InicioOpiniónImagen de una cumbre dividida: sonrisas y salidas en la Asamblea General

Imagen de una cumbre dividida: sonrisas y salidas en la Asamblea General

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Imagen de presagio abrió la clausura de la 81ª Asamblea General de la Naciones Unidas, celebrada hasta este lunes en Nueva York. Un momento de la sesión quedó como símbolo: la fotografía de la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez junto al expresidente Donald Trump, ambos sonrientes, que muchos analistas interpretaron como un gesto de proximidad diplomática entre Venezuela y Estados Unidos. Esa imagen contrastó con otras escenas de tensión que marcaron las jornadas.

Durante el turno de palabra del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, una parte significativa de delegaciones optó por abandonar la sala, transformando el plenario en un escenario con espacios visiblemente vacíos. El gesto de salir fue interpretado por observadores como una protesta silenciosa que refleja la polarización internacional en torno al conflicto en Gaza y las demandas de rendición de cuentas que han centrado debates en pasillos y reuniones bilaterales.

En el cierre, el presidente francés Emmanuel Macron sintetizó el dilema que atravesó las intervenciones: una elección entre lo que denominó el retorno a «la ley de la jungla» y la persistencia de una «sociedad internacional civilizada». Esa formulación puso el foco en la capacidad de la organización multilateral para mediar entre intereses nacionales contrapuestos y para mantener instrumentos colectivos frente a crisis de seguridad y derechos humanos.

La combinación de gestos públicos de acercamiento entre gobiernos y de boicots o salidas masivas en el hemiciclo plantea preguntas prácticas sobre la eficacia de la Asamblea General para generar consensos. Las escenas de Nueva York evidencian que las negociaciones diplomáticas se libran hoy en múltiples frentes: encuentros bilaterales, consultas regionales y votaciones multilaterales que pueden verse condicionadas por ausencias físicas o protestas.

La 81ª sesión dejó, por tanto, un diagnóstico claro: mientras algunos Estados buscan normalizar relaciones bilaterales, las fracturas sobre cuestiones graves como la situación en Gaza obstaculizan la construcción de respuestas colectivas en el seno de la Naciones Unidas, y sobre ese terreno deberá trabajar la comunidad diplomática en los próximos meses.

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