InicioMundo‘Hasta la montaña (Bergers)': la dura poesía de reinventarse en los Alpes

‘Hasta la montaña (Bergers)': la dura poesía de reinventarse en los Alpes

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Jaime Polo | @lovacaine

Sophie Deraspe, la directora canadiense, regresa con una obra más contemplativa y terrenal: Hasta la montaña (Bergers, 2025), una coproducción franco-canadiense que adapta libremente la experiencia autobiográfica de Mathyas Lefebvre en su novela D’où viens-tu, berger? Tras alzarse con el premio a Mejor Película Canadiense en el TIFF 2024, la cinta llega a salas con la promesa de un drama costumbrista que confronta el sueño romántico de la vida rural con su implacable realidad.

Mathyas (Félix-Antoine Duval, en una interpretación increíble) es un publicista agotado de Montreal que, impulsado por una crisis existencial, abandona la ciudad para convertirse en pastor de ovejas en los Alpes franceses. El ideal de reconexión con la naturaleza choca pronto con la crudeza del oficio: madrugones, aislamiento, los peligros del terreno y la imprevisibilidad del clima. Cuando aparece Élise (Solène Rigot), una funcionaria que también ha huido de su rutina urbana, la historia evoluciona hacia una relación sutil que nace del compañerismo y el esfuerzo, más que de un romance convencional. Juntos cuidan de sí mismos en un paisaje que se convierte en personaje principal.

Recomendable para quienes buscan cine contemplativo con sustancia, paisajes bonitos, y una reflexión honesta sobre qué significa realmente “vivir en coherencia”

La gran fortaleza de la película reside en su honestidad y en la maestría visual de Vincent Gonneville al fotografiar los Alpes. Las imágenes de amaneceres o tormentas transmiten belleza a la par que amenaza. No es un documental, pero lo roza con una paciencia que permite sentir el ritmo lento y cíclico. La banda sonora de Philippe Brault acompaña con discreción, subrayando la emoción sin imponerse del todo.

Deraspe evita caer en el escapismo vacío y la idealización del “retorno a la tierra”. Hay una crítica implícita al privilegio de quien puede permitirse “dejarlo todo” y el protagonista no es un héroe infalible: su intelectualismo a veces roza la arrogancia.

La relación con Élise se construye con naturalidad, un amor que surge del compartir fatiga, lo cual resulta refrescante frente a tantos clichés. Sin embargo, la cinta peca de cierta contención en su clímax: el final llega de forma abrupta y algo desinflada, dejando la sensación de que podría haber exprimido más la tensión emocional acumulada.

Hasta la montaña destaca por su sinceridad: no promete paraíso, sino un camino arduo que, aun así, puede valer la pena. Recomendable para quienes buscan cine contemplativo con sustancia, paisajes bonitos, y una reflexión honesta sobre qué significa realmente “vivir en coherencia”.


Source:

www.nuevatribuna.es

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