Albania entra en su tercera semana de la revolución de los flamencos, una serie de protestas en contra del proyecto de Jared Kushner e Ivanka Trump para construir un resort de lujo en la isla de Sazan y en parte de la costa albanesa, concretamente en el parque nacional de Vjosa-Narta, que cuenta con estatus de área protegida por su valor ecológico.
El megaproyecto, aprobado en enero de 2025 y respaldado por la empresa de inversiones de Kushner, Affinity Partners, supone una inversión de unos 1.600 millones de dólares para levantar el complejo turístico en la isla de Sazan.
Sin embargo, también está previsto construir docenas de hoteles, apartamentos y villas en la costa occidental del país, lo que se calcula que elevará el coste hasta los 4.000 millones de dólares.
El proyecto de la familia Trump
Las críticas llegaron tras conocerse que las obras habían comenzado sin una evaluación de impacto ambiental y sin haber obtenido la licencia correspondiente. Esto es especialmente relevante teniendo en cuenta que Vjosa-Narta, cerca de la costa occidental, es una zona protegida.
De hecho, en 2023 fue declarado el primer parque nacional de ríos salvajes de Europa. Marismas, dunas, lagunas y salinas se extienden a lo largo del delta del río Vjosa, siendo la más destacada la laguna de Narta.
Diferentes organizaciones ecologistas albanesas han criticado la falta de transparencia y de evaluación medioambiental del proyecto, que amenaza con destruir una reserva natural que es el hogar de focas monje, flamencos, tortugas marinas y una multitud de aves y otras especies en peligro.
La isla de Sazan también cuenta con una gran biodiversidad, además de ser una importante atracción turística que alberga antiguos búnkeres y fortificaciones militares de la época comunista e incluso de la Italia fascista.
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La materialización del proyecto implicaría la concesión territorial tanto de la isla de Sazan como de una gran extensión en la zona de la laguna de Narta y de varios kilómetros de playa en la región de Zvërnec. En añadido, existen muchas dudas sobre los beneficios que estos complejos turísticos podrían aportar a la economía de Albania.
Por un lado, los resorts de lujo serán inaccesibles para la mayor parte de la población albanesa, una de las más pobres de Europa. Además, al ser de naturaleza privada, los beneficios irían directamente a los inversores, en este caso a Kushner y sus socios.
Por otro lado, la construcción de grandes cadenas hoteleras y resorts puede provocar el cierre de muchos pequeños negocios. A ello se suma que la cesión territorial en este tipo de proyectos implica, en muchos casos, la confiscación de tierras pertenecientes a familias locales, como ocurre con los habitantes del municipio de Rrjoll.
La situación empeora si se tiene en cuenta que, en 2024, el Parlamento albanés aprobó una ley que eliminó la prohibición de construir en zonas protegidas, un cambio legislativo sobre el que la Fiscalía Especial Anticorrupción de Albania abrió una investigación a principios de este mes.
Asimismo, desde 2021 se está construyendo un nuevo aeropuerto en Vlora, cerca de la zona protegida de Narta y al que se relaciona con el nuevo proyecto de Kushner, ya que esta infraestructura facilitaría el turismo de lujo a estos resorts privados.
Estalla la revolución de los flamencos
Dentro de este clima de oposición, la tensión aumentó al conocerse que habían comenzado las obras, a pesar de no tener aprobación para ello ni de haberse presentado la evaluación de impacto ambiental.
Dentro de la reserva natural podían verse excavadoras destruyendo dunas para abrir nuevas carreteras, mientras que en parte de los terrenos de Zvernec, cerca de Vjosa-Narta, se instalaron vallas de alambre de púas.
En Pishe Poro-Narte, afectada por el vallado, se organizó una protesta a finales de mayo. La movilización derivó en enfrentamientos violentos entre los empleados de la empresa de seguridad encargada de la vigilancia y los residentes de Zvërnec y activistas ambientales. Uno de los manifestantes fue arrastrado hasta el interior del vallado y golpeado por varias personas sin identificación.
Tras este incidente estallaron definitivamente las movilizaciones. Bajo el lema de “Albania no está en venta”, la población albanesa lleva más de dos semanas protestando en diferentes ciudades del país, especialmente en la capital, Tirana.
Los manifestantes reclaman la suspensión del proyecto, pero sus demandas se han ampliado hasta pedir directamente la dimisión del primer ministro, Edi Rama. Incluso la diáspora albanesa ha organizado concentraciones en diferentes países.
Así pues, unas protestas que comenzaron con una reivindicación medioambiental han derivado en una campaña contra el Gobierno, la oposición, la corrupción y el conjunto de la clase dirigente albanesa.
La revolución de los flamencos, como ya se la conoce, supone el estallido de las mayores protestas en Albania desde la década de 1990. El 12 de junio, por ejemplo, se estima que entre 150.000 y 200.000 personas participaron en una manifestación nocturna en Tirana, una cifra muy significativa si se tiene en cuenta que el núcleo urbano de la capital cuenta con alrededor de 500.000 habitantes.
El pulso político en Albania
Desde la Unión Europea también se han producido críticas contra el Gobierno albanés. El 9 de junio, el portavoz de la Comisión Europea, Guillaume Mercier, declaró que la adhesión del país al club comunitario depende del cumplimiento de sus propias leyes, incluidas las medioambientales.
Mercier también aseguró que el ministro de Medio Ambiente albanés, Sofjan Jaupaj, se había comprometido a suspender las obras y a estudiar el impacto ambiental en consulta con la sociedad civil.
Sin embargo, el primer ministro Edi Rama se ha mantenido firme en su defensa del proyecto de la familia Trump y sostuvo que no le preocupaba que su ejecución pudiera afectar a la incorporación de Albania a la Unión Europea.
El líder socialista, en el poder desde 2013, argumenta que el país necesita atraer inversores extranjeros para expandir la economía y que proyectos como el de Affinity Partners generarán ingresos para toda la población. Además, ha sido contundente, llegando a declarar que “no hay ninguna posibilidad de que la inversión se detenga mientras yo esté aquí”.
Asimismo, le ha restado importancia a las acusaciones que relacionan la aprobación del complejo turístico con la búsqueda del favor de Donald Trump. Cabe recordar que Kushner es una figura importante en la actual administración republicana, a pesar de no formar parte oficialmente de ella. De hecho, su empresa ha conseguido miles de millones de dólares procedentes de distintos gobiernos, especialmente del saudí.


La hija del presidente, Ivanka Trump, ha sido parte del desarrollo del proyecto, llegando a desplazarse a principios de este año a Albania con un equipo de arquitectos para visitar la zona. El interés por Sazan, como ella misma afirmó, surgió tras un viaje en 2021, cuando la pareja descubrió la isla mientras recorría la región en yate con unos amigos.
Rama se encuentra ahora en una posición delicada, pues el éxito de su campaña y la razón por la que se encuentra en su cuarto mandato se basan en la promesa de que Albania formará parte de la Unión Europea para 2030. El mandatario se arriesga de esta forma a generar fricciones con Bruselas por un proyecto impopular que amenaza con derrumbar su Gobierno.
Otra alternativa sería que Affinity Partners abandone la idea por la oposición de la población albanesa, como ya sucedió en diciembre de 2025 en Serbia, donde tenía previsto construir un hotel de lujo en el antiguo edificio del Ministerio de Defensa en Belgrado. Sin embargo, finalmente reculó por el gran rechazo que suscritó.
Si bien Rama no tendrá que enfrentarse a unas elecciones hasta 2029, la revolución de los flamencos supera ya las dos semanas y el primer ministro no da su brazo a torcer en un pulso que amenaza su supervivencia política.
Fuente:
www.descifrandolaguerra.es



