Un liderazgo forjado más allá del legado familiar
Tensión diplomática y coincidencias temporales
Relatos cruzados: ¿Baja de guerra o fricción interna?
Un futuro incierto para la dirección saharaui
El fallecimiento del hijo del histórico líder Mohamed Abdelaziz llega mientras el movimiento independentista lidia con un evidente desgaste diplomático, el envejecimiento de su cúpula y el complejo debate en torno a quién sucederá a Brahim Ghali.
Un breve comunicado de la organización confirmó la baja de Lahbib Abdelaziz, miembro de su Secretariado Nacional. Según la versión oficial, el dirigente murió, supuestamente, junto a otros combatientes durante una incursión militar al este del muro de defensa edificado por Marruecos, a consecuencia de un bombardeo con drones de las Fuerzas Armadas Reales marroquíes.
En el contexto de un conflicto de baja intensidad que suele pasar desapercibido para la prensa internacional, este suceso destaca por el peso propio del fallecido. Lahbib Abdelaziz pertenecía a una de las estirpes con mayor arraigo político en los campamentos y su nombre sonaba con fuerza en las quinielas sobre el futuro liderazgo de la organización. Su desaparición descoloca los equilibrios internos en un panorama ya de por sí intrincado.
Un liderazgo forjado más allá del legado familiar
Lahbib Abdelaziz había logrado consolidar una influencia propia que superaba la mera herencia de su apellido. En los últimos tiempos, sumó responsabilidades clave tanto en el aparato político del Secretariado Nacional como en la jefatura de las brigadas militares operativas en Tinduf.
Su ascenso coincidió con una asignatura pendiente para el Polisario: el relevo generacional. El Polisario arrastra un problema crónico de relevo generacional. Tras la muerte de Mohamed Abdelaziz en 2016, los fundadores de los años setenta —con Brahim Ghali al frente— se atrincheraron en la cúpula y congelaron una transición que ya no admite más demoras.
Justo ahí es donde encajaba Lahbib Abdelaziz. No era un heredero cualquiera; combinaba un apellido de peso con el respeto de las bases y el mando real en los campamentos, lo que lo convertía en el candidato natural para tomar el testigo de los veteranos.
El escenario internacional juega hoy en contra del Polisario. El tablero cambió por completo cuando Washington aceptó la soberanía de Marruecos, una postura a la que se han sumado el apoyo explícito de Francia a la autonomía propuesta por Rabat y el respaldo de varios bloques árabes y africanos, arrinconando la capacidad de presión saharaui.
De ahí que en Tinduf su pérdida se perciba no solo como un golpe anímico, sino como la ruptura de un puente estratégico entre los fundadores y las nuevas hornadas de cuadros políticos.

Tensión diplomática y coincidencias temporales
El fallecimiento coincidió de lleno con la estancia en Tinduf de Staffan de Mistura, enviado especial de la ONU para el Sáhara Occidental, un detalle que ha avivado el análisis político. De Mistura intenta reabrir una vía de negociación encallada desde hace años, pero lo hace en un tablero internacional radicalmente hostil para los intereses del Polisario.
En Nueva York, el Consejo de Seguridad de la ONU mantiene el guion oficial de buscar una salida pactada y realista. Sin embargo, en los pasillos de la diplomacia real todos saben que las viejas fórmulas de los noventa ya no tienen apoyos reales ni futuro. En este entorno de aislamiento, cualquier fricción o pérdida en la cúpula del Polisario amplifica las dudas sobre su viabilidad política a largo plazo.
De hecho, la propia visita del enviado de la ONU evidenció el enrocamiento de la organización separatista. Mientras Marruecos consolida la estabilidad y promueve un fuerte desarrollo socioeconómico en sus provincias del sur, la dirección del Polisario optó por recibir a De Mistura con una puesta en escena marcada por la retórica intransigente y uniformes militares.
El líder Brahim Ghali se negó a participar en el formato de mesas redondas respaldado por Naciones Unidas —que incluye a Marruecos, Argelia, Mauritania y el propio Polisario— y prefirió lanzar acusaciones de sesgo hacia potencias internacionales como Francia o Estados Unidos. Esta falta de pragmatismo frente al avance imparable de la propuesta de autonomía marroquí acentúa la brecha entre el inmovilismo de la cúpula de Tinduf y las exigencias de un proceso de paz realista.

Relatos cruzados: ¿Baja de guerra o fricción interna?
La dirección del Frente Polisario ha encuadrado la muerte de Abdelaziz dentro de la campaña militar iniciada tras la ruptura del alto el fuego en noviembre de 2020. Para la organización, se trata de un mártir en una guerra activa, pese a que los combates reales sean intermitentes y de impacto limitado.
Por el contrario, algunas plataformas de oposición saharaui y sectores críticos han deslizado hipótesis distintas, insinuando que la operación en la que perdió la vida pudo estar condicionada por purgas o disputas de poder en la cúpula militar. Estas afirmaciones, sin embargo, carecen de respaldo documental o verificación por parte de observadores independientes.
Este cruce de versiones evidencia la crisis que atraviesa el movimiento, obligado a compaginar su discurso clásico de resistencia armada con la frustración de una población joven que languidece en los campamentos de refugiados sin perspectivas de cambio real.

Un futuro incierto para la dirección saharaui
La desaparición de Lahbib Abdelaziz deja un hueco difícil de llenar en los planes de renovación del Polisario. Su figura encarnaba la posibilidad de actualizar un liderazgo que apenas ha variado en cuarenta años.
El problema actual sobrepasa la sucesión directa de Brahim Ghali; afecta a la capacidad misma del Polisario para generar referentes capaces de manejarse en una realidad geopolítica que ya no es la que vivieron los fundadores.
Mientras Marruecos consolida sus alianzas internacionales y la ONU busca evitar el colapso definitivo del proceso de paz, el Polisario entra en una fase de introspección forzada donde la gran pregunta sigue en el aire: quién pilotará el movimiento y bajo qué estrategia intentará sobrevivir al estancamiento histórico.
Fuente:
www.atalayar.com



