Poco más de 36 años después, la ultraderecha vuelve al poder en Chile tras completar un viraje democrático desde la tenebrosa dictadura militar que emergió gracias al golpe de Estado de Augusto Pinochet contra Salvador Allende en 1973 a la toma de posesión de José Antonio Kast este miércoles en Valparaíso.
La transición entre Gabriel Boric, que fue el presidente de Chile más joven y que deja el palacio de la Moneda con 40 años, y el abogado Kast, de 60 años, de origen alemán con un padre afiliado al partido nazi y declarado admirador de Augusto Pinochet, ha sido al final más pacífica de lo que presagiaba la crisis del cable submarino chino hace tan solo una semana.
Kast había acusado a su predecesor de ocultarle información sobre este proyecto de comunicación digital entre Santiago de Chile y Hong Kong y llegó a romper el ciclo de reuniones previstas para el traspaso de poderes. Pero Boric, pese a que Estados Unidos revocó los visados a altos funcionarios chilenos involucrados en el proyecto chino, supo reconducir la situación y entregó la banda presidencial sin más contratiempos al candidato al que había derrotado cuatro años antes para convertirse en el jefe de Estado más izquierdista de la historia reciente de Chile.

Nadie descarta en Santiago de Chile que Boric, cuyo mandato quedó tocado con el fracasado intento de aprobar una nueva Constitución que introducía grandes reformas en los sistemas neoliberales de pensiones, educación y salud aprobados durante la época de Pinochet, vuelva a presentarse en unas elecciones presidenciales tras la derrota frente a Kast de la comunista Jeannette Jara.
La investidura de Kast, que ganó las elecciones prometiendo mano dura contra la migración irregular, una mayor seguridad ciudadana y una mejora de la economía del país, empezó a mostrar las dificultades que el líder ultraconservador, antiabortista y perteneciente al movimiento católico mariano Schoenstatt, tendrá.

Pese a la presencia de jefes de Estado de América y de Europa, entre ellos el rey Felipe VI de España, hubo ausencias notables, como la de Marco Rubio, el secretario de Estado de EE.UU. que delegó en su subsecretario, Christopher Landau. Aunque justificada por la situación en Oriente Medio, la ausencia de Rubio supone también un aviso a Kast sobre la gran influencia que China ejerce en Chile, el mayor productor mundial de cobre.
Estados Unidos se ha fijado como prioritario consagrar Latinoamérica como una área de su influencia exclusiva y por eso la semana pasada organizó en Miami la primera reunión del Escudo de América. Kast fue invitado al lanzamiento de esta iniciativa reservada a los gobiernos de extema derecha y que pretende sustituir el papel de la Organización de Estados Americanos (OEA), pero de momento se muestra pragmático entre la petición de su mayor inversor extranjero, Estados Unidos, de reducir las relaciones con su principal socio comercial, que es China.
El cambio en Chile se ha visualizado desde el primer día, incluso en el estilo. José Antonio Kast, el presidente que más votos haya obtenido nunca un candidato en una elección presidencial (aunque favorecido porque las elecciones del 2025 fueron las primeras en que el voto era obligatorio), se presentó arropado por su esposa desde hace 34 años, Pía Adriasola, con la que ha tenido nueve hijos. Gabriel Boric, el jefe de Estado de los tatuajes, presente en las redes sociales y que cambió de pareja mientras ocupaba el cargo, se despidió con su estilo informal, sin lucir corbata, como ha hecho en todo su mandato, en el que llegó a suprimir la figura de la primera dama, que Kast ya ha anunciado que recuperará.
Contrastes
El cambio en Chile se ha visualizado desde el primer día, del estilo informal de Gabirel Boric al conservadurismo familiar de Kast
Kast es el noveno presidente de Chile desde la restauración de la democracia en 1990 y el primero en defender claramente el régimen del general golpista, que lideró una represión política con más de 3.000 muertos y más de un millar de desaparecidos de los que todavía se ignora qué suerte corrieron. El nuevo presidente de Chile no solo abona las teorías negacionistas de la represión pinochetista sino que a lo largo de su trayectoria ha tenido vínculos familiares y políticos con la dictadura.
Miguel, uno de los hermanos de José Antonio Kast, fue ministro de Pinochet y uno de los economista que edificó el entramado ultraliberal en Chile. El ahora presidente también empezó su carrera política en la conservadora Unión Democrática Independiente (UDI), el sostén político del pinochetismo, junto a su mentor Jaime Guzmán, asesinado en 1991 por un excombatiente, Galvarino Apablaza. Kast espera que su correligionario Javier Milei, presente esta mañana en la toma de posesión en Valparaíso, retire el asilo político a Apablaza para que pueda ser juzgado en Chile.
El nuevo líder ultraconservador de Chile tiene que empezar a despejar dudas. De momento ha insistido en mejorar el crecimiento económico tras recibir la banda presidencial. Durante la campaña dijo que crearía un “gobierno de emergencia nacional” para recuperar un país que se “cae a pedazos”. Pero las cifras no le dan la razón. Con Boric, el crecimiento fue modesto, un 1,9% de promedio, pero la economía mejoró, la inflación se redujo notablemente y el país logró un récord de exportaciones, sobre todo gracias a la demanda china y al aumento del precio internacional del cobre.
Sin una mayoría parlamentaria clara, Kast, que tiene la presión del otro líder de la ultraderecha chilena, Johannes Káiser, de línea más radical, ha asegurado que no entrará en la “batalla cultural” -en campaña se olvidó de las críticas al feminismo- y se centrará en sus promesas como la construcción de un muro en la frontera norte, la expulsión masiva de migrantes y un recorte de 6.000 millones de dólares en 18 meses.
Source:
www.lavanguardia.com





