Redacción — La actualidad pone nuevamente atención en este caso.
El referéndum sobre la reforma de la justicia impulsada por Giorgia Meloni se decide por décimas. Los primeros sondeos a pie de urna dibujan un escenario incierto: ligera ventaja del No para la mayoría de los institutos. Según la primera proyección difundida tras el cierre de las urnas, el No se sitúa en el 53%, consolidando la ligera ventaja que ya apuntaban los sondeos a pie de urna.
La primera sorpresa ha sido la participación, 58%, y muy superior de lo previsto para un tema tan técnico. Esto ha hecho saltar por los aires los modelos estadísticos, clave en las encuestas. Ningún instituto había anticipado colas ante las urnas, inéditas tanto en referendos anteriores como en elecciones municipales. Señal de que, pese a lo que Meloni esperaba al inicio, la votación ha acabado convirtiéndose en un plebiscito sobre el Gobierno.
La primera ministra había intuido que algo estaba cambiando y, en la última semana, hizo lo que esperaba evitar: una ofensiva mediática de última hora para movilizar a su electorado. Los sondeos, inicialmente favorables al Sí, se invirtieron en los últimos días, con la derecha en dificultades. Además de numerosas entrevistas en televisión y radio, Meloni incluso participó en un pódcast del rapero Fedez, ex marido de la influencer Chiara Ferragni, en busca de un electorado más joven.
Esta presencia constante de la líder de Hermanos de Italia ha terminado de politizar el referéndum, pese a que su mensaje era claro: “No votéis para echarme, sino sobre el contenido de la reforma”. A esto se sumó el estallido de la guerra en Irán, que desplazó la atención y reforzó la dimensión política del voto, con el foco en la relación entre Meloni y Trump, convertida en un factor incómodo.
La reforma es compleja, pero se articula en cuatro ejes: prevé la separación de las carreras de jueces y fiscales (como ocurre en España y otros países), la creación de dos órganos de gobierno —uno para jueces y otro para fiscales—, introduce el sorteo para los magistrados miembros del Consejo, con el objetivo de reducir el peso de las asociaciones y corrientes, y establece un tribunal específico para juzgar las faltas profesionales o éticas de los magistrados.
Para sus defensores, la reforma limita el peso de la política y de las corrientes internas. Para sus detractores, la separación de las carreras hace exactamente lo contrario.
Fuente:
www.lavanguardia.com



