«’La novia vendida’ es una obra irresistible que se te lleva por delante. ¡Ven a verla, te sorprenderá!» Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real, emplea eslóganes publicitarios -con su vehemencia habitual- para vender las virtudes de la próxima producción del coliseo madrileño. … El martes 14 se estrenará la ópera de Bedřich Smetana -célebre, sobre todo, por su composición ‘Mi patria’, en una nueva puesta en escena coproducida también por la Opéra National de Lyon (Francia), la Oper Köln (Alemania) y el Théâtre Royal de La Monnaie de Bruselas (Bélgica). La dirección escénica es del francés Laurent Pelly y la batuta del valenciano Gustavo Gimeno, en su primera temporada como director musical del teatro.
Estrenada en Praga en septiembre de 1870 con libreto del escritor nacionalista checo Karel Sabina, la obra es, dice Matabosch, «un título fundacional, y es el primera intento de crear una ópera checa a finales del siglo XX. Esta supuesta encarnación en una ópera de los valores y las características nacionales de un país fomentó en su momento la idea de Checoslovaquia como una nación-estado que poseía un idioma, una cultura propia, creatividad, personalidad, temperamento y, en definitiva, derecho a existir, aparte de poseer productos artísticos exportables al máximo nivel como la misma ópera de Smetana».
‘La novia vendida’ (‘Prodaná nevěsta’ en checo) llegó al Teatro Real en marzo de 1924 (un año antes de su cierre, y no se ha vuelto a programar en su escenario desde entonces. El reparto de la producción que se presenta un siglo después de aquel estreno lo encabezan Svetlana Aksenova y Natalia Tanasii (Mařenka), Pavel Černoch y Sean Panikkar (Jeník), Günther Groissböck y Martin Winkler (Kekal), Mikeldi Atxalandabaso y Moisés Marín (Vašek), secundados por Manel Esteve (Krušina), María Rey-Joly (Ludmila), Toni Marsol (Micha), Monica Bacelli (Háta), Jaroslav Brezina (Comediante Principal), Rocío Pérez (Esmeralda) y Ihor Voievodin (Indio).
CRÍTICA DE ÓPERA
Alberto González Lapuente
La ópera está situada en un pueblo bohemio; cuenta la historia de una campesina, Mařenka, a quienes sus padres, presionados por las deudas, van a casar con Vasek (un joven rico, pero tartamudo y simplón). La joven en realidad está enamorada de Jeník, hermanastro secreto de Vasek; aquél finge que acepta renunciar a Mařenka a cambio de dinero, pero especifica en el contrato que Mařenka ha de casarse con «el hijo de Marik» -que en realidad es su padre-. Cuando se descubre la verdad, todos celebran la astucia del joven, y la ópera tiene un final feliz.
«El trasfondo de la obra, sin embargo -sigue Matabosch-, no tiene tanto de previsible ni de amable, y aborda un problema muy real en la Checoslovaquia de la época: los hijos primogénitos de los campesinos checos que perdían a su mujer, muchas veces durante el parto; si su padre se volvía a casar, se encontraban frecuentemente con que la nueva esposa intentaba por todos los medios apartarlos del medio para garantizar a su propio hijo, cuando nacía, el lugar más destacado en la familia y en la herencia. Las injusticias derivadas de esta situación eran perfectamente conocidas en la vida de los pueblos. Todo el enredo está explicado en clave humorística y logra así destensar el trasfondo de una denuncia que no tiene nada de amable, de manera que lo ‘cómico’ cumple la función, como en las comedias clásicas, de denunciar y ridiculizar los defectos humanos».
«La ópera de la felicidad humana»
El compositor Bohuslav Martinů definió ‘La novia vendida’ como «la ópera de la felicidad humana». Gustavo Gimeno añade que si tuviera que describir la obra con una palabra, esa sería «luminosa». Es una ópera «maravillosa, refinada, elegante, graciosa, muy accesible, y con esa capa de melancolía e intimidad tan típica de la música checa. Es una obra importantísima, muy representada en Centroeuropa -«en el Teatro Nacional de Praga se alcanzaron las mil representaciones en 1927», tercia Matabosch-, pero no así en España. Yo creo que va a ser una gran sorpresa. Lo ha sido incluso para nosotros; yo mismo, cuando comencé a profundizar en la obra, hace ya un tiempo, me di cuenta de que era realmente una auténtica obra maestra, con una música maravillosa, lógicamente muy influenciada por el folclore checo -y también, según mi criterio, por Mozart-. No tiene desperdicio alguno de principio a fin. Y la trama es divertidísima, ha habido momentos en los ensayos en que no he podido evitar reírme».
Por alusiones. Laurent Pelly ha demostrado en el Teatro Real su habilidad para comedia; ahí están su emblemático montaje de ‘La fille du regiment’ (que se ha llevado a teatros como el Covent Garden de Londres, la Scala de Milán, la Ópera de Viena o el Metropolitan neoyorquino); o producciones como ‘Falstaff’, ‘Viva la mamma!’ o ‘Il turco in Italia’. Coincide con Gustavo Gimeno en la calidad de la música de ‘La novia vendida’ -«es extraordinaria porque cambia de registro constantemente»-, y asegura de esta ópera que es una rareza porque «navega continuamente entre el drama y la verdadera comedia, incluso burlesca y caricaturesca». «¿Cómo transmitir y hacer accesible al público actual -se pregunta- una historia del siglo XIX sin que la considere anticuada? Mi idea era contarla de una manera nada realista, a través de Mařenka, de la pesadilla -es algo que atraviesa toda la historia- de esta mujer enamorada que descubre que sido vendida por su prometido».
Para ello, dice Pelly que «que me marcó mucho de niño y me pareció que encajaba perfectamente con esta historia, sobre todo esos personajes ingenuos, los personajes del circo que aparecen en el tercer acto, y así crear algo muy dibujado, muy gráfico, con una escenografía extremadamente depurada». Todo ello para poner en primer plano la comedia, para hacer accesible tanto la emoción como el humor de la obra tal como están contenidos en la música».
Fuente:
www.abc.es



