstruos.

Superación a través de la Educación. El autor subraya su decisión personal, siendo un “maca”, de estudiar delineación tras las jornadas de trabajo como un camino para escapar del destino de peón de carga, valorando el esfuerzo y el aprendizaje como herramienta de superación.

Compromiso Ético. La obra no busca ser neutral. Es muy transparente en este sentido. Se puede valorar como un compromiso explícito con la recuperación de la memoria de las víctimas de la represión franquista y el rechazo a la explotación del hombre por el hombre. 

Es una obra que utiliza la crudeza y la ternura para recordar que la sociedad actual se edificó sobre el sacrificio de una infancia robada y una clase trabajadora humillada y explotada. Ni a los primeros, ni a los segundos se les pidió perdón ni se presentaron disculpa alguna. Desde luego, no lo hicieron sus “victimarios”, protagonistas, ni sus herederos morales, por lo que decir que dicha “parada de monstruos” no volverá a repetirse es más que una duda cartesiana. De ahí la necesidad de leer este tipo de memorias, no sólo para disfrutar de una prosa bien labrada, tramada y dibujada, sino para que no vuelva a repetirse una “parada de monstruos” como la que se pinta mediante la escritura expresionista y pictográfica de este libro.


Fuente:

www.nuevatribuna.es

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