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‘Kadebostany’: un sonido que se hace llamar República

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Antonio Descalzo |

Ayer, la Sala Shôko de Madrid se convirtió por unas horas en una embajada de la República de Kadebostany. Enmarcado en la exquisita programación del festival Villanos del Jazz, el grupo liderado por su carismático presidente—el productor y compositor suizo Guillaume de Kadebostany— recaló en la capital con su The Outsider Tour 2026. El pretexto era inmejorable: la presentación de su último álbum, The Outsider, un trabajo que profundiza en esa identidad fronteriza y soberana que define al proyecto.

El ambiente en la sala reflejaba la madurez y el alcance global de la banda: un público internacional, con una media de edad cercana a los 45 años, que se mostró entregado desde los primeros compases. No faltaron, sin embargo, los contrastes generacionales y de estilo: justo delante de mí, un trasnochado criptobro vivía su particular conflicto interno, debatiéndose entre la venta de alguna posición en cartera o dejarse llevar por el hipnótico ritmo del bombo y la caja.

Una propuesta de gran valor musical, con un sonido muy cuidado, ejecutado con brillantez y gusto

El espectáculo se desplegó como una narrativa en tres actos perfectamente diferenciados, donde la banda exhibió esa amplia gama de colores y texturas que los hace únicos. Kadebostany no es solo pop; es una amalgama donde la electrónica de vanguardia abraza el folk europeo y el pop de autor, todo ello impulsado por una sección de vientos (trompeta y trombón) que actúa como el verdadero motor melódico-narrativo del show, aportando una épica casi cinematográfica.

La Parte I, titulada What We Do in the Shadows, sirvió para asentar los cimientos del estado mental kadebostaniano. Sonaron éxitos de calado como “Wild in Secret”, “Save Me” o la onírica “Early Morning Dreams”, estableciendo esa conexión inmediata con un público que ya conocía de memoria los himnos de la República.

En la Parte II, The Hunt, el grupo dió paso a las composiciones de su nuevo disco. Pudimos disfrutar de la vulnerabilidad de “Fragile Eyes” y la atmósfera de “Walking Away”. Fue el momento de mayor equilibrio entre el pasado y el presente, recuperando joyas como “Elephant in the Room”—interpretado en el disco junto a Selin Çıngír brilló con una fuerza especial— y la inevitable “Mind if I Stay”, que elevó la temperatura emocional de la sala.

Para cerrar, la Parte III trajo consigo la apoteosis final. En ella sonó el rotundo éxito de “Castle in the show” y para el cierre otra muestra del último álbum como “Elf song”, acompañado del público con todos los miembros del grupo desfilando por la mitad de la pista.

Una propuesta de gran valor musical, con un sonido muy cuidado, ejecutado con brillantez y gusto.


Source:

www.nuevatribuna.es

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