El futbolista Rafael Mir ha sido condenado este lunes a ocho años y medio de cárcel por agresión sexual con acceso carnal a una mujer de 21 años durante la madrugada del 1 de septiembre de 2024, así como por lesiones. Pablo Jara, deportista chileno, amigo de Mir y presente durante la noche de los hechos, ha sido condenado a dos años y seis meses por agresión sexual, daños contra la integridad moral y lesiones leves contra una amiga de la denunciante.
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La Fiscalía pedía hasta 10 años de prisión para Mir, murciano y exjugador del Valencia, brevemente del Sevilla y actualmente miembro del Elche F.C. Según la denunciante, ambas conocieron a este y a Mir de fiesta y fueron invitadas a la casa del segundo en una exclusiva urbanización de Bétera, localidad al noroeste de la capital valenciana y donde residían más jugadores del Valencia, por entonces el equipo de Mir.
El juez acredita que una de ellas fue penetrada con los dedos sin su consentimiento y tras expresar claramente su negativa a continuar, tanto en la piscina de Mir como en uno de los baños de la vivienda, hacia donde fue conducida agarrada del brazo y encerrada tras echar el primer acusado el pestillo de la puerta. Al tratar de abandonar el lugar de los hechos, la segunda víctima fue empujada por Pablo Jara y posteriormente recibió un puñetazo, saliendo semidesnuda a la calle.
La condena establece así mismo una orden de alejamiento y una indemnización de 64.000 euros para la víctima de Mir (14.000 euros por las lesiones sufridas y 50.000 por daños morales), así como 6.000 para la segunda agredida a manos de Jara.
Ambos condenados aseguraron en todo momento que las relaciones fueron consentidas. Pero tanto un tercer testigo de los hechos dentro de la mansión que salió a consolarlas, así como un vecino de la urbanización a quien la joven le pidió un teléfono para llamar a su padre, pueden haber sido determinantes en la condena.
Presunto delito de falso testimonio contra dos agentes
Mención aparte merecen los policías que acudieron a la urbanización tras la llamada del vecino mencionado. Durante el juicio, las jóvenes señalaron la actitud de los agentes, asegurando que no las tomaron en serio y que llegaron a reirse de ellas.
La Audiencia cree que se ha producido un presunto delito de falso testimonio por parte de los agentes asignados a la comisaria de Bétera: estos aseguraron que una de las jóvenes declaró haber mantenido relaciones «consentidas», además de declarar a la llegada del padre de la víctima que esta simplemente había recibido «un manotazo».
La versión de los agentes contrasta contra la declaración inicial de la denunciante, tomada por un guardia civil especializado en violencia de género. Este afirma que el relato de la joven es consistente, que se emocionó al recordar los momentos de las agresiones sexuales tanto en la piscina como en uno de los aseos de la casa, y que declaró tener miedo a denunciar al ser Mir una persona pública.
Fuente:
es.euronews.com



