El MV Hondius, operado por Oceanwide Expeditions, zarpó de Ushuaia el 1 de abril. Entre el 6 y el 28 de ese mes comenzaron los síntomas en distintos pasajeros. Siete casos en total, dos confirmados por laboratorio, tres muertos. El virus identificado es el Orthohantavirus andesense, más conocido como virus Andes. Lo que lo distingue de cualquier otro hantavirus no es su virulencia, sino el camino que puede tomar para infectar.
La regla que el virus Andes rompió hace décadas
Hay más de 50 especies de hantavirus descritas. De ellas, entre 20 y 30 pueden infectar a humanos, siempre con el mismo vehículo: los roedores silvestres. El virus vive en los roedores, que lo eliminan con la orina, las heces y la saliva, y los humanos se infectan al inhalar esas partículas aerosolizadas. Zona rural, granero, campo. No hace falta tocar al animal: basta respirar en el espacio donde ha estado.
Cincuenta especies de hantavirus y solo una puede viajar entre personas. Lo que hace singular al virus Andes no es su mortalidad, sino la biología que lo separa de toda su familia.
El virus Andes es la excepción. La única especie con transmisión entre personas documentada en brotes reales. No por una mutación reciente ni por una agresividad especial, sino porque tiene alguna propiedad, todavía sin resolver a nivel molecular, que le permite cruzar entre humanos en condiciones de contacto estrecho. La excepción lleva décadas registrada. Solo ahora, con el brote del Atlántico, el mundo la está mirando.
Cómo funciona la transmisión
No es casualidad que todos los brotes documentados de contagio interhumano por ANDV involucren convivientes, parejas o personal sanitario sin protección adecuada. La transmisión ocurre sobre todo durante la fase prodrómica, esos primeros días de fiebre y malestar en que el virus replica con intensidad antes de que aparezcan los síntomas graves. El período de incubación oscila entre 9 y 40 días.
El mecanismo es por gotículas en contacto estrecho, no por aerosol libre. No flota en una habitación durante horas como el sarampión. No se propaga como el SARS-CoV-2 en espacios cerrados, ni como la gripe estacional en oficinas y trenes. Requiere proximidad sostenida: compartir espacio íntimo durante días, cuidar a un enfermo sin mascarilla, convivir con carga viral activa.

En 2021, el New England Journal of Medicine publicó el análisis definitivo del brote argentino de 2018-2019: confirmó cadenas de contagio interhumano mediante secuenciación completa del genoma viral. Todos los casos analizados compartían una identidad genética del 99,9%. La huella inequívoca de una transmisión en cadena, no de exposiciones independientes a roedores.
Epuyén, el pueblo que ya lo vivió
En diciembre de 2018, Epuyén, un pueblo de poco más de 2.000 habitantes en la provincia de Chubut, Argentina, comenzó a registrar casos de hantavirus uno tras otro. El brote acabó con 34 infectados y 11 muertos. Las autoridades sanitarias argentinas implantaron el aislamiento respiratorio selectivo: mascarillas de alta eficiencia, cuarentena de contactos, rastreo de convivientes.

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El brote se extinguió en pocas semanas sin propagarse más allá del entorno de contacto estrecho de los afectados. No hubo transmisión comunitaria sostenida. No hubo generaciones expansivas de contagio. El virus Andes puede pasar entre personas, pero necesita intimidad para hacerlo. No viaja entre desconocidos.
En Epuyén se confirmó lo que los epidemiólogos sospechaban: el virus Andes transmite entre personas, pero se frena ante cualquier medida básica de distanciamiento.
Por qué este brote no anuncia una pandemia
La OMS califica el riesgo global del brote actual del MV Hondius como bajo. No es un eufemismo: es el resultado de analizar la epidemiología de todos los brotes conocidos de ANDV. Ninguno ha superado cuatro o cinco generaciones de contagio antes de extinguirse. El virus no ha mostrado nunca la capacidad de propagarse de forma sostenida en comunidades amplias.
La diferencia con un virus pandémico es estructural, no de grado. Una pandemia necesita un patógeno que se transmita con facilidad entre personas sin contacto previo, con un período de incubación que permita viajar antes de mostrar síntomas, y que no se detenga con medidas básicas de aislamiento. El virus Andes no cumple ninguno de esos tres criterios de forma robusta.

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Lo que sí hace el virus Andes es matar cuando infecta. La mortalidad del síndrome pulmonar por hantavirus sin atención intensiva ronda el 35-40%. El riesgo real de este brote no es que escale a escala global: es que un evento pequeño, con esa tasa de mortalidad, ocurra en una zona sin acceso a UCI. Ser letal y ser pandémico son categorías distintas. El virus Andes es lo primero. No lo segundo.
Lo que la ciencia todavía no ha resuelto es por qué el virus Andes puede transmitirse entre personas y los demás hantavirus no. El mecanismo molecular que lo distingue de sus parientes no está identificado. Un metaanálisis publicado en 2022 en Emerging Infectious Diseases revisó toda la evidencia disponible y señaló limitaciones metodológicas en varios estudios previos: la confirmación de Epuyén mediante secuenciación genómica es el caso más sólido disponible, pero quedan abiertas las preguntas sobre el umbral de carga viral necesario para el contagio y qué rutas son determinantes.
La pregunta que queda sin responder no es cuándo el virus Andes causará una pandemia, sino por qué es el único de su familia que puede intentarlo.
La pregunta que los virólogos se hacen ahora no es si el virus Andes puede desencadenar una pandemia. Es si hay otros hantavirus, todavía sin suficiente vigilancia epidemiológica, con la misma capacidad latente que ANDV lleva décadas mostrando. El MV Hondius ha vuelto a iluminar la excepción. Lo que está en el foco de los laboratorios es lo que hay dentro de ella.
Referencias
WHO. (2026). Hantavirus cluster linked to cruise ship travel, Multi-country. Disease Outbreak News DON599. https://www.who.int/emergencies/disease-outbreak-news/item/2026-DON599
Martínez, V. P. et al. (2021). Super-Spreaders and Person-to-Person Transmission of Andes Virus in Argentina. New England Journal of Medicine. https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMoa2009040
Muylaert, A. et al. (2022). Evidence for Human-to-Human Transmission of Hantavirus: A Systematic Review. Emerging Infectious Diseases. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC9574657/
Lopardo, G. et al. (2020). Person-to-Person Transmission of Andes Virus in Hantavirus Pulmonary Syndrome, Argentina, 2014. Emerging Infectious Diseases. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC7101103/
ANLIS. Confirmación de transmisión persona a persona en el brote de Epuyén. https://www.argentina.gob.ar/noticias/anlis-confirma-la-transmision-persona-persona-en-el-brote-de-hantavirus-de-epuyen
Fuente:
muyinteresante.okdiario.com



