Hallan en Cartagena una técnica de pintura de hace 2.000 años con “oro rojo” que revela cómo los romanos lograban que durara más

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En una de las ciudades más fascinantes de la Hispania romana, un conjunto de pinturas murales ha vuelto a colocar a Cartagena en el centro del debate arqueológico. Un equipo multidisciplinar ha logrado reconstruir no solo los colores que decoraban una lujosa vivienda romana, sino también la lógica técnica que hay detrás de ellos. Y lo que han encontrado va mucho más allá de una simple decoración.

Tal y como ha revelado un reciente estudio publicado en npj Heritage Science, las paredes de la llamada Domus de Salvius, una residencia de finales del siglo I d.C., esconden una complejidad técnica que obliga a replantear la forma en la que entendemos la pintura romana en la península ibérica.

Pero para comprender la magnitud del hallazgo hay que empezar por el principio: por los materiales, por la técnica… y por el contexto de una ciudad que fue mucho más que un puerto romano.

Una casa romana que no era como las demás

Cartagena, la antigua Cartago Nova, fue uno de los enclaves más dinámicos del Mediterráneo occidental. Su riqueza minera, su puerto y su papel político la convirtieron en un espacio donde convivían influencias itálicas, locales y orientales.

En ese entorno se levanta la Domus de Salvius, una vivienda que, como indica el propio estudio, refleja un alto nivel económico y cultural. No se trata solo de una casa grande: es una casa pensada para impresionar. Sus espacios, como la sala 3 —probablemente un comedor formal—, conservan uno de los programas pictóricos más completos hallados en la ciudad.

Lo que hace excepcional este caso es que las pinturas no aparecieron fragmentadas o desplazadas, como suele ocurrir, sino en su posición original. Esto ha permitido a los investigadores analizar no solo los pigmentos, sino también su distribución, su función y su jerarquía dentro del espacio doméstico.

Y ahí empieza a surgir la primera pista de que algo no encajaba del todo con lo que sabíamos hasta ahora.

Reconstrucción hipotética del muro oriental
Reconstrucción hipotética del muro oriental. Fuente: npj Heritage Science (2026)

Más que pintura: ingeniería invisible en las paredes

A simple vista, los muros de la estancia parecen responder a esquemas conocidos: paneles rojos, motivos vegetales, imitaciones de mármol. Sin embargo, el análisis microscópico ha desvelado una realidad mucho más sofisticada.

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Los morteros sobre los que se aplicaban los colores no eran simples capas de cal. En realidad, estaban compuestos por hasta cuatro estratos diferentes, cada uno con una función específica. Esta estructura incluía desde capas preparatorias con fragmentos de roca y cerámica hasta una superficie final extremadamente fina sobre la que se aplicaban los pigmentos.

El uso de materiales locales, como calizas de la sierra de Cartagena, combinado con elementos como cuarzo o mármol triturado, revela una planificación técnica precisa. No se trataba de improvisación, sino de un conocimiento acumulado que probablemente circulaba entre talleres especializados.

En este punto, el estudio deja entrever algo más importante: los pintores romanos no eran meros artesanos decorativos, sino técnicos capaces de manipular materiales con objetivos concretos.

Y eso se confirma cuando se analizan los colores.

La combinación de capas revela una estrategia consciente para proteger el cinabrio, uno de los pigmentos más inestables.

El análisis químico de los pigmentos ha permitido identificar una paleta relativamente conocida en el mundo romano: blanco de cal, negro de carbón vegetal, amarillo de goethita, verdes de tierras minerales y el famoso azul egipcio, uno de los primeros pigmentos sintéticos de la historia.

Cada uno de estos colores tenía una lógica. El blanco no solo iluminaba, también servía como base. El negro marcaba contornos. El amarillo aportaba calidez y estabilidad. Incluso el azul, escaso y valioso, se utilizaba estratégicamente para destacar elementos concretos.

Hasta aquí, todo encaja con lo que sabemos de otros contextos romanos. Pero hay un color que rompe el patrón. Uno que introduce una variable económica, técnica y simbólica que cambia por completo la lectura del conjunto.

El “oro rojo” y el problema que nadie había resuelto

El rojo era, sin duda, el color protagonista en las decoraciones romanas. Pero no todos los rojos eran iguales.

El pigmento más preciado era el cinabrio, un mineral de mercurio extremadamente costoso y difícil de obtener. Su intensidad lo convertía en un símbolo de estatus, pero tenía un problema: era inestable. Con el tiempo, podía oscurecerse y perder su brillo, especialmente en condiciones de humedad o exposición a la luz.

Aquí es donde entra el hallazgo clave.

Tal y como han adelantado los investigadores, en la Domus de Salvius no se utilizó el cinabrio de forma convencional. En lugar de aplicarlo directamente sobre el muro, los pintores desarrollaron una técnica mucho más compleja.

Primero aplicaban una capa de pigmento amarillo —goethita—. Sobre esa base, colocaban una mezcla de cinabrio con óxidos de hierro, más baratos. Este sistema no solo permitía reducir costes, sino que actuaba como una especie de “escudo” que protegía al pigmento más caro.

El resultado era doble, dado que se mantenía la intensidad del rojo y se prolongaba su durabilidad.

Sección del fragmento de mortero F2 y sus cortes transversales
Sección del fragmento de mortero F2 y sus cortes transversales. Fuente: npj Heritage Science (2026)

Una técnica única que cambia la historia

Lo verdaderamente relevante no es solo la mezcla de pigmentos, algo ya documentado en otros contextos. Lo innovador es la secuencia de capas y su función técnica.

Este “recetario” pictórico, apenas documentado en el mundo romano —con paralelos muy escasos fuera de la península—, demuestra un nivel de experimentación que rara vez se había identificado en Hispania.

Tal y como sugiere el estudio, esto apunta a la existencia de talleres altamente especializados, capaces de desarrollar soluciones técnicas avanzadas. No eran simples ejecutores de modelos importados, sino agentes activos en la innovación artística del Imperio.

Además, este hallazgo obliga a replantear la cronología del uso del cinabrio en la región. Su presencia en una fase tan tardía indica que las élites locales seguían invirtiendo en materiales de prestigio más allá de lo que se pensaba.

La secuencia de aplicación detectada no tiene precedentes claros en Hispania.

El legado invisible de los artesanos romanos

Este descubrimiento no solo habla de lujo o de estética. Habla de conocimiento. De transmisión de técnicas. De una forma de entender el trabajo que combina economía, química y arte.

Las paredes de la Domus de Salvius no eran solo un decorado: eran el resultado de decisiones conscientes, de pruebas, de errores y de soluciones ingeniosas. Dos mil años después, ese conocimiento sigue emergiendo capa a capa, obligándonos a mirar el pasado con otros ojos.

Referencias

Daniel Cosano Hidalgo et al, Archaeometric characterisation of materials and techniques in Roman wall painting: the Domus of Salvius in Cartagena, Spain, npj Heritage Science (2026). DOI: 10.1038/s40494-025-02198-5


Fuente:

muyinteresante.okdiario.com

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