Durante buena parte de su recorrido, la arqueología clásica centró su atención casi exclusivamente en las armas, los templos y las tumbas monumentales, espacios donde la presencia femenina apenas dejaba huella visible. Sin embargo, existía un universo material, tan vasto o más, que los estudiosos habían pasado por alto, un mundo hecho de fibras, hilos y telares. Ese territorio invisible es precisamente el que la lingüista y arqueóloga Elizabeth Wayland Barber decidió reconstruir en Los trabajos de las mujeres: mujeres, telas y sociedad en la antigüedad, un ensayo publicado originalmente en 1994 que cambió para siempre la manera de entender el papel económico de las mujeres en la Prehistoria y la Antigüedad.
La autora, profesora emérita de Arqueología y Lingüística en el Occidental College de Los Ángeles y doctora por la Universidad de Yale, parte de pruebas materiales concretas: impresiones de tejidos en la cerámica, pesas de telar halladas en yacimientos neolíticos y algunos restos de fibras conservadas. A partir de ese material disperso, Barber logró reconstruir 20.000 años de producción textil femenina que la historiografía tradicional había dejado de lado.
De este modo, Barber tejió una obra capaz de combinar el rigor técnico de la arqueología experimental con una narrativa accesible, en la que demostraba que el trabajo textil no era una actividad doméstica menor, sino una de las primeras grandes industrias de la humanidad, gestionada y transmitida casi en su totalidad por mujeres. Tres décadas después de su publicación en inglés, el estudio llega también a los lectores hispanohablantes gracias a una nueva traducción.
En el ensayo Los trabajos de las mujeres: mujeres, telas y sociedad en la antigüedad, Elizabeth W. Barber recupera 20.000 años de historia del protagonismo de las mujeres en el desarrollo de la tecnología textil.

La metodología pionera de Elizabeth Wayland Barber
Lo que distingue el trabajo de Barber de los estudios anteriores es su enfoque interdisciplinar. La autora combinó la arqueología con la lingüística histórica, la etnografía comparada y el análisis de los mitos y la literatura clásica para reconstruir prácticas que no siempre dejan evidencias físicas directas en el registro arqueológico. Las fibras vegetales y animales se degradan con facilidad, por lo que gran parte de la evidencia textil más antigua sobrevive únicamente a través de impresiones indirectas, como marcas de tejido en arcilla húmeda, huellas en sellos o restos carbonizados.
Barber aplicó métodos arqueológicos propios para identificar estas huellas mínimas, examinando objetos tan dispares como faldas del Paleolítico, túnicas egipcias con mangas, lino neolítico suizo y vestidos minoicos estampados. Cada uno de estos hallazgos se convirtió en una pieza esencial para construir un argumento de mayor calado. Así, la estudiosa mostró que la confección de tejidos exigía conocimientos técnicos complejos, una organización funcional del tiempo y del espacio doméstico y una transmisión generacional de saberes que, en la inmensa mayoría de las sociedades preindustriales documentadas, recayó sobre las mujeres.
Barber mostró que la confección de tejidos exigía conocimientos técnicos complejos, una organización funcional del tiempo y del espacio doméstico y una transmisión generacional de saberes

El recorrido temático de la obra
La obra avanza siguiendo un hilo cronológico y geográfico claro. Arranca en la Edad de Piedra, con las primeras evidencias de cordelería y tejido en cestería, y avanza hacia las civilizaciones del Mediterráneo y el Próximo Oriente. Cada bloque temático sirve a Barber para sostener su argumento de que la confección textil articuló buena parte de la vida económica y social femenina a lo largo de veinte milenios.

¿Cuánto sabes sobre los tejidos y la identidad en la prehistoria?
Entre los hilos conceptuales que recorren el libro, destaca su propuesta de rebautizar ciertos periodos prehistóricos como la Revolución de la Cuerda, en contraste con la nomenclatura histórica tradicional (Edad de Piedra, Edad de Bronce, Edad de Hierro, etc.), que se construye casi siempre en torno a tecnologías asociadas al trabajo masculino. Esta idea, que la autora desarrolla con datos arqueológicos y lingüísticos, funciona como la columna vertebral del trabajo y resume el propósito último del estudio: demostrar que la historia material de la humanidad no puede entenderse sin la huella del telar.
Destaca su propuesta de rebautizar ciertos periodos prehistóricos como la Revolución de la Cuerda, frente a una nomenclatura histórica tradicional que ha atribuido mayor relevancia a materiales como la piedra, el bronce o el hierro.

El telar como motor económico antes de la industrialización
Otra de las aportaciones más influyentes del ensayo es que, hasta la Revolución industrial, las artes textiles constituyeron una enorme fuerza económica en manos de las mujeres. La estudiosa sostiene que esta industria no fue un apéndice del trabajo agrícola o ganadero, sino un sector productivo autónomo, con su propia cadena de valor, desde el cultivo de fibras hasta el hilado, el tejido y la confección final de prendas.

Arqueólogos descubren en un poblado de la Edad del Bronce una escena congelada tras un incendio que ayuda a entender cómo se fabricaban los textiles
Esta perspectiva obligó a revisar supuestos muy asentados sobre la división sexual del trabajo en sociedades antiguas. Si el textil generaba excedente económico, prestigio social y redes de intercambio, entonces las mujeres que lo controlaban ocupaban una posición mucho más relevante en la estructura productiva de lo que la historiografía convencional había reconocido. El libro plantea así una revisión profunda del estatus social femenino en la Antigüedad, no como un añadido testimonial sino como eje estructural de la economía preindustrial.
Barber sostiene que la industria textil no fue un apéndice del trabajo agrícola o ganadero, sino un sector productivo autónomo, con su propia cadena de valor.
La nueva edición española de Capitán Swing
En 2026, la editorial Capitán Swing publicó por primera vez en español el ensayo de Barber. Titulado Los trabajos de las mujeres: mujeres, telas y sociedad en la antigüedad, cuenta con una traducción de Mireia Bofill Abelló y un prólogo de la historiadora de la moda Valerie Steele. La edición, de 352 páginas, recupera íntegramente el recorrido de Barber por 20.000 años de producción textil femenina. Esta llegada tardía, pero significativa al mercado hispanohablante permite que un ensayo ya clásico en el ámbito anglosajón encuentre finalmente una audiencia más amplia entre los lectores interesados en la historia, la arqueología y los estudios de género.

Una aportación decisiva a los estudios de género
Los trabajos de las mujeres se inscribe en una tradición de investigación feminista que buscó recuperar la agencia histórica de las mujeres allí donde las fuentes escritas las habían silenciado. Frente a la ausencia de testimonios textuales directos, Barber demostró que la cultura material podía hablar con igual autoridad que cualquier crónica. El libro no idealiza el pasado ni fuerza conclusiones, sino que construye su argumento a partir de las evidencias materiales.
La obra se ha reconocido como una importante contribución al estudio del trabajo de las mujeres a lo largo de la historia. Su influencia, de hecho, se ha extendido más allá de la arqueología y ha alimentado debates en los campos de la antropología, la sociología del trabajo y la historia económica sobre cómo las categorías de género han condicionado qué actividades humanas se consideran «productivas».
Fuente:
muyinteresante.okdiario.com



