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Los cruzados sionistas conquistan el castillo de Beaufort… otra vez

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Hezbolá y la toma del fuerte de Beaufort en Líbano por parte de Israel.
Hezbolá y la toma del fuerte de Beaufort en Líbano por parte de Israel. Fuente: Ilustración elaborada por Àngel Marrades.

El 31 de mayo el ejército israelí tomaba el castillo de Beaufort, ubicado en el sur de Líbano. El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, acompañado de todo el aparato de hasbara, celebró inmediatamente la victoria como un “cambio decisivo” que suponía un golpe a la influencia de Hezbolá.

La conquista del fuerte cruzado fue laudada por el ministro de Defensa, Israel Katz, como un “paso importante para asegurar el norte de Israel” y “defender los asentamientos en Galilea”. Como si fueran cruzados entrando en Jerusalén los sionistas anunciaron su conquista con un extenso reportaje fotográfico e izaron orgullosamente la bandera israelí y la bandera de la brigada Golani sobre el fuerte.

El símbolo de Beaufort

Este golpe simbólico podría considerarse una victoria, sino fuera por el pequeño detalle de que el ejército israelí ya estuvo en Beaufort hace 44 años, cuando trató de balcanizar Líbano y anexionarse el sur del país. Aquella experiencia estuvo marcada por una larga guerra de desgaste en la que la resistencia libanesa terminó expulsando a los sionistas.

Cuando el ejército israelí tomó la plaza en 1982, en la batalla de Beaufort, la estratégica colina que observa el valle de Litani estaba en manos de la Organización para la Liberación de Palestina. Esta poderosa fortaleza se convirtió en un símbolo de la resistencia de los palestinos frente a los nuevos cruzados, proyectándose a sí mismos como saladinos, cuya águila heráldica ornamenta el escudo nacional palestino. Pero para cuando el ejército israelí conquistó la fortaleza esta había perdido todo valor estratégico pues ya habían conseguido cruzar el río Litani por otro puente para avanzar sobre la ciudad de Nabatiye.

De hecho, la toma de Beaufort fue precipitada, ya que la orden del Estado Mayor de posponer la operación no llegó a la brigada Golani, y tuvo un alto coste para el ejército israelí. Las fuerzas palestinas lograron derribar un caza-bombardero israelí A-4 Skyhawk que sobrevolaba el castillo de Beaufort, capturando al piloto, y matar a seis soldados, incluido el comandante de la unidad.

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El desastre y la estupidez de tal operación quedó inmortalizada en la visita del entonces primer ministro Menachem Begin y el ministro de Defensa Ariel Sharon, acompañados de un fuerte contingente de periodistas y fotógrafos para que mostraran al mundo la gran victoria de los sionistas que, según Sharon, se había alcanzado “sin bajas en el bando israelí”. Esta fue la imagen de la enorme desconexión que existía entre el mando político y la tropa en la impopular primera guerra de Líbano. Imagen de la que estos días se hacía eco el ejército israelí al referenciar la “victoria” de 1982.

Finalmente, tuvieron que pasar 18 largos años de ocupación y más de 1.200 soldados israelíes murieron y miles más resultaron heridos en el Líbano antes de que Israel se retirara en el año 2000 ante la presión constante de la guerrilla libanesa en una humillante derrota. Es por esto que para muchos israelíes la fortaleza sigue siendo un símbolo no de victoria, sino de un costoso enredo militar que, en última instancia, no logró eliminar al grupo armado libanés Hezbolá.

«¿Para qué estamos aquí?»

Esta brecha vuelve a hacerse patente ahora entre una parte de la sociedad israelí y su Gobierno. “La conquista de Beaufort es la señal más evidente de que no hemos aprendido nada”, afirma Nadav Pollak, profesor de la Universidad Reichman de Israel. Por su parte, el periodista israelí Ronen Bergman decía:

“No hay evento que se haya grabado en la conciencia israelí como símbolo del enredo israelí en Líbano en 1982 más que Menachem Begin de pie en la cima de Beaufort, equivocado o engañado en cuanto al terrible precio de sangre que pagó allí el ejército israelí, y feliz como si se hubiera liberado Jerusalén. 18 años chapoteó Israel en el barro libanés hasta que entendió que la presencia allí, en la franja de seguridad, solo la hacía más vulnerable y no servía de nada. Y ahora el ministro Katz está feliz de volver allí.”

Menachem Begin en Beaufort, 1982
El entonces ministro de Defensa, Ariel Sharon (derecha), y el primer ministro, Menachem Begin (izquierda), visitando el castillo de Beaufort tomado por las fuerzas israelíes, en el sur del Líbano, en junio de 1982. Fuente: Unidad de Prensa de las Fuerzas de Defensa de Israel.

El sentimiento de frustración de estos sectores liberal-sionistas queda muy bien retratado en la película Beaufort (2007), que cuenta la historia de los últimos soldados israelíes en ocupar el castillo durante la dilatada retirada en el año 2000 bajo el fuego constante de Hezbolá, situación ante la que el oficial al mando declara: “¿Para qué estamos aquí? Para que sepan que aún no nos hemos ido.” Su director, Joseph Cedar, decía a Haaretz:

“Es un día realmente deprimente. La bandera que ondea de nuevo sobre Beaufort es un recordatorio del pensamiento rígido, del fracaso, de la aceptación de una concepción errónea que nos deja atrapados en un ciclo de derramamiento de sangre. No puedo entender el entusiasmo por capturar una montaña que alguna vez fue quizás un símbolo de heroísmo, y se convirtió en un símbolo de estar atrapados en un ciclo de derramamiento de sangre. Estamos atrapados en la idea de que con más fuerza resolveremos el problema, y ​​no estamos viendo el hecho de que durante todos estos años no lo hemos logrado. En los últimos años, nadie ha puesto límites a nuestro uso de la fuerza. Podríamos hacer lo que quisiéramos en el Líbano, y el hecho es que tanto en el Líbano como en Gaza, la amenaza real y dolorosa persiste. Y ahora, con esta bandera ondeando de nuevo sobre Beaufort, tal vez esta sea una oportunidad para ver las cosas de manera diferente y pensar en un futuro en el que la solución no sea militar”.

Estos sionista liberales, que todavía son un segmento importante entre la generación boomer de Israel, se engañan a sí mismos pensando que si no fuera por Netanyahu todo estaría bien. No quieren comprender que no es una cuestión de la administración de turno, sino de la propia naturaleza colonial del sionismo, donde cada “zona de amortiguamiento” nunca permanece como tal, siempre se convierten en una nueva frontera. Y las fronteras, en la lógica de los estados que han interiorizado la expansión como seguridad, generan la justificación para el siguiente amortiguador.

Para ampliar: Avanza la invasión israelí en Líbano, pero Hezbolá responde

La derecha israelí tampoco parece comprender sus derrotas militares. Si bien más honestos en el carácter y el propósito colonial de la guerra, son incapaces de comprender otra cosa que la fuerza. Y como tal, las derrotas únicamente pueden explicarse por la traicionera puñalada por la espalda de la siempre “cobarde” y “débil” diáspora judía. Si no fuera por los judíos-americanos, de tendencia liberal, la victoria contra los árabes se habría alcanzado hace años. El viejo truco de que si Israel no gana es por que no se le permite, que se ha empleado extensamente en el genocidio en Gaza para culpar a la administración Biden de la derrota.

Pero la clave del éxito de Hezbolá en 2026 es el mismo que hace veinte y treinta años: una táctica de guerrilla fuertemente anclada en el territorio y la población libanesa que da legitimidad y vitalidad a la resistencia. Entonces el arma mágica a la que Israel era incapaz de dar una contramedida fueron los misiles antitanque, como el RPG-29, ahora son los drones que han democratizado el espacio aéreo, anulando su libertad de movimiento.

Los drones –que Israel hasta ahora no logra interceptar– parecen invalidar la lógica de cualquier zona de amortiguación, que Israel podría haber justificado previamente como una medida para frustrar ataques con misiles antitanque e incursiones transfronterizas. El Gobierno y el ejército israelíes se han enfrentado a crecientes críticas en su país por no estar preparados para los ataques con drones, a pesar del precedente ucraniano. Ahora están buscando técnicas a toda prisa para neutralizar la amenaza.

Lo que más preocupa a Israel es el uso de los drones first person view (FPV) conectados a cables de fibra óptica, que son más difíciles de pilotar, pero que no pueden detenerse con las contramedidas electrónicas existentes. Un reservista israelí que opera actualmente en el Líbano afirmó que Hezbolá lanzaba constantemente drones FPV contra las tropas de su zona, con una media de al menos 10 alertas al día. Ahora se encuentra a 10 kilómetros dentro del Líbano y, cuando él y otros soldados reciben una alerta sobre drones FPV en aproximación –casi siempre durante el día–, se les ordena que se refugien inmediatamente en el interior y esperen. Derribar el dron puede llevar a veces una hora, dijo el reservista. Afirmó que no creía que el tema se tomara en serio en Israel hasta las recientes muertes.

El norte de Israel por el sur de Líbano

Ante las continuadas bajas el mando del ejército hebreo ha entrado en pánico, incapaz de dar una respuesta. El coste que debe asumir el Estado de Israel para mantener la ocupación del sur de Líbano es inaceptable políticamente, pero también lo es abandonar la campaña militar, especialmente ante la opinión de los residentes del norte de Israel. Pero esto es producto de la propia soberbia de los sionistas que son incapaces de aceptar un alto al fuego en igualdad de condiciones, quieren mantener en todo momento la prerrogativa de atacar sin derecho a réplica.

Para Israel los altos al fuego son operaciones de imposición político-militar, y no se ven a sí mismos como una parte que debe someterse a los acuerdos sino como quienes deben fiscalizar su cumplimiento mediante la fuerza. Quizá esto no podía quedar más claro que en las lamentaciones del Jefe del Estado Mayor del ejército de Israel, Eyal Zamir: “No hay alto el fuego para nuestras tropas en Líbano”, al mismo tiempo que el Estado hebreo incumple el alto al fuego matando a 40 libaneses al día.

Finalmente la decisión del gobierno israelí ha sido volver a la estrategia de “asestar un golpe devastador” a Hezbolá para intentar forzarles a la capitulación, ordenando la “evacuación” –i.e. la limpieza étnica– de todo el territorio al sur del río Zahrani, lo que supone el 14% del país. Todo este territorio, que incluye ciudades como Tiro, con 174.000 habitantes, y Nabatiye, con 85.000, es declarado “zona de combate” por el ejército israelí. En lo que va de guerra Israel ha arrasado con 81 pueblos, matado 3.200 personas y hecho refugiado a más de 1,2 millones libaneses.

La respuesta del Partido de Dios fue contundente, disparando varias salvas por hora hasta Nahariya, Acre, Safed y Tiberíades, estando Haifa como la siguiente ciudad en la línea de fuego, mientras las defensas de la Cúpula de Hierra están extenuadas. Ante este control de la escalada el Estado hebreo amenazó con atacar Beirut, pero la intervención de Irán corto en seco la acción cuando Teherán anunció que suspendía las negociaciones con Estados Unidos, amenazó con el cierre total de Ormuz y advirtió que un ataque en Beirut tendría como respuesta un ataque iraní contra Israel.

El castillo de Beaufort tomado por el ejército israelí en mayo de 2026El castillo de Beaufort tomado por el ejército israelí en mayo de 2026
Soldados israelíes toman el fuerte de Beaufort el 31 de mayo de 2026. Fuente: Fuerzas de Defensa de Israel

La Casa Blanca, viendo que se desmoronaba el alto al fuego, se dio prisa en frenar a Tel Aviv, para disgusto de Netanyahu, que fue duramente criticado por sus socios de coalición. Esta fue una de las indicaciones más claras de que el frente libanés sigue irremediablemente ligado al alto fuego con Irán, el intento estadounidense-israelí de imponer un marco de rendición a Líbano ha chocado con esta línea roja.

Para ampliar: Líbano frente a Israel: ¿desarme de Hezbolá, guerra o resistencia?

En un intento en darle la vuelta Estados Unidos e Israel trataron de imponer una nueva ecuación, amenazando con atacar a Beirut a menos que Hezbolá se abstuviera de atacar los asentamientos del norte de Israel. Es decir, la lógica era dar la vuelta a la ecuación de disuasión del grupo libanés –el norte de Israel por el sur de Líbano– al escalar más allá del sur y chantajear al grupo para dejar a Líbano indefenso.

El propio presidente de Líbano, Joseph Aoun, intentó avanzar la propuesta israelí. En la última ronda de negociaciones entre el Líbano e Israel, celebrada los días 2 y 3 de junio, las partes acordaron una declaración conjunta en la que se afirma:

“… Israel y el Líbano acordaron la aplicación de un alto el fuego. El alto el fuego está supeditado al cese total de los disparos [de Hezbolá] y a la evacuación de todos los operativos [de Hezbolá] del sector sur del Litani. Ambas partes acordaron, bajo la orientación de Estados Unidos, avanzar rápidamente en la creación de zonas piloto en las que las Fuerzas Armadas Libanesas asumirán el control exclusivo del territorio, con exclusión de todos los actores no estatales”.

La recompensa al régimen de Vichy libanés fue el asesinato de tres militares libaneses el día 6 de junio, incluido el general de brigada Wissam Sabra; el día después de que Aoun le dijera a CNN que Irán no tiene derecho a presionar por un alto el fuego en Líbano, y que el único camino es confiar en la vía separada con los estadounidenses e israelíes. El Estado libanés se ha hecho cómplice en esta nueva fase de la campaña genocida del Estado sionista, que tiene como objetivo destruir el tejido social chiíta y su identidad nacional.

Es por esto que Beaufort no es importante por su posición estratégica, la posición no estaba ni defendida, pero si que representa el avance de Israel hacia Nabatiye, el centro político, económico y social de la comunidad chiíta en el sur de Líbano.


Fuente:

www.descifrandolaguerra.es

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