El pasado viernes 10 de abril, el ministro de Asuntos Exteriores de Malí, Abdoulaye Diop, afirmó que el plan de autonomía marroquí constituye «la única base seria, creíble y duradera» para resolver el conflicto del Sáhara Occidental.
El plan de autonomía propuesto por Marruecos pretende evitar la celebración de un referéndum de autodeterminación. Para ello, ofrece al territorio un régimen de competencias limitadas de carácter regional, siempre subordinado a la soberanía del Estado marroquí, que retendría las competencias esenciales como la defensa nacional y la política exterior.
Así, este anuncio pone fin al reconocimiento por parte de Malí de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). Bamako había mantenido esta política durante más de 45 años: fue en julio de 1980 cuando reconoció por primera vez al gobierno saharaui en el exilio.
Victoria diplomática para Marruecos
Esta histórica decisión se ha producido tras una visita oficial de Nasser Bourita, el ministro de Asuntos Exteriores marroquí. Y no es casualidad: desde hace unos años, Marruecos busca proyectar su política exterior hacia el Sahel.
Esta ofensiva diplomática se apoya y busca ampliar el enfriamiento de las relaciones entre Argelia –principal aliado de la RASD– y el Sahel. Este deterioro se ha intensificado desde la llegada de juntas militares a varios de los gobiernos de la región y su progresiva integración mediante la conformación de la Alianza de Estados del Sahel (AES).
Por otro lado, resulta significativo que este giro diplomático se haya producido pese a la notable influencia de Rusia –tradicionalmente considerada un aliado de Argel– en Malí, donde mantiene una presencia militar relevante a través de las denominadas Africa Corps. Este movimiento podría apuntar, por tanto, a un progresivo reajuste de la posición de Moscú respecto a la cuestión del Sáhara Occidental.
En todo caso, constituye una victoria diplomática para Rabat, que en los últimos años ha ido sumando apoyos a su propuesta para el territorio. El respaldo a su plan de autonomía ha cobrado especial impulso tras el reconocimiento por parte de Estados Unidos de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental en 2020.
A partir de entonces, diversos actores relevantes, no solo de la Unión Europea, sino también africanos –como Ghana, Kenia o Burkina Faso– han dado pasos en esta dirección.
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Asimismo, el cambio de postura de Malí se produce en un momento relevante. A principios de febrero de 2026, delegaciones del Frente Polisario, Argelia, Mauritania y Marruecos se reunieron en la embajada estadounidense en Madrid. Esto marcó el inicio de las primeras conversaciones directas entre las partes desde 2019.
En estas negociaciones, mediadas por Estados Unidos, Marruecos y sus socios estadounidenses trataban de capitalizar lo que perciben como un momento diplomático favorable.
Entre sus logros recientes destaca la resolución 2797 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, aprobada en octubre de 2025, que por primera vez sitúa el plan de autonomía marroquí no como una mera opción, sino como base para la resolución del conflicto.
Aun así, en las negociaciones no se produjeron avances significativos. El Frente Polisario y Argelia se mantuvieron firmes en su defensa del derecho de autodeterminación para el pueblo saharaui, apostando por un referéndum que incluya la posibilidad de erigirse como Estado independiente.
Actualmente, tanto por la brecha entre ambas perspectivas como por la guerra en Irán –que acapara la atención y los recursos de Estados Unidos–, el proceso negociador se encuentra paralizado.
Fuente:
www.descifrandolaguerra.es



